Mi consulta es: Las destrucciones de los
templos, los destierros sufridos por el pueblo de israel y sus causas fueron
profetizados por grandes profetas ¿la destruccion del segundo templo por que
profeta fue advertida?
Daniel C.
Argentina
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gracias por escribir.
En principio, fue advertida directamente en la
Torá, es decir por Dios a través del más grande de los profetas: Moshé /
Moisés. Preste atención a la sutileza:
"Convertiré vuestras ciudades en ruinas,
dejaré asolados vuestros santuarios (mikdasheijem) y no
aceptaré el grato olor de vuestro incienso."
(Vaikrá / Levítico 26:31 )
Lo que está traducido como "santuarios", en el
original dice mikdasheijem, voz que NO remite al Mishkán,
santuario portátil que los hebreos conocían en sus peregrinaciones por el
desierto, sino al Mikdash, a la Casa del Eterno que se establecería
muchos siglos más adelante en Jerusalén.
Y preste atención al plural empleado en la profecía mosaica, que habla de al
menos dos mikdashim, dos Templos.
Por tanto, el que cuenta con la clave, el conocimiento y la inteligencia,
reconoce con sagacidad que el Eterno estaba anunciando las futuras y
probables destrucciones de Sus Templos.
Ahora, preste atención a otra curiosidad en
los sacros textos, esta vez en Isaías, en un pasaje clásico de consolación
respecto a la destrucción del Templo y al retorno de los exiliados:
"’¡Consolad, consolad a Mi pueblo!’, dice
vuestro Elokim."
(Ieshaiá / Isaías 40:1 )
¿Qué de llamativo encuentra en esta expresión
profética?
Los sabios apuntan rápidamente la repetición del "consolad", pronunciado dos
veces.
Dos veces, en profética alusión al consuelo por cada uno de los dos templos
del Eterno destruidos.
Ahora, atienda al mensaje del Eterno al rey
Salomón, luego de haber éste inaugurado el primer Templo:
"Pero si obstinadamente vosotros y vuestros
hijos os apartáis de Mí y no guardáis Mis mandamientos y Mis estatutos que
he puesto delante de vosotros, y os vais y servís a dioses ajenos y los
adoráis, entonces eliminaré a Israel del suelo que les he dado. Y la casa
que he santificado a Mi nombre, la apartaré de Mi presencia. Entonces Israel
servirá de refrán y escarnio entre todos los pueblos."
(1 Melajim / I Reyes 9:6-7 )
Está es una profecía general, no exclusiva,
que apunta con claridad cual sería el resultado para la nación si abandonaba
el cumplimiento de los mandamientos que Dios dispuso para Israel en la Torá.
Si ve con atención, se anuncia el exilio, el sufrimiento y la destrucción
del Templo del Eterno que estuviera en funciones.
Esta es, sin dudas, una clara profecía general, pero sencillamente cruda en
su realidad.
Si desea saber de más profecías al respecto,
se deduce, pues está implícito ya que no implícito, de las profecías en:
Zejariá / Zacarías 8:19 ;
Ieshaiá / Isaías 2 ;2-3; 11:1-2; 40:1-5, 9-11; 56:7; 62:1-2; 66:10;
Irmiá / Jeremías 33:14-15 ;
Mija / Miqueas 4:1-3 ;
Malaji / Malaquías 3:3 ;
Todas ellas hablan de una época en la cual Israel y Yehudá unidos y
restaurados gozan de paz, armonía y bienestar, a la sombra del Templo.
En tanto la Era del segundo Templo no era ni por asomo similar a estas
profecías, era fácil reconocer que el Segundo Templo pasaría en algún
momento, para que pudiera construirse el tercer, y definitivo Templo.
Así mismo, y por mismo método inductivo, el Templo descrito por el profeta
Iejezkel / Ezequiel en los capítulos 40 al 48 anuncian la presencia de un
tercer Templo, necesariamente posterior al segundo.
Es lógico preguntar por qué no hubo profecía
directa, clara y ostensible, respecto a la destrucción del Segundo Templo.
Y la respuesta es bastante simple: porque no había profetas, ni los hubo por
casi 400 años antes de la destrucción del Segundo Templo.
Luego de la destrucción del primer Templo, la profecía y otras altas formas
de inspiración divina, fueron progresivamente desapareciendo. Desde hace
unos 2400 años, y hasta la fecha, no existieron profetas verdaderos.
La profecía regresará al mundo, a la nación judía, en la Era Mesiánica.
Ahora bien, tras la destrucción del primer
Templo, el Eterno no dejó desamparado de Su mensaje al mundo, y en especial
a Su pueblo de Israel, sino que traspasó el objetivo1 de la
profecía a los Sabios de Israel, quienes ya no contaron con el don de la
profecía, pero sí con una cualidad superior en su
plano
intelectual.
Fueron los veros Sabios de Israel quienes amonestaron y advirtieron a su
pueblo para que enmendaran sus caminos y evitaran el sufrimiento y
destrucción, pero tristemente sabemos el resultado.
Alguna persona lista, pero poco conocedora,
bien podría preguntar: ¿Y por qué los últimos profetas2 no
profetizaron acerca de lo que ocurriría con el Segundo Templo?
Una respuesta la aprendemos cuando reconocemos
con propiedad qué fue realmente la época del Segundo Templo.
El maestro Abarbanel nos hace notar que en verdad esa época no fue de
redención, sino de mitigamiento del exilio babilónico. Es decir, los
padecimientos enunciados al respecto de la destrucción del Primer Templo y
del exilio permanecían vigentes en la época del Segundo.
Por otra parte, el Segundo Tempo, como es sabido, carecía de la santidad y
altura en su conexión espiritual que reposaba en el Primero.
Todo esto hace a que no se señalara alguna profecía explícita, sino que
estuviera contenida en otras profecías y en alusiones que para ojos de los
entendidos son claras.
Otra respuesta, más simple y obvia: los
últimos profetas vivieron en la época tortuosa del semi-retorno de los
exilados de Babilonia a Yehudá, y debían alentar el duro esfuerzo de
reconstruir el Segundo Templo.
En sus bocas había admoniciones, pero muchísimas más palabras de consuelo y
aliento.
Ahora bien, ¿sería misericordioso, propio de la divinidad, anunciar la
futura destrucción del Templo a aquellos que con mil y un esfuerzos trataban
de erigirlo con dignidad?
Así pues, por compasión, ánimo de esperanza o desconocimiento del lejano
futuro los últimos profetas no profetizaron explícitamente la destrucción
del Segundo Templo.
Sin embargo, lea con atención las palabras del
profeta:
"Hageo dijo: -Si
alguna persona impura a causa de contacto con un cadáver toca alguna de
estas cosas, ¿llegará ésta a ser impura? Le respondieron: -Sí, será
impura.
Y Hageo respondió: -‘Lo mismo sucede delante de Mí con este pueblo y con
esta nación’, dice el Eterno, ‘de manera que toda la obra de sus manos y
todo lo que ofrecen aquí es impuro.
Ahora pues, reflexionad desde este día en adelante, antes de poner
piedra sobre piedra en el templo del Eterno"
(Jagai / Hageo 2:13-15 )
Que el que lee entienda…
Si le quedan dudas, hágalas saber.
"¡Bendito el que viene en el nombre del
Eterno!" (Tehilim / Salmos 118:26 )
Iebarejejá H’ – Dios te bendiga, y que sepamos construir Shalom
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Notas:
1- El único y
verdadero motivo de toda profecía verídica es llevar a las personas al más
cabal cumplimiento e los mandamientos, a apartarlos del mal (en especial de
la idolatría), y a acercar a las persona a su verdadera esencia que reposa
en el espíritu.
Este objetivo se alcanza a través de la profecía, pero también por
intermedio de las enseñanzas e instrucciones de los Sabios en Torá.
Es un error común suponer que el objetivo de la profecía es develar el
futuro y anunciar hechos del porvenir. Esto es un ocasional efecto o una
herramienta de la profecía, pero no la finalidad de la misma.
2- Jagai / Hageo,
Zejariá / Zacarías y Malaji / Malaquías, quienes vivieron al final de la Era
profética, en épocas del retorno de Babilonia y reconstrucción del Templo,
aproximadamente en el 350 AEC.
Yehuda Ribco
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