Shalom,
Rújale!
Acabo
de enterarme de tu inminente viaje a Israel, y aprovecho para pedirte un inmenso favor. Sí, me
gustaría mucho que cuando te encuentres allá y camines por el Rejóv Dizengoff en
Tel-Aviv, te pares por un segundo en la esquina de Frishman, y mirando a sus
cuatro rincones bien dentro de los ojos les digas de mi parte que no, que juro
que no los olvidé, que cada vez que tengo
que cruzar una esquina en Suecia hago de cuenta que son ellos. Diles que
me esperen, aunque no sepa decir hasta cuando, pero que por favor me
esperen.
También,
Raquelita, cuando pases por la calle Frug y las paredes de mi antigua casa
empiecen a silbar llamándote, puedes acercarte a ellas sin temor y decirles que
siempre las recuerdo, y que aun estando tan lejos como estoy, cada vez que entro
en mi casa escandinava es como si lo hiciera allí. Que prometo hacer lo
posible y lo imposible para que podamos volver a
encontrarnos.
Otra
cosita, Raquel: si vas a pasear por el Kineret, por favor no te enojes con él si
empieza a salpicarte como si se hubiera vuelto loco. Para tranquilizarlo basta
con asegurarle de mi parte que aunque hayan pasado muchos años sin que pudiera
acariciarme con sus manos de agua, como otrora, cada vez que ncuentro un lago –
sea en Suecia o en Lausanne, en Como o Noruega – cierro los ojos y empiezo
a hablar con las aguas como si fueran sus embajadoras.
Y
también, Rújale, mótek: si la casualidad te lleva a caminar alguna noche
acompañada apenas por el reflejo de la luna, y de repente compruebas que algunas
lágrimas se escapan de sus iluminados ojos, por favor tranquilízala asegurándole
que jamás la traicioné, que siempre la recuerdo como si fuera ayer que
plateaba mi pálida soledad nocturna
en el kibutz Ha’on, y que, como le
prometiera una noche en la que estábamos los dos solos acariciándonos entre
los naranjos en flor, jamás la
cambiaré por otra, aunque sea una bellísima luna llena que seductoramente me
guiñe un ojo desde el cielo invitándome a bailar un
tango.
Algo
más, amiga querida. Cuando visites Jerusalén, no permitas que sus calles
empiecen a acusarme, ni que sus añejas paredes me condenen, ni mucho menos que
la Historia que se derrite sobre el asfalto de nuestra vida me apunte con su
dedo acusador. No, por favor, antes que eso ocurra convócalos a todos; si, a las
paredes y a las calles y al asfalto
y a los arrugados recuerdos – que seguramente estarán cansados de tanto esperarme – y sin
mediar palabra muéstrales mi corazón rezando junto al kótel, y mi sonrisa
acariciando el perfil de sus paredes, y mis dulces recuerdos anidados
nostálgicamente sobre los techos de sus templos.
Finalmente,
y si no es mucho pedir, me gustaría que antes de partir de regreso te
concentraras mucho, haciendo que tus brazos crezcan como rayos de luz, y
abarcando a toda Medinat Israel de punta a punta, la abraces en mi nombre con
mucho amor, y le digas que …y bueno…, que lo sé…, que no debía… pero que
la vida… y que aunque no estando, que quien sabe si algún
día…
Nessiá
továh,
Bruno
Kampel, Suecia
Iored = Persona que ha emigrado de Israel.
Rejov = Calle.
Motek = Adjetivo cariñoso: "dulce", "tierna".
Kibutz = Cooperativa de producción y espacio para desarrollar un modo de
vida comunal.
Kótel = Muro occidental, o de los lamentos.
Medinat Israel = Estado de Israel.
Nessiá tová = Buen viaje.
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