«Al cabo de un tiempo Caín hizo del fruto de la tierra una ofrenda para Dios. Y también Abel ofreció de las primeras y mejores crías de su rebaño. Dios prestó atención a Abel y a su ofrenda. Pero a Caín y a su ofrenda no prestó atención.» – Gen. 4. –
La primera impresíon que nos deja el párrafo citado es el porque uno de los muchachos fue más acogido con atención que el otro. ¿Algo pasó verdad?, pero, ¿que? ¿que fue lo que sucedió?.
Los Sabios verdaderos de la Torá dicen que Caín dejo lo mejor para sí y dio lo que restaba o no servía en ofrenda a Dios, en cuanto a Abel, el versiculo mismo deja constancia y declara: «primeras y mejores crías…»
¿Que opina usted mi querido lector?.
Es sabido que todo lo que la Torá registra es para dejarnos una enseñanza, pues la Torá no es un libro de historia, de cuentos o de hadas.
¿En que radica la grandeza de Abel?
¿En haber dado lo mejor de su rebaño?; ¿En haber puesto su corazón en la ofrenda?; ¿En no envidiar la ofrenda de su hermano?; ¿En que su ofrenda fue mejor? No.
La grandeza de Abel fue el motivo de su ofrenda: Adherirse correctamente al Eterno. En cuanto a caín, no fue su ofrenda lo que provocó la desatención del Padre, sino su egoismo, su dar para recibir.
Nuestras acciones, como fieles servidores de Dios, deben estar canalizadas al adherimiento con el Padre. El objetivo de nuesto dar, de acciones bondadosas o generosas,de nuestra plegaria, de nuestro cumplir con los preceptos, deben ser objetivas a adherirse correctamente con Dios, al crecimiento de nuestro amor y deseo de servir al Padre como El quiere y nos corresponde, al desarrollo de nuestra identidad espiritual.
Que el objetivo de tus acciones, mi querido lector, sean andar en lo correcto delante de Dios.
«Si aún no eres parte de la comunidad de Fieles a Dios, eres la pieza del rompecabezas que falta»


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