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Juan R. M.
País: Chile
(Deben incluir en todos sus mensajes para
nosotros su nombre completo, el nombre de la ciudad y país donde vive)
Shalom.
Gracias por participar.
Promedialmente la edad del inicio de la
madurez sexual comienza a los 12 años en mujeres y a los 13 en los varones.
Ser capaces de traer al mundo una nueva vida es un tesoro inapreciable, pero
es también una inmensa responsabilidad.
El/la joven no sólo debe aprender a gozar con conciencia de los bienes de
este mundo, sino también a restringirse con sabiduría.
Para este goce responsable y limitado, es menester poseer la capacidad
lógico-intelectual mínima y conjugarlo con el comportamiento acorde a la
moral.
Coincidentemente al comienzo de la pubertad, de acuerdo a la
Psicología, se entra a la etapa de la madurez mental, con una renovada
percepción del mundo y del ser. "El comportamiento social, familiar y
escolar del niño está cada vez más dirigido hacia la integración a los
valores sociales y cósmicos… en adelante vive ya en su mundo inteligible
en el que la coexistencia con el otro está bien diferenciada e
identificada…" (Henri Ey, "Tratado de Psiquiatría", I, pag.
22, CEUP).
En palabras de nuestros Sabios: el Ietzer HaTov -inclinación hacia lo
positivo- toma fuerza a los 12 en la niña, y a los 13 en el varón;
antes de estas edades es el Ietzer HaRá -inclinación hacia lo
negativo- lo que prevalece (Pesikta derab Kaana, anexos
parashá 3).
Esto significa que el/la joven comienza a
estar mentalmente y espiritualmente capacitado para hacerse cargo de sus
emociones y acciones, y de comprometerse con su entorno.
Pedir antes de la madurez mental que el niño sea responsable, es una
irresponsabilidad. Pero, reconocer que el joven ha crecido y es capaz de
ser activo en su propia edificación, es darle al joven el espacio que le
corresponde. Es permitir que el auto-control sea el conductor del joven, y
no solamente la guía externa, que de a poco debe irse atenuando.
Le pido que note algo más.
La capacidad de engendrar es la cúspide de la generosidad, pues nada hay tan
noble y desinteresado como traer hijos al mundo (y criarlos).
Por otro lado, el aferrarse al goce sexual es una de las cimas del egoísmo,
en la cual prevalece la satisfacción estrictamente personal a través de
otro.
En el campo intermedio, que es el de la vida cotidiana normal, se
suele jugar el juego de la vida como responsable ante sí mismo, el prójimo y
Dios.
Si este texto le ha sido de provecho, no
olvide que este sitio se mantiene gracias a SU colaboración
económica. No cierre su mano, y abra su corazón bondadoso.
Iebarejejá H’ – Dios te bendiga,
y que
sepamos construir Shalom
Yehuda Ribco
email: comentario@serjudio.com?subject=Rap1623
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©2002
Yehuda Ribco,
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