Existen grandes probabilidades que el próximo 31 de diciembre, alguien nos diga: ¡Feliz año nuevo!
Si bien es algo que no podemos evitar escuchar (a menos que nos encerremos en casa desde el 30 de ese mes hasta el 1 de febrero, lo cual no tiene mucho sentido), lo que sí está a nuestro alcance es la capacidad de no responder a ese deseo.
Quizás exista alguien que le parezca exagerado, pero no lo es. Como dijo el maestro: «un pelo hace sombra». Todo tiene sus consecuencias.
¿Qué habria de malo en responderle a ese familiar, a ese amigo del alma, al compadre de toda la vida, al vecino con quien creciste, su «feliz año nuevo»?
Mucho.
Decidir responder «feliz año nuevo» implica la aceptación de un calendario que toma como punto de partida el nacimiento de un ser que representa la máxima expresión de la idolatria.
Sin olvidar que responder «feliz año nuevo», es en cierto sentido, un rechazo al año nuevo verdadero, el año nuevo de la humanidad que se celebró hace poco.
Insisto en que algunos podrán pensar que es exagerado. Pero recordemos que una cosa lleva a la otra.
Lo mismo aplica cuando alguien nos diga: «feliz navidad» (¿feliz nacimiento de Jesús?)
Es el equivalente de responderle «amén» a cualquier persona cuando nos dice: «dios te bendiga» (¿cual?, ¿Dios o dios?)
Recordemos: «un solo pelo hace sombra».
Prof. Ortiz
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