La semana pasada hablamos de la importancia de cuidar el lenguaje, para no ofender, no agredir, no ser chismoso, no provocar con la palabra la ruina propia y ajena.
Esta semana aprendemos muchas lecciones imprecindibles para la vida del noájida, pero quisiera mencionar la que corresponde a la de hablar en el momento adecuado.
Así como es necesario en ocasiones guardar silencio, no responder a las tonterías, desviar la conversación, etc.; en otras oportunidades es necesario decir las palabras que son las exactas y necesarias para ese momento.
Noaj debió actuar activamente previniendo a sus contemporáneos del desastre que se avecinaba, de las conductas nocivas que ellos tenían que estaban llevando a la destrucción, debía predicar la verdad del Eterno, buscar la paz, la verdad, la justicia, la bondad.
Pero Noaj, guardó silencio.
Noaj pudo rezar, pedir clemencia al Eterno, negociar una salida menos catastrófica, buscar el consejo para crecer y ayudar a crecer con verdad, con paz, con justicia y bondad. Pero Noaj solamente se dedicó a construir el arca para sí mismo y los de su familia, y para esos animalitos que Dios le ordenó que cobijara.
Noaj se despreocupó del prójimo, por más que se sentía muy piadoso, y efectivamente lo era en comparación con sus congéneres.
Noaj fracasó por no saber hablar lo correcto en el momento justo.
Y cuando ya fue muy tarde, ahí se acordó de hablar, de llorar, de pedir… cuando era tarde.
¿Quieres pasar un feliz séptimo y que su luz se derrame para toda la semana?
Entonces aprende a hablar y a callar cuando es lo adecuado.
¡Que tengas un feliz séptimo!
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