Tres paisanos discuten en un boliche. Ninguno sabe leer ni escribir.
El “santiagueño” Albarracin afirma que la palabra “trara” no puede escribirse. Crisanto Cabrera sostiene que si.“Todo lo que se habla puede ser escrito” afirma.
“Pago la copa para todos si escribe trara” retruca el santiagueño.
“Se la juego” contesta Cabrera, saca el cuchillo y con la punta dibuja unos garabatos inentendibles en el piso de tierra.
De atrás se asoma el viejo Alvarez y sentencia: “Clarito, trara”.
Este cuento de Luis Antuñano (argentino) me hace recordar la infinidad de emails y participaciones de seguidores del dios que a nadie salva, del falso dios, falso mesías, falso rabino, falso profeta, en fin… falso Jesús/Ieshu/Yeshua (o el nombre que le quieran inventar para zafar de dar la cara).
Los ignorantes de las cosas de Dios determinan qué es espiritual y qué no.
Declaran que los judíos no saben acerca de lo que es propiedad de los judíos.
Dictaminan que solamente ellos tienen la verdad, cuando su librito de fábulas que consideran sagrado está plagado de errores y mentiras.
En fin, ellos, los que nada saben de Dios sentencian a los demás por no querer aceptar a su pobrecito dios, colgadito, muertito, nadita.
Son como el viejo Álvarez, que declara como cierto lo que no entiende, pero quiere hacerse el campechano, el sabihondo, el capaz…
Es hora de que ayudemos a despertar a nuestros hermanos presos por la falsedad del madero.
Recemos por su liberación, visitémoslos, démosle ya uno mano a todas esas almas encarceladas.
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