Ropa (vestido)

YR Por Rav Yehuda Ribco
15/05/2002 6 min de lectura
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Torá Viva y Sabiduría Aplicada a la Vida

Ropa (vestido)

Por Rav Yehuda Ribco • 15/05/2002 • Material de estudio para la mesa de Shabat

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nosotros su nombre completo, el nombre de la ciudad y país donde vive)

Shalom.
Este texto es una continuación de una respuesta recientemente publicada,
que
podrá leer haciendo clic aquí
.

Vimos el origen de la ropa, surgida a raíz de
la primera desobediencia humana contraria a los mandatos de Dios. Y
aprendimos cómo la ropa tuvo la finalidad de esconder a la persona de
reconocerse a sí misma, y de obstaculizar el diálogo sincero con el prójimo.
Por último, estudiamos también acerca de la re-orientación que el Eterno dio
al uso de la vestimenta, para que sirviera como puente entre las personas,
como medio para encontrar lo esencial del otro, y no lo que es superficial y
llamativo para la mirada.
De esta divina intervención surge el primer fundamento de la tzniut,
que es la modestia, el recato, la actitud de valor la interioridad del ser
en lugar de lo que es pasajero y circunstancial.

Ahora, daremos un paso más, para comprobar
cómo la valoración excesiva de la vestidura (del o amento,
de lo externo, de lo visual) suele estar en las confusiones que
perturban el entendimiento fraterno entre las personas, y el progreso de las
sociedades.
Tomaremos cuatro ejemplos de la Torá, que supongo son bien conocidos por la
mayoría de los lectores de Serjudio.com:

  1. Iaacov usurpando la identidad de su hermano
    Esav.

  2. Iaacov suponiendo la muerte violenta de su
    hijo Iosef.

  3. Iosef siendo acusado de vejámenes por la
    esposa de Potifar.

  4. Tamar engañando a su suegro Yehudá al vestir
    ropas de prostituta.

En la primer situación Iaacov se vistió con
las ropas de su hermano Esav, y así ataviado engañó a su ciego padre, por lo
cual recibió la bendición que parecía corresponder a otra persona.

En el segundo caso, los hermanos mayores de
Iosef lo envidiaban y repudiaban. Especialmente se habían ensañado con una
vestimenta principesca que el padre la había regalado exclusivamente a él,
su hijo preferido. Luego de despojarlo violentamente de su ropa, y de
venderlo como esclavo, empaparon de sangre de animal los andrajos de lo que
fuera la gala de un príncipe, y se la enviaron al padre. Éste al ver la
evidencia de una muerte terrible, tuvo la casi convicción de que su
preferido había sido devorado.

En la tercera narración la esposa del amo de
Iosef lo desea sexualmente. Intenta seducirlo, pero Iosef se eleva por sobre
su deseo, y es leal a su patrón, a Dios, a las enseñanzas de su padre, y a
sí mismo. Pero, la mujer desesperada por la pasión, arranca las ropas de
Iosef, dejándolo al desnudo. Como incluso así Iosef se negó a mantener
contacto sexual, la mujer comenzó a gritar que el hebreo la estaba violando.
Cuando vinieron a rescatarla mostró como prueba de la bajeza moral
del hebreo las ropas que ella tenía en sus manos. Y Iosef fue condenando a
un futuro tortuoso a causa del engaño.

En el cuarto relato, la nuera de Yehudá se
viste como prostituta, y así seduce a su suegro, acostándose con él y
concibiendo un hijo.

(Hasta aquí los brevísimos
resúmenes, bueno sería que se tomaran el tiempo para leer las narraciones en
el texto de la Torá, y así descubrir más detalles y ramificaciones).

Si le pidiera, amable lector, que encontrara
un elemento y un argumento en común en las cuatro historias, ¿que señalaría?
Evidentemente que el elemento común es la vestimenta.
Y el argumento en común es: la ropa utilizada para el engaño, para hacer
creer aquello que no es cierto. (En hebreo bagad es
tanto traicionar, engañar como vestirse).
Así es, apreciados lectores, nuestra cáscara removible, nuestro antifaz
cotidiano, en la Torá es señalado una y otra vez como herramienta para el
ocultamiento y el fingimiento.
Que el hábito no hace al monje, es lo que la Torá nos enseña
reiteradamente.
Que no es el aspecto externo lo que se debe valorar, sino interiorizarse de
los temas antes de evaluarlos.
Que la persona es algo más que lo que aparece ante la vista.
Y, por deducción, que la vista es tan engañosa como el corazón.
(Como regla general: la mirada es del rango de la
idolatría/falsedad/deslealtad, en tanto que el escuchar es elemento de la
fidelidad. Piense, por favor en la gloria de los imperios paganos, y
encontrará arquitectura, pintura, escultura, teatro, estatuas, templos
fastuosos. Piense en el tesoro del judaísmo, y hallará palabras, sonidos y
argumentos…)

Por lo cual, ¿cómo vestir y cómo actuar para
estar en procura de armonizar lo externo con lo interno?
¿Cómo hacer de las vestimentas un puente para comunicarse realmente con el
otro (y con sí mismo), y no que sean usadas como
empalizadas o espejos de trucos que perturban el contacto?
La respuesta, la brinda la Torá:

"Habla a los Hijos de Israel y diles que a
través de sus generaciones se hagan flecos en los bordes de sus vestiduras y
que pongan un cordón azul en cada fleco del borde.
Los flecos servirán para que al verlos os acordéis de todos los mandamientos
del Eterno, a fin de ponerlos por obra, y para que no os desviéis en pos de
vuestro corazón y de vuestros ojos, tras los cuales os prostituís.
Será para que os acordéis y cumpláis todos Mis mandamientos, a fin de que
seáis santos para vuestro Elokim.
"
(Bemidbar / Números 15:38-40 📖)

La respuesta es: vistiendo lo que la Torá
prescribe como correcto. Que en general son aquellas prendas que ocultan de
la mirada ajena lo que excita las pasiones sensuales, pues las pasiones
tienden a obnubilar la razón y enlentecer el apropiado actuar.
Desde la perspectiva tradicional del judaísmo, el hecho de vestir con recato
no es un asunto de modas, gustos personales, o mojigatería santurrona.
Sino que es despojarse de máscaras que alejan a la persona de sí misma, y
del verdadero abrazo del prójimo.

Aunque pueda resultar paradójico para personas
liberadas del occidental siglo XXI: cuanto menos se excita la mirada,
más se atrae.
Cuanto más se cubre aquello que debe estar cubierto, más se descubre aquello
que debe ser revelado.

Si mi modesto trabajo aquí presentado le ha sido de
bendición, no
olvide que este sitio y su autor se mantienen gracias a Dios, que en parte
canaliza Su bondad a través
de la colaboración económica de
los lectores.

No cierre su mano, y abra
su corazón bondadoso
para ser parte de la Obra del Eterno.

Que el Uno y Único Dios bendiga a quienes le
son fieles servidores,
y que
sepamos construir Shalom
, Iebarejejá H’.

 Yehuda Ribco
comentario@serjudio.com?subject=Rap1984


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ACERCA DEL AUTOR

¿Quién es el Rav Yehuda Ribco?

Más de 4 décadas dedicadas a la enseñanza y difusión de la Torá viva, la ética judía, el pensamiento auténtico y la psicología espiritual aplicada a la vida cotidiana. Es autor de la monumental traducción moderna y completa del Tanaj al español latinoamericano (disponible en la inmensa biblioteca de Sefaria y en la app de Tanaj de SerJudio).

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