Un día especial, muy común

Estoy de casi vacaciones, así que tengo tiempo para dedicar a más y más buenas obras.
Así pues, el viernes muy temprano, aún antes del amanecer, me reuní para formar un minián (grupo de diez varones judíos) y rezar. Para lo cual me revestí en mi talit (manto con borlas) y me ate a mis tefilín (objetos sagrados para uso de los judíos).
Era principio de mes universal/hebreo, comenzó Tamuz, así que el rezo fue un poco más extenso e incluyó lectura de Torá.
En medio del rezo di unos dólares (no tenía pesos conmigo, a fin/comienzo de mes la cosa está difícil para el bolsillo de un humilde maestro) para caridad.
Cada tanto le daba una mano a un muchacho recién llegado a estas cuestiones del Sidur (libro de rezos), tefilá (plegaria) ordenada en comunidad, etc. No debe ser fácil para él estar de regreso en el hogar espiritual, así como tampoco lo era para mí concentrarme en mi propio sidur y al mismo tiempo no dejar de ayudar al muchacho.
Al terminar el rezo estudie algunas mishnaiot (parte de la Torá Oral), como manera de cumplir con el precepto de estudiar diariamente Torá. Yo no sabía cómo se plantearía el resto del día, así que aproveche ese momento. (Son vacaciones de mis hijos, y no es fácil… no es fácil, aunque es un placer).
Al final, conforté a una persona que estaba de duelo por el reciente fallecimiento de su mamá anciana.
Salí de la sinagoga y en el camino vi que a una joven se le caía algo del bolsillo. Cuando pasé por ahí me percaté que se le habían caído unos billetes, bastante dinero. Lo recogí y corrí detrás de la joven para devolverle lo perdido.
Ella ni siquiera agradeció, más bien miró con resquemor, o vaya uno a saber.
Llegué a casa. Bendije mi desayuno. Mi hijito de cinco años se despertó, entonces aprovechamos para rezar juntos, a manera de cantos, algunas breves plegarias. Le enseñé un poco más a leer en hebreo, le conté alguna historia de la Torá. Me disculpé con él porque tenía que irme. Regresé a la sinagoga a la que había rezado, llevaba ropa en desuso para dar a personas que van al lugar al mediodía a comer gratuitamente… sí, hay judíos muy pobres también…
En eso se me ocurrió una idea, que compartí con el presidente del Shil (sinagoga): ¿qué le parecía a él que una vez por semana yo diera gratuitamente un par de horas de consejería psicológica a quien lo necesitara, bajo patrocinio del Shil?
Al presidente le agradó la idea, pero quedó en que lo consultemos con el rabino a la vuelta de éste de un seminario fuera del país.
A continuación fui a la comunidad Yavne a ofrecer lo mismo.
Como el rabino comunitario estaba ocupado y me pidió que lo aguarde, me senté en el nuevo Beit Midrash a estudiar un poco de Torá.
Al rato le propuse al rabino Tzvi la idea, le encantó y quedamos de comenzarla ni bien organicemos. Es realmente un servicio indispensable y noble, ayudar con consuelo y consejería a los necesitados, y de manera absolutamente gratuita…
En eso, le pedí que me grabe un breve video con alguna enseñanza moral de la parashá, para publicar en internet, en mis sitios (video que está subido desde ese mismo viernes 4/7/08).
Antes de retirarme nos quedamos estudiando un momento unos conceptos, que debatimos constructivamente, sobre la relación que tenía el Rav Kook sobre diversos aspectos que tienen vital relevancia en la actualidad comunitaria nuestra.
Volví a casa, preparé jalá para Shabbat, hice algunas de más porque esa noche vendrían sobrinos a celebrar la cena de Shabbat en casa (ellos no celebran en la suya), y gracias a Dios tienen buen apetito. Pero además hice un par de jalot para llevar a una vieja amiga, que está solita y enferma de gripe en su casa. Las puse en el horno y mientras tanto contesté emails, respondí preguntas, creo que escribí
para FULVIDA.com y SERJUDIO.com, además de editar el video para su difusión en la Red.
Al terminar de hornear las preciosas jalot, fui a llevárselas. Charlé con ella, le fui a buscar unos medicamentos y gaseosa para Shabbat, además de dejarle mis exquisitas jalot para deleitarse en Shabbat.
Luego salí a correr, es imprescindible mantener un buen estado físico también. En el camino ayude a un veterano que se había tropezado con una baldosa floja de la rambla. El señor me dijo que estaba bien, creo que lo que más le dolía era el orgullo. Después de cerciorarme de su estado, le regalé unas palabras de aliento y seguí corriendo, como el tiempo que corría.
Pasé a buscar a mi hijo, que lo había dejado de visita en lo de mi suegra, a la que llevé flores para Shabbat (sí, es un deber respetarlas como a padre y madre… ufff). Su hijo está bastante enfermo, así que recé por él. Además con mi hijo conseguimos en la feria una flor para su mamá (mi esposa, la atareada doctora pediatra) y pasamos nuevamente por el Shil, ahora para comprar en su excelente confitería (aunque mis jalot son mejores) masitas para Shabbat y alguna golosina para mi nena, que seguía durmiendo.
En el camino había un hombre ciego tocando el bandoneón, así que di a mi hijo unas monedas para que le dejara en la lata. Es bueno enseñar a los hijos a ser solidarios y caritativos.
Nos encontramos con mi madre y su esposo, quienes volvían cargados de la feria. Le cargué a mi madre las bolsas hasta su casa, aunque nos apartamos un poco de nuestra ruta. Esto también es parte del honor a los padres. En eso me encarga mi madre una tarea para hacer, que vería como acomodarla en el medio de la tarde, antes de la entrada de Shabbat.
Llegamos a casa, después de haber realizado incontables mitzvot (preceptos), de lo que no me jacto, pues es mi obligación.
Esperé poder disfrutar un rato de mis merecidas vacaciones y de mis hijos.
Pero no… la señora que limpia en casa había roto involuntariamente un costoso ventanal en el dormitorio de mi hija.
La tranquilice, la disculpe, por supuesto que no le reclamé un centavo por su imprudencia…
Recién era el mediodía, había mucho más por delante…

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Covinos

Shalom Yehuda, quiero vivir así motivado, alegre, obedecer a Dios y servir a mis semejantes con esa prisa, con ese deseo que veo en tí, te agradezco por compartir este relato de todo lo que haces en tan poco tiempo, toda mi vida no se compara a eso Yehudá, quiero ser un judío obediente.

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