Desde que el señor Leonardo Da Vinci dibujara al Vitruvio, la belleza se ha considerado como la simetría en las proporciones. Vale rescatar que el ojo humano ama la simetría desde tiempos remotos; los pueblos mayas colocaban jarras en frente de sus hijos para que éstos desarrollaran estrabismo de manera que parecieran “bellos”.
Pero lejos de disertar sobre la belleza externa, la estética y las fisonomías agraciadas, cabe destacar que la apariencia es simplemente la punta de un profundo témpano; mientras que el lado sumergido contiene a la personalidad, a lo que hay en el interior (etéreo) de la persona.
Un universo es la personalidad humana, hecho para ser explorado y desarrollado, hecho para ser amado.
Las relaciones interpersonales nos colocan en el más privilegiado lugar; en esa butaca desde la cual podemos distinguir la película entera. Si somos buenos observadores, si poseemos el suficiente criterio entonces no sólo veremos las escenas más románticas ó aterradoras en su simple contexto para luego repetirla a quienes encontremos en el camino y le recomendemos la peli; veremos cuál es el mensaje, tanto el principal como los desprendidos de de éste. Comparo a la persona con una película, porque nos es imposible ocultar ante todos lo que somos; a través de las escenas de nuestra vida (las acciones) nuestra personalidad queda al descubierto. Puede ser que intentemos crear una gran trama, pero los mensajes implícitos en cada escena no podemos esconderlos, están ahí para ser vistos por quienes poseen la cualidad de leer entre líneas.
Es por eso que el interior humano es bello, porque nos induce al arte de desarrollarnos nosotros también; en ese intento por conocer al otro, podemos aprender a conocernos, a compararnos y a diferenciarnos del otro. En definitiva a amar.
El amor no intenta separar; ya que la fuerza de éste es la separación misma (natural), intenta unir más bien, y sólo puedes unirte al todo, al semejante, a tu pareja, a D’s cuando le conoces, cuando estrechas vínculos, cuando sigue habiendo una barrera pero tú conoces el camino que la atraviesa, y no has conseguido aún la puerta que rompa la barrera, pero estás cada vez más cerca, estas trabajando en pro de encontrarla.
La belleza, sólo surge cuando has empezado a practicar el arte de conocerte y conocer.
¿Deseas dejar un comentario o formular una pregunta?
Inicia sesión con tu cuenta de SerJudio.com o regístrate gratis en 1 paso para participar en la comunidad y compartir tus reflexiones.