Su peso equivale al 11% de la masa encefálica total. Se desarrolla en los dos primeros años de vida mas rápidamente que el propio cerebro. Asemeja en su estructura a una miniatura del cerebro, se divide en dos lóbulos (hemisferios cerebelosos), con la superficie plegada en láminas. Posee una sustancia gris en su corteza y por debajo la sustancia blanca, compuesta por fibras nerviosas aferentes y eferentes.Las neuronas de la corteza cerebelosa se distribuyen en tres diferentes estratos con funciones y estructura distintas: estrato molecular, que elabora informaciones, el intermedio que lleva fuera del cerebelo las informaciones relativas al movimiento corporal, y por último el estrato granuloso, que lo forman células granulosas y de Golgi que filtran las informaciones de llegada. Los rapidísimos impulsos que produce la corteza cerebral son ordenados y coordinados para conseguir un correcto desarrollo del movimiento. El cerebelo de ninguna manera es lento, pues elabora datos en menos de una décima de segundo. El impulso de llegada puede ser correcto o erróneo, y con un «si» o con un «no» da luz verde o roja al impulso. Algo tan sencillo y cotidiano como cojer una fruta de la mesa: la corteza premotora del hemisferio cerebral izquierdo elabora la idea del movimiento de levantar la mano y llevarla hacia donde se encuentra la fruta, la corteza motora primaria del mismo hemisferio recibe este impulso y lo transforma en una señal destinada a la estimulación muscular del brazo, antebrazo, muñeca y mano. De la corteza primaria la señal llega al tronco encefálico y algunas otras señales continúan hacia el brazo, y otras se trasmiten al hemisferio derecho del cerebelo, que solo tarda alrededor de 1/15 de segundo en recibir las señales. Comienza a moverse el brazo, y el cerebelo está cotejando la información motora con su «base de datos» de acuerdo con lo que ya tiene memorizado, puede modificar o no el mensaje en función de lo que pueda ocurrir, (decidir no cojer la fruta o cualquier interrupción del movimiento), para si lo desea proseguir luego. El brazo continúa ese movimiento para atrapar la fruta, el cerebelo está recibiendo del tronco encefálico las informaciones que provienen de las extremidades, de los receptores del equilibrio y de la posición espacial del cuerpo, que describen la velocidad del movimiento. Las informaciones siguen siendo cotejadas y modificadas de acuerdo a la necesidad. El brazo se levanta sin impulsos repentinos o bruscos, el antebrazo se desplaza, la mano se tiende y luego los dedos se cierran alrededor de la manzana y por fin a disfrutar de los beneficios vitaminicos de la tan ansiada fruta. Mientras ocurre este «sencillo» proceso de coordinación, el cerebelo que desarrolla la perfecta disposición y el equilibrio del cuerpo, recibe permanente información de la médula espinal, de la musculatura voluntaria e involuntaria de los órganos del equilibrio y la terminaciones perceptivas de la piel. Resulta tan compleja esta acción tan simple de cojer una fruta, información que va y viene, que sobre la marcha se puede modificar o interrumpir. ¿ Cuánto tiempo nos lleva esta acción ? Si tenemos la fruta al alcance de nuestra mano ¿ un par de segundos ?. Maravilloso, y no tengo que hacer nada, solo desearlo y estos órganos hacen todo, como sin pensarlo casi. Ahora me surge una interrogante, cuando muchos pregonan por ahí la no existencia de Dios, cuando dicen que hemos surgido de una especie de caldo de cultivo cósmico que por un proceso que comienza con una «casualidad» y avanza en el tiempo en una serie de evoluciones o mutaciones hasta llegar a una situación que para saborear una fruta se dan una serie de secuencias tan complejas y perfectamente coordinadas entre sí, ¿ sera que en su creencia andan un pelin errados ?.
El cerebelo
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