El corazón conoce su amargura por eso se alegra de verdad

YR Por Rav Yehuda Ribco
14/02/2019 4 min de lectura
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Torá Viva y Sabiduría Aplicada a la Vida

El corazón conoce su amargura por eso se alegra de verdad

Por Rav Yehuda Ribco • 14/02/2019 • Material de estudio para la mesa de Shabat

«לֵ֗ב י֭וֹדֵעַ מׇרַּ֣ת נַפְשׁ֑וֹ וּ֝בְשִׂמְחָת֗וֹ לֹֽא־יִתְעָ֥רַב זָֽר:
El corazón conoce la amargura de su alma, y el extraño no se entremeterá en su alegría.»
(Mishlei/Proverbios 14:10)

En el idioma y pensamiento antiguo corazón no era el generador preferencial de los sentimientos, para eso estaba el hígado, sino que del pensamiento.
En ocasiones también se podía usar indistintamente el corazón para simbolizar estados emocionales, tal como hacemos nosotros. Aunque el corazón no siente ni piensa (aunque tal vez sí lo haga, porque recientemente se han descubierto neuronas cardíacas)*, aquí el sentido lo tomamos como simbólico y así hay que comprenderlo.

La cuestión que expone el párrafo hoy podría etiquetarse como de “inteligencia emocional”, concepto que por supuesto nadie se hubiera imaginado hace 3.000 años cuando el inspirado autor lo escribió.

Nos alienta el sabio rey Salomón a que rompamos los tabiques que confunden nuestra conciencia y que nos aventuremos a hacernos responsables por lo que hacemos, decimos, pensamos y sentimos.
No nos permitamos escudarnos con excusas.
No miremos a otra parte cuando tenemos una responsabilidad.
Admitamos nuestros puntos flacos.
Estemos presentes para controlar lo que está en nuestro dominio, así como para dejar fluir aquello que no tenemos cómo o porqué controlar.

Que el corazón sepa de su amargura, que no se oculte de ella, que la tome con inteligencia espiritual para que de esa manera sea una experiencia de construcción de SHALOM, interno y externo.
Porque si rechazamos reconocer nuestro pesar, o lo atribuimos a cuestiones falsas, o negamos la presencia del dolor que está presente… ¿acaso nos estamos haciendo algún favor y ayudándonos a crecer?

Entonces, es bueno entrenarse en ser un ser humano inteligente emocionalmente, para lo cual hay que estudiar y experimentar, caer y levantarse, sufrir y gozar, con humildad y entereza.

Cuando hacemos así, ocurre lo de la segunda parte del versículo.
No precisamos elementos extraños que nos den apariencia de alegría, sino que estaremos listos para disfrutar de la verdadera dicha.
Una que es plena, cierta, sana y de conexión espiritual.
Dejando de lado la falsa risotada, sin hacer de bobo aparentando siempre alegre, ni andar profiriendo alabanzas que son totalmente inventadas puesto que no tienen raíz en la realidad.
Nada de esa pantomima se entromete en el que sabe conocer su amargura para luego rescatar la verdadera dicha, la pura, la sagrada.

Es necesario sufrir en los momentos de amargura.
Es bueno no andar haciendo filosofía barata cuando uno está en la hondonada del sufrimiento. Ni buscar grandes revelaciones teológicas, porque según enseñan los Sabios (los de verdad, no los payasos de YouTube) cuando es el tiempo de lamentarse, es el tiempo de lamentarse. Pero luego, es bueno rescatar chispas de vida incluso entre los más oscuros escombros. No porque la pesadilla haya sido buena, o algún malabar retórico quiera convencernos de que hay un perverso dios que nos hace sufrir para que saquemos cosas buenas de ello. Sino porque con sabiduría y misericordia comprendemos que no debemos sumar quejas, rencor, culpas, y todo lo que es caos al dolor que ya hemos sufrido. ¿Se entiende?
Entonces, como conocimos la amargura y la respetamos, la vivimos y agotamos; estamos habilitados a disfrutar de los tesoros de dicha verdadera. Sin falsedad, sin creencias hediondas que nos mienten haciéndonos disculpar lo malo porque lo travestimos de finalidad buena.
¡No permitamos que el extraño se entrometa en nuestra felicidad!
No dejemos que la religión arruine la espiritualidad.

El corazón conoce su amargura por eso se alegra de verdad.
Pero si enmascara el dolor y lo niega, también la alegría será extraña, dominada por el EGO

En resumen, hora de ponernos en serio a crecer en inteligencia espiritual y emocional.
Está a tu alcance.


También el aparato digestivo, el intestino para ser más precisos, tiene neuronas: en el llamado sistema nervioso entérico.
Quizás para otro estudio más adelante.

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ACERCA DEL AUTOR

¿Quién es el Rav Yehuda Ribco?

Más de 4 décadas dedicadas a la enseñanza y difusión de la Torá viva, la ética judía, el pensamiento auténtico y la psicología espiritual aplicada a la vida cotidiana. Es autor de la monumental traducción moderna y completa del Tanaj al español latinoamericano (disponible en la inmensa biblioteca de Sefaria y en la app de Tanaj de SerJudio).

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