Shalom.
Gracias por participar.
Ambas impurezas comparten el hecho de que
atañen
a la
expulsión del material base para la vida, es decir, se vinculan con el
predominio de la muerte y el el alejamiento de la santidad de la vida.
(La emisión seminal incluye también la que se produce al
momento de la cohabitación, es decir, la que es emitida por el varón y
recibida por la mujer, por lo cual probablemente servirá germen de
nueva vida (Vaikrá/Levítico 15:16-8 ; Devarim/Deuteronomio 23:11-2 ); por tanto no es siempre correcto lo que usted afirma en su
misiva de que estas impurezas tienen relación con "almas que no llegaron a
realizarse").
Pero, se diferencian básicamente en que,
naturalmente la emisión seminal es casi siempre originada en el deseo del
hombre; en tanto que la menstruación es un proceso fisiológico.
Y también en que la posibilidad de producir semen puede continuar
indefinidamente, mientras el varón siga vivo y en condiciones sanitarias; en
tanto que cada menstruación es la señal para la mujer de que SU tiempo de
fertilidad se está acabando, aunque su vida no termine y su salud sea
intachable.
Y también que el esperma se produce en el hombre a partir de la pubertad, no
nace con él, ni en él vive de modo persistente; en tanto que los óvulos nacen al momento de
nacer la mujer, y en ella permanecen hasta que son expulsados
(o como una nueva vida, o como parte del coágulo menstrual).
A partir de estas tres diferencias podemos
comprender alguno de los motivos por los cuales para purificarse de la
emisión seminal se debe esperar solamente hasta la noche, en tanto que por
la menstruación el tiempo de espera es de siete días.
El hombre que está en estado de impureza
ritual a causa de la polución de esperma, debe reflexionar acerca de lo que
lo llevó a esa situación, y al encontrar que es su falta de control
eficiente sobre
su deseo lujurioso, debería proceder a corregir su forma de
vida.
Estando impuro hasta la noche le da el tiempo para tal reflexión, y
oportunidad para trabajar para corregirse.
Un trabajo que indudablemente no es simple, y que lleva años de
entrenamiento y disciplina, de educación en valores y principios, entre los
que se incluye la santidad de la vida y de la sexualidad.
Educación que solamente se mama del estudio concienzudo de Torá y
cumplimiento cabal de sus preceptos a lo largo de toda la vida. Por lo cual,
aunque el hombre impurificado por su semen estuviera 40 días, o 40 años, en
ese estado hasta poder purificarse… ¡no le serviría de nada si no hace lo
que debe hacer siempre y a cada momento!
Así pues, el día de impureza, es decir de apartarse, es un aliciente para la
reflexión y el crecimiento espiritual… pero no la cura a lo que
motivó la emisión seminal.
Pero, la mujer que ha menstruado no debe
reflexionar acerca de su deseo concupiscente que la llevó a ese estado, pues
no fue el deseo sexual el causante de la menstruación.
Tampoco es motivado por el menstruo reflexionar acerca de cumplir
mandamientos para apartarse de pecados, pues, los mandamientos no
contradicen la naturaleza humana, por tanto, no hay mandamientos que
prohíban o limiten la menstruación en sí misma.
Así que, sus siete días de apartarse de relaciones conyugales a causa de la
menstruación, deberían servirle
para reflexionar seriamente en la urgencia de vivir la vida tal como el
Eterno ordena. Debería advertir que la vida es corta, el trabajo inmenso, y
que las fuerzas se agotan rápidamente.
Debería aceptar las limitaciones y por sobre ellas construir aquello que es
capaz de hacer, cuando aún hay tiempo y condiciones para hacerlo, a pesar de
las dificultades y los temores (ciertos o fantaseados).
Y el hombre que se ha impurificado con la mujer menstruante, tiene ahora
siete días para advertir lo mismo: que el ejercicio de actividades que no
coinciden con la divina Voluntad, son un desperdicio de tiempo, energías y
posibilidad de construir.
Parafraseando a Freud: "Nadie puede decir que ha vivido en realidad hasta
que no ha confrontado su propia muerte".
Y tras la reflexión, es momento de ponerse a vivir YA, sin esperar a que la
vida se desperdicie para recién entonces mirar hacia atrás y decir: "¿Dónde
se han ido mis días? ¿Por qué se ha hecho tan tarde y nada hay que pueda
considerar en mi haber eterno?".
Siguiendo al Rav Kuk, podemos decir que la
impureza ritual es sinónimo de falsedad, de pervertir el objetivo ideal que
Dios impone a cosas o funciones.
Según su orden de gravedad (de mayor a menor):
-
muerte = es la falsa extinción de la esencia
espiritual; -
menstruación = es la falsa utilización de los
recursos naturales, de la vida; -
esperma derramado = es el falso uso de las
energías para satisfacer los deseos superficiales.
Espero que toda esta información responda a su
consulta.
¡Pesaj kasher vesameaj!
Antes de despedirme, un recordatorio:
¿Ya ha colaborado con
nuestra tarea sagrada?
Que el Uno y Único Dios bendiga a quienes le
son fieles servidores,
y que
sepamos construir Shalom, Iebarejejá H’.
Yehuda Ribco
comentario@serjudio.com?subject=Rap2177
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