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Queridos Talmidim y Javerim, Shabbat Shalom, el tema de este comentario es: cómo
ver.
«Y vio Balak…» (Bemidbar 22:2 )
En esta parashá el «ver» es casi una constante, ahora, si nos interesa saber
qué es lo que Balak vio, fácilmente lo podemos leer en la continuación de este pasuk de
la Torá.
La pregunta, quizás, más acertada sería: ¿de qué forma Balak vio?
Primero, dejemos constancia que visión es, generalmente, sinónimo de decisión, de
elección, pues los actos siguen a los «ojos».
A la visión, al igual que con otras dimensiones en la vida de la persona, uno la puede
encauzar al menos de dos maneras: una que es la correcta y en general lleva a conducirse
por un camino adecuado; y otra que es errónea y promueve la aflicción.
En el caso de Balak su visión estaba sostenida por el miedo y manipulada por el odio,
por lo cual, todo lo que veía era una imagen aterrorizante de la realidad. Por lo tanto,
lo que en otras circunstancias él hubiera reconocido como un pequeño inconveniente, o un
mal pasajero, o hasta como una situación indiferente; en este momento era una terrible
amenaza a su existencia, casi podemos decir, el anuncio de su desgracia total.
Los hechos no fundamentaban esta apreciación de la realidad, pero, ¿acaso el corrupto
poder de la propia opinión no es más poderoso que el consejo del sabio de corazón?
Balak vio lo que estaba dispuesto y orientado a ver, y no lo que en efecto se
presentaba ante sus ojos…
A consecuencia de esta percepción distorsionada, o tendenciosa, de la realidad sus
acciones lo condujeron a lo que él más temía, su ruina.
Y, desgraciadamente, esto que le aconteció hace miles de años al rey de Moab, no deja
de suceder en nuestros días.
Muchas veces, valoramos a los otros, y lo que es peor, a nosotros mismos, desde el
prejuicio, desde la idea preconcebida, o desde el propio temor a reconocer lo que puede
aparecer como nocivo, pero que en definitiva es potencialmente mejor que la cura que se
quiere aplicar. El mentir o mentirse, y el huir de uno mismo, en lugar de ser mejor, es
indudablemente peor…
Un ejemplo más famoso es el desgraciado rey Shaul; otro más, los israelitas que no se
consideraron aptos para ingresar a la Tierra Prometida, y que por eso no entraron a ella.
Otro modelo, pero al contrario, fue el gigante, que se proclamaba como invencible,
Goliat, vencido por el débil David. También, el inepto Rejabam,. Hijo de Shlomó, que
con su presuntuosa actitud precipitó la partición del reino judío. Es que la persona
que tiene un concepto engañoso de si mismo, o de sus fuerzas, o de los presuntos peligros
que lo circundan, en muchas ocasiones intentan sobreponerse a su miedo por medio de la
humillación del otro, o de la «inflación» falsa de lo que realmente valen
ellas mismas. En pocas palabras, el vanidoso, el orgulloso, es una persona que tiene un
autoconcepto muy pobre, y que por eso lo disfraza, se disfraza de imponente personaje…
Ya lo enseña el sabio libro de Iyov (5:2): »
Es cierto que al necio la ira lo mata, y al codicioso
lo consume la envidia.» – es decir, el tonto se fastidia por su propia tontería,
y el que es tan torpe como para ser codicioso por demás, queda consumido por su mismo
miserable deseo. Traduciéndolo: se es tonto por lo que se anhela y luego, son las
acciones del tonto su propia desgracia.
En tanto el sabio Shlomó lo dice claramente (Mishlei 17:24 ): «En el rostro del
entendido aparece la sabiduría: Mas los ojos del necio vagan hasta el final de la
tierra.» – las acciones del que es sabio demuestran su sabiduría, aun en su
semblante, pues indudablemente aun en la penuria irradian tranquilidad; mientras que el
necio, el tonto, el que se equivoca en apreciar a los demás o a sí mismo, no tiene
descanso, pues sus ojos siempre están persiguiendo algo inalcanzable como lo es el
horizonte. Traduciéndolo: el sabio sabe reconocer sus reales impedimentos, y los defectos
existentes de los demás, y por eso puede aceptar los límites, acomodarse a lo que hay,
quizás procurando con entendimiento al superación. Pero, el que «ve» sin ver,
siempre estará detrás de algo nuevo, fingiendo que eso es lo que le hace falta para
sentirse satisfecho, pero, jamás lo estará.
Como una posible conclusión: ya que estamos «condenados» a ver, a decidir, siempre
– ¿de qué forma hacerlo?
Shabbat Shalom les
desea Yehuda Ribco
Preguntas:
- ¿Por qué ver y decidir pueden ser considerados como sinónimos?
- ¿Cómo Bileam, el personaje que aparece en esta parashá, puede ser ejemplo de
«ver» equivocadamente, o directamente, no ver lo que «debe» ser visto?
Si les quedan interrogantes, comentarios o sugerencias, háganlas
llegar que son siempre muy bienvenidas.
- (En las citas de textos o parshanim, los
comentarios entre paréntesis son
nuestros y no de las fuentes) - Copias de esta hoja y de anteriores publicaciones se pueden encontrar en:
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