Mi querido lector, ¿alguna vez asististe a un casino o bingo?; ¿a aquel lugar donde hay máquinas de juego, ruletas, bingos, juegos al azar, etc.? Más que un casino yo lo llamo un deposito de dinero y vicio.
Sucede que hay una similitud entre el sistema de un casino y el sistema de las religiones:
Sistema del casino: Constituye en lograr que el jugador deposite su dinero creyendo aumentarlo, pero no solo pierde el jugador dinero, con el tiempo pierde tiempo, una vida, salud, familia, etc.
Sistema de las religiones: Constituye en manipular sentimentalmente y espiritualmente al inocente con sed de Dios, su objetivo es el dinero del creyente, ambos negocios con fines de lucro a costa de la vida de una persona.
Como se notará la similitud es parcial. Pero, ¿para que nos preocupamos tanto si no podemos cambiar el mundo? la sociedad esta acostumbrada a lo fácil, a la comodidad, a la irresponsabilidad.
Ahora, preguntemosnos:
¿Que lográ el noajida actuando como Dios espera de él?
Imaginemos que entramos a una habitación totalmente llena de oscuridad espesa, ¿Cuál es la única forma de hacer desaparacer la oscuridad? Prendiendo la luz, ¿no les parece?
Similarmente, cuando tu actuas como te corresponde, cumpliendo los preceptos, marcando la diferencia, enseñando con el ejemplo, no solo estas siendo una persona más en el mundo, sino que estas siendo ese proyector que ilumina haciendo desvanecer la oscuridad.
Tus acciones tienen mucho valor, logran luz en la oscuridad.
Por lo tanto, la única forma de mejorar el mundo, de hacer desaparecer a la oscuridad para cambiar la sociedad para bien, se lográ actuando como el proyector de Luz, es decir, cumpliendo con los siete preceptos, siendo noajida activo, que tus acciones marquen la diferencia porque tu eres dieferente.
Y si se logra conseguir más proyectores de luz, la oscuridad menos será.
En la vida hay muchos sistemas perversos, malos, que provocan mal al mundo y las personas, pero tú, mi querido lector, eres el farol que da luz al mundo, eres la antorcha que ilumina con fuego de Torá.
«Si aún no eres parte de la comunidad de fieles a Dios, eres la pieza del rompecabezas que falta»


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