Trabajar es parte del ser humano.
Pero, si el hombre se rebela contra las leyes naturales,
provoca que la Creación se torne en un lugar hostil,
infértil.
El castigo de Adam (el primer hombre) no era «trabajar»,
sino superar sus propias limitaciones,
su (nuestra) torpeza,
que provoca que el trabajo sea improductivo,
doloroso, pesado, sudoroso.
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