Hay un mal terrible que aqueja a la humanidad desde sus inicios: la ingratitud.
Cuando no reconocemos al que nos ofrece algo, estamos minando la base de una sociedad justa y bondadosa.
Piensa en el costo de dar las gracias, tan solamente unas pocas letras que vuelan de tus labios para posarse en la vida de tu prójimo. Unas pequeñas letras que hacen una gran diferencia. A ti realmente no te cuesta nada agradecer, pero provocas un cambio positivo en todo el cosmos.
Si sientes vergüenza a la hora de dar las gracias, piensa en lo que te estás perdiendo, en lo que le estás causando al otro por no devolver una parte de lo que bondadosamente te dio.
Si crees que no eres sincero agradeciendo, que no te sale del corazón, igualmente da las gracias si es lo que corresponde. Puesto que como toda virtud, solamente se consigue a través del entrenamiento constante. La maestría se alcanza con la dedicación y la repetición mientras no se es maestro, sino discípulo. Sé un discípulo de la senda de los justos y bondadosos, que reconocen los bienes en todo momento.
Y no olvides de agradecer al dador de todo, al Padre, por cada ocasión que se te presente, por cada alimento, por cada aprendizaje, por todos los bienes y bendiciones que Él pone en tu vida.
Agradecer, ¡qué bálsamo para tantos dolores!
Ser ingrato, ¡qué veneno!
Te cuento lo triste que me siento a veces, cuando dedico horas y horas a los sitios web fulvida.com y serjudio.com, y no recibo ni siquiera una letrita de agradecimiento.
Si bien nuestra tarea es por amor a la causa del Eterno, para la edificación de una sociedad mejor y más justa, lo cierto es que también somos personas, y nos es grato recibir un cariño cada tanto.
Una sincera carta que diga gracias. Alguien que nos demuestre que valora nuestro tremendo esfuerzo. Un apoyo material, para solventar los gastos y las horas de trabajo. En fin, una señal de que nuestro trabajo está dando frutos, de que más y más personas están comenzando a caminar por la senda del bien, iluminados por la Luz de la Vida.
Pero, aunque el silencio o la ingratitud sea la respuesta, seguimos nosotros fieles detrás del Eterno, Actuando desinteresadamente, ofreciendo nuestra mano, dando nuestro servicio, siendo generosos sin esperar nada a cambio.
Y, andamos por la vida procurando enseñar a agradecer, que es el principio de las otras virtudes.
Ten presente esta enseñanza, y gracias por haber prestado oídos hasta aquí.
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