A diario nos vamos a encontrar con situaciones que nos ponen en estado de impotencia.
Por si fuera poco, nuestra mente creará sentimientos de impotencia allí en donde materialmente quizás no la haya.
Así pues, no faltarán los limones a lo largo de nuestra jornada.
Nosotros tenemos el poder sobre un limitado espectro de posibilidades, una de las cuales es nuestra actitud hacia los desafíos de la existencia.
Podemos permitir que la amargura que sentimos o experimentamos sea el centro de nuestra vida y todo gire en torno a ello.
Por tanto, si tenemos limones, andaremos sufriendo y encontrando que la angustia es nuestra compañera.
O, si tenemos idénticos limones nos ingeniaremos para transformarlos en rica y saludable limonada.
En la elección que hagas dependerá en buena medida tu estado de ánimo y con él abrirte a nuevas oportunidades de crecimiento, o plegarte sobre tu miseria y sumergirte en la oscuridad.
Pero recuerda, NO va de mentiras ni de excusas.
El limón es limón, por naturaleza es ácido.
Está en lo que haces con él la inteligencia espiritual.
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