Entre castigar y enseñar a ser poderoso

YR Por Rav Yehuda Ribco
21/06/2019 4 min de lectura
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Torá Viva y Sabiduría Aplicada a la Vida

Entre castigar y enseñar a ser poderoso

Por Rav Yehuda Ribco • 21/06/2019 • Material de estudio para la mesa de Shabat

El castigo debería ser, en principio, desterrado cuando pensamos en educar a hijos o discípulos, y hasta quizás cuando se trata de otros casos.
Lo que sí debe existir es ser responsable por las acciones y omisiones, asumir las consecuencias de lo que uno hace o deja de hacer.
Que lo que uno sufre no sea un castigo impuesto por una cierta autoridad, sino lo que se deriva de la propia conducta.
Se ha estudiado y acordado por varios expertos que por lo general el castigo no aporta al mejoramiento de la persona, sino que apabulla, llena de resentimiento, no enseña a controlarse, ni aporta al SHALOM.
Se ve que es el autoritario el que necesita castigar, doblegar con fuerza, maltratar esperando sumisión… ¿será porque en verdad no tiene poder sobre aquel que está acogotando?
Ya que el realmente poderoso tiene dominio, sabe coordinar sin manipular, consigue acuerdos, es seguido por los que le reconocen su autoridad.
Ahí encontramos una de las diferencias entre la autoridad y el autoritario, entre el poderoso y el que tiene fuerza, entre el que educa y el que manipula.

Volviendo a lo del castigo, que quede bien en claro que la persona debe darse cuenta del alcance de sus acciones y de su pasividad.
No ocultar los efectos negativos, no escapar de las consecuencias, hacerse cargo para restaurar lo que se ha dañado y pagar como corresponde para volver al equilibrio perdido.
Ayudar al que ha hecho lo malo que aprenda a alejarse del mal y también a que haga el bien.
Es una tarea para nada sencilla, pero que logra resultados mucho más efectivos y provechosos que derrumbar a la persona con castigos.

A veces nos puede parecer que es imprescindible el castigo, la humillación, determinadas privaciones para doblegar al que realmente es perverso, que disfruta haciendo lo malo, que no entra en razón porque carece de las cualidades para ello. Porque parece obvio que al psicópata hay que castigarlo, ¿no?
Sin embargo, los estudios de expertos han dado una determinación contraria a la impresión, porque resulta que a los psicópatas les resbala el castigo, no cambiarán de conducta a causa de él. Puede que estando constreñidos, férreamente controlados, atrapados por alguien con más fuerza, entonces no tengan más remedio que “portarse bien”, pero seguramente que al ratito de estar sin esa presión externa desparramarán sus conductas nocivas. O se escuden en astutas manipulaciones, consiguiendo sus objetivos sin por ello haber aprendido nada positivo para ellos y los demás.
Por supuesto que cuando la persona no sea capaz de convivir sin poner en riesgo a otros o a sí mismo, entonces será necesario algún mecanismo efectivo de prevención, de coacción para moderar la conducta dañina. No se puede pecar de “bueno” permitiendo con ello adrede las injusticias.

Centrémonos ahora no en criminales y gente grande peligrosa, sino en jóvenes a los que debemos ayudar a crecer y encontrar una senda honorable.
Para ellos, además de hacerse cargo de corregir lo que han dañado, pagar efectivamente lo que corresponde por sus conductas tengan que además recibir un escarmiento disciplinario, para que puedan aprender lo que el castigo no les enseña.
Es por esto que suele ser más productivo que se les imponga actividades de ayuda al prójimo, además tareas en las cuales tengan que valorar a otros y destacar rasgos positivos de los otros; para lo cual se deberán dedicar a acciones solidarias, no remuneradas, pero si valoradas y agradecidas. Tendrán que publicitar elogios de aquellos con los que tratan, aunque no sean sinceros en un principio. Porque las tareas exigidas y controladas por una autoridad, o consejero con poder, les permitirán ir corrigiendo vínculos internos, aprendiendo de límites, haciéndose cargo de construir SHALOM en lugar de lo contrario.
Esta no es una fórmula mágica, pero tiene efectos mucho más poderosos y permanentes que el castigo que proviene de la fuerza y que no corrige ni ayuda a mejorar.

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ACERCA DEL AUTOR

¿Quién es el Rav Yehuda Ribco?

Más de 4 décadas dedicadas a la enseñanza y difusión de la Torá viva, la ética judía, el pensamiento auténtico y la psicología espiritual aplicada a la vida cotidiana. Es autor de la monumental traducción moderna y completa del Tanaj al español latinoamericano (disponible en la inmensa biblioteca de Sefaria y en la app de Tanaj de SerJudio).

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