Gozar de lo permitido es parte de vivir en equilibrio y santidad.
Abstenerse de lo prohibido,
es vivir con el resguardo necesario para no quebrar ese equilibrio ni mancillar la santidad de su existencia.
Levantar murallas protectoras que resguardan su accionar,
aunque limiten en algo su goce de lo permitido,
es parte de reconocer nuestra debilidad a la hora de discernir entre lo que es motivado por el servilismo al EGO de lo que es positivo.
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