Nuestros Sabios describieron en el Talmud (en el Tratado de Sucá, 52b) el itinerario y la estrategia del EGO o “ietzer hará”, empleando la parábola de la oveja del pobre del Profeta Natán (descrita en Shmuel II:12) explicando: “Al comienzo se le llama al EGO – “paseante”, después “invitado” y finalmente “dueño”. Al comienzo, es similar a un paseante que se encuentra en el camino. Las miradas se entrecruzan y ambos enemigos se contemplan y escudriñan. Entonces, hay que dirigir de inmediato la mirada a otra dirección. Porque si la mirada se fija, uno puede siempre llegar a preguntarse: “¿Por qué no agasajarle como “invitado”? En realidad, no me comprometo a nada. Sólo lo escucharé y es importante dialogar. A fin de cuentas, me encontraré en mi propio hogar y allí soy yo quien decide. El “ietzer” parece ser bastante simpático. Sólo escucharé lo que tiene para decir”. De este modo, el “EGO” se transforma en invitado. A partir de ese momento, todo está perdido. Rápidamente, el EGO se transforma en el dueño de la situación y es quien controla todos los asuntos de la casa. A partir de entonces, es él quien invita y hace entrar a quien le parece.
Enseñanza para la vida noájica: Un noajida consciente y activo no niega la existencia del EGO, pero tampoco la subestima.
Nuestros Sabios describieron en el Talmud (en el Tratado de Sucá, 52b) el itinerario y la estrategia del EGO o “ietzer hará”, empleando la parábola de la oveja del pobre del Profeta Natán (descrita en Shmuel II:12) explicando: “Al comienzo se le llama al EGO – “paseante”, después “invitado” y finalmente “dueño”. Al comienzo, es similar a un paseante que se encuentra en el camino. Las miradas se entrecruzan y ambos enemigos se contemplan y escudriñan. Entonces, hay que dirigir de inmediato la mirada a otra dirección. Porque si la mirada se fija, uno puede siempre llegar a preguntarse: “¿Por qué no agasajarle como “invitado”? En realidad, no me comprometo a nada. Sólo lo escucharé y es importante dialogar. A fin de cuentas, me encontraré en mi propio hogar y allí soy yo quien decide. El “ietzer” parece ser bastante simpático. Sólo escucharé lo que tiene para decir”. De este modo, el “EGO” se transforma en invitado. A partir de ese momento, todo está perdido. Rápidamente, el EGO se transforma en el dueño de la situación y es quien controla todos los asuntos de la casa. A partir de entonces, es él quien invita y hace entrar a quien le parece.
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