La soledad, qué terrible.
No es bueno que la persona esté sola, dijo el Padre.
Fue la vez primera que Él designó algo como "no bueno", como falta de plenitud, como negación de la santidad.
La soledad, qué temor.
En tus manos está la clave para mitigar el sufrimiento que te provoca la soledad.
Acércate a tu hermano noájida, conversa con él, pregúntale por sus cosas, o simplemente quédate a su lado, haciéndose mútuamente compañía.
Acércate a tu comunidad de noájidas, FULVIDA por ejemplo, que tu presencia sea un bálsamo para tu compañero que sufre en silencio. Que su presencia sea un refresco para tu amargura.
La soledad, qué angustia.
Es un monstruo grande, la soledad, que crece desde dentro.
Tú puedes hacer tu parte para quitarle su poder.
Bríndate a los demás, participa, colabora, construye.
Únete a tu comunidad.
Aproxímate que algo bueno hay para ti, si no te niegas a recibirlo.
Un abrazo a la distancia.
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