
El viejo burro de un campesino cayó en un pozo.
El animal rebuznó por horas mientras el campesino pensaba qué hacer.
Como el burro ya estaba viejo y el pozo seco, se le ocurrió que si echaba tierra dentro solucionaría ambos problemas de una vez: taparía el pozo y sepultaría al burro.
Pidió ayuda a sus vecinos, quienes le ayudaron a echar tierra al interior del pozo. El burro, empezó a rebuznar con más fuerza, como pidiendo clemencia, rogando por su vida.
Pero después de un rato se hizo el silencio dentro del pozo seco.
La gente ya no lo oía, tampoco miraban para dentro a ver qué ocurría; imaginaron que ya había sucumbido bajo la tierra
Al poco tiempo, para sorpresa de todos, emergieron las orejas del asno.
Éste se las había ingeniado para sacudirse la tierra que le arrojaban encima, y se iba elevando, centímetro a centímetro, rumbo a su liberación.
¡La tierra usada para matarlo, era la que aprovechaba para salvarse!
Cuando llegó a la superficie, de un salto salió del pozo, y huyó a la libertad.
En algún momento de nuestras vidas podemos tener la sensación de haber caído en un pozo y, para peor, estar siendo abrumados por más y más problemas que nos asfixian y quitan la libertad.
El secreto para salir de la angustia, es utilizar nuestros recursos para cambiar el destino de lo que nos oprime, es decir, usar también la fuerza negativa en nuestro provecho.
Cada uno de nuestros problemas es como un escalón o un trampolín.
Es posible salir de los más profundos abismos si no nos damos por vencidos, ni nos frenamos por nuestros conflictos internos y preocupaciones así como tampoco por lo que opinen los demás.
Con determinación de ser libres, con confianza en nuestras fuerzas, con especial confianza en el Eterno, con la convicción de que los problemas no son el final sino un medio para el crecimiento personal.
Ser tercos, pero con conocimiento y claridad de pensamiento.
Ser flexibles, pero con cuidado de no traspasar los límites saludables.
Ser duros, pero no violentos.
Ser leales, pero no ciegos.
Estar bien parados en la realidad, pero no dejar de soñar un mundo mejor, que comienza por construir shalom en el interior.
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