Hay noájidas que siguen presos de una idea muy común entre los que han reencontrado su ser noájida,
que es sentirse y creerse como los hermanitos tontos del judaísmo,
niñitos a los que hay que llevar de un lado para otro.
Lo cierto es que este sentimiento no tiene basamento en la realidad,
sino en el hecho de que éste noájida aún no ha asumido la madurez y poderío de la identidad noájica.
El día que asume su identidad espiritual con decisión y compromiso,
se reconoce como socio de los judíos en la tarea de construir Shalom para perfeccionar el mundo.
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