Por Carmen H.
Hace un tiempo atrás mi esposo y yo tuvimos la oportunidad de converzar con un matrimonio amigo. Esta pareja viene desde hace ya algún tiempo bucando hacer la conversión al Judaísmo. Una de sus preocupaciones era cómo enseñarles a sus familiares a vivir conforme a las Siete Leyes de los Hijos de Noaj. Concretamente, la pregunta de nuestra amiga fue: «¿cómo les hablo sobre las Siete Leyes a mis padres y hermanos?«.Antes de presentarle nuestra perspectiva a esta pregunta, nosotros le preguntamos «¿qué eres tú en este momento?» y no supo darnos una respuesta. Preguntamos entonces, «¿eres judía?» y la respuesta fue «no«. Ella sabe que su madre no es judía ni ha empezado siquiera el proceso halájico de conversión (al Judaísmo).
Preguntamos entonces, «¿eres gentil?» y su respuesta fue «no soy judía«. Replanteamos: «si no eres judía entonces eres gentil…«. Estas palabras fueron como un golpe para ella aún cuando según el diccionario de la Real Academia Española (en su vigésimo segunda edición) la acepción que corresponde es:
Gentil (Del lat. gentilis). Perteneciente o relativo a las gentes o naciones.
¿Por qué su reticencia a reconocerse como gentil? Quizá en su inconciente está activa la enseñanza de la Iglesia donde se enseña que «no está bien tomar el pan de los hijos y echarlo a los perrillos» (Marcos 7:27), refiriéndose como perrillos a los gentiles…
Yo puedo decir con mucho orgullo que soy gentil. Gentil Justa. Porque vivo de acuerdo a las Siete Leyes que me corresponden.
Ser gentil no nos hace menos que ninguna otra persona o pueblo, incluido el pueblo judío, como plantea, en varias de sus textos, el Cristianismo.
El pueblo judío es un pueblo diferente, con obligaciones diferentes a las de las naciones de la tierra. A Israel el Creador le dió un camino por seguir, los 613 mandamientos de la Torá, en tanto que a las naciones se nos ratificó en Sinaí el camino de las Siete Leyes Universales. Pero al final los dos caminos llevan al mismo puerto, el Mundo por Venir.
De hecho los sabios de Israel abiertamente reconocen que un gentil que fielmente observa las Siete Leyes puede alcanzar un nivel espiritual superior al del Cohen Gadol, Sumo Sacerdote, quien es el único que puede ingresar al lugar más sagrado del Templo (cuando está en pié).
A cada persona y a cada nación Dios le ha dado una identidad y un talento especial. Nuestro deber es explotarlo al máximo posible conforme a nuestras capacidades y en el marco de los mandamientos que nos corresponde.
Entonces , ¿por qué sentirse menos? ¿Cómo se puede hablar de las Siete Leyes a otras personas si seguimos pensando que somos los relegados de Dios?
Empecemos limpiendo nuestras mentes de las mentiras que nos enseñaron. Sintámonos orgullosos del papel que tenemos que cumplir en este mundo para después SÍ poder enseñar a otros las Siete Leyes.
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