A sugerencia de nuestro amigo Yehuda publico el siguiente texto que, en su versión original, era un comentario sugerido a partir de una intervención de nuestro contertulio Luis Diego, bueno aquí lo dejo a vuestra amable consideración.
“Pues pensando en lo que dices, creo que no andas desencaminado, me refiero a la necesidad de «encontrar el culto correcto» para buscar la aprobación de Dios, aquí lo que sucede es que se alteran los factores de manera que -en este caso- sí se altera el producto, me explico, se busca el ritual que «acerque» a Dios, a eso se añade que el «poder» se vuelca en el ritual -la sacralización del «abandono en brazos de la fe» no deja de ser un ritual, perfilado por Lutero y, aún más enfatizado, por los fundamentalismos cristianos estadounidenses- que de medio -ese es el papel teórico de un rito: un puente de comunicación- se convierte en fin, digamos que de algo instrumental pasa a ser algo finalista. De ahí esa preocupación -muy cristiana, culturalmente hablando, aún más presente según el tipo de cristianismo dominante en el entorno- por «la forma de culto correcta», porque si uno se equivoca en esa «elección» -«airesis» que es el término griego de dónde deriva «herejía», significa «elección»- dadas las características de la deidad del cristianismo pues… uno se condena -recordemos aquella respuesta, que comentamos con Yehuda hace unos días, de una madre a su hijo: «irás al infierno» ¿por qué? pues… por haberse equivocado en la «elección» de la manera de buscar la aprobación de Dios, había escogido (según criterio de la madre) incorrectamente-.
Diría que esa preocupación -que tiene su origen en el primer cristianismo institucionalizado, todas las controversias cristológicas derivaban de buscar «el modo correcto» que Dios aprobaría- es actualmente aún más acuciante en contextos evangélicos -y asimilables, el mesianismo es, por ejemplo, asimilable a eso- que católicos u otras corrientes muy institucionalizadas y jerarquizadas -como la ortodoxia griega-, sencillamente porque en lo primero hay un cierto abandono a la «iluminación» que debe surgir de la «sola scriptura» y en lo segundo se valora lo que se llama el «magisterio de la Iglesia» -por ejemplo, en el catolicismo forma parte de ese magisterio el catecismo, que es un «manual de instrucciones» que ya viene dado de manera institucional y jerárquica, eso si se cambia (cosa que se hace de tanto en tanto) lo hace por la vía o canal pontificio adecuado, ya está previsto, el creyente de «a pie» no debe preocuparse por la búsqueda de la «corrección», y un sacerdote cualquiera no tendrá de repente una «iluminación», es más, si la tiene… tiene todos los números de ser suspendido «a divinis» de sus funciones-.
Como diría que el evangelismo en su variante fundamentalista estadounidense -da igual ahora la «subsecta»- ha avanzado mucho en Latinoamérica en detrimento del catolicismo romano creo que el ambiente en sus países -el que recoges- deriva de ahí, y por eso, también, la profusión de «iluminados» de todo pelaje, casi diría que andan buscando un dogma y una doctrina en una estructura que -a diferencia de la católica o la ortodoxa- no la favorecen, de manera que no solo existe sino que aún se fomenta más esa «necesidad» -la «búsqueda del rito adecuado»- en un contexto que carece de los instrumentos formales e institucionalizados para satisfacerla -digamos que cada pastor, se disfrace de rabino o no, tiene plena «autoridad» para decir la suya-. Por lo cual, imagino, que el desconcierto y la «angustia vital» generada debe ser mayor, todavia más, repito, por el enfásis ritualista depositado en la idea de fe -presente pero muy matizado en el catolicismo, la ortodoxia griega o las variantes monofisitas-, sencillamente: si te equivocas de «línea telefónica» Dios… condena, da igual la motivación del error, la honestidad de la persona o su sinceridad en esa «búsqueda de contacto», incluso su comportamiento.
Citaría al respecto una cosa que me dijo ya hace unos años Yehuda -y que me pareció y me parece inteligente-, el asunto planteado no era el de la creencia incorrecta sino el de la ausencia de creencia, pero creo que el trasfondo de la respuesta vale: «a Dios no le importa que crea o no en él, le importa que se comporte de la manera adecuada», creo que lo mismo valdría para el problema de la «comunicación», a fin de cuentas son las acciones -que es la materialización de las decisiones- lo que habla, porque ahí hablamos nosotros pero… lo que carece de sentido es ponerse a adorar al «teléfono».
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