Hoy basta con encender la radio o mirar de reojo la televisión para entrar en contacto con una gran masa de agoreros del fin del mundo, lo apocalíptico está en la escena cotidiana, ciento o tal vez miles de gurúes del juicio final nos acompañan a cada hora con su mensaje de destrucción masiva, se trata de un genocidio de la raza humana profusamente anunciado, un castigo que “merecemos”.
Lo apocalíptico te hace saber lo malo que eres, lo falto de misericordia que estás, lo bajo que has caído y lo poca cosa que en realidad eres, esto en un marco global de maldad y de degradación que parece haberse tomado cada una de nuestras comunidades, cada casa, cada familia, cada grupo de amigos, y hasta nuestro pensamientos.
Ciertas comunidades de evangélicos son las más contundentes, el juicio es claro y categórico, estás condenado sólo por haber nacido, llevas la semilla de la destrucción cuando aún te alimentas del biberón, tienes el camino pavimentado a los infiernos ardientes porque justo se baja la cortina a final de tu época, te ganaste la lotería.
El milenarismo, padre de lo apocalíptico es religioso, al fin y al cabo todo este incordio es religioso, y como tal, como actitud religiosa no ve o no quiere ver el potencial del hombre, se refugia en mantras, textos sagrados y lamentaciones mientras se golpea el pecho por lo malo que ha sido, y por las toneladas de pecado que ha cometido a partir de sus más impúberes pensamientos.
Me parece que hay corrupción, violencia, problemas de todo tipo, pero también hay de lo otro, hay que considerar que somos unos 7000 millones de individuos, una cantidad importante a la hora de ver el éxito de nuestra supervivencia, consecuente con ellos, y similar lo que ocurre con cualquier comunidad tan extensa de seres vivos, hay desarreglos, violencia, problemas.
Tengo una visión encontrada respecto a la naturaleza del hombre, a veces me parece intrínsecamente bueno, pero a veces me parece intrínsecamente malo, pero me imagino que por ahí, en algún lugar , probablemente al medio esta su naturaleza, su verdadera naturaleza, es decir ni uno ni lo otro, neutral y aún indiferente ante esas clasificaciones.
hay ejemplos notables de seres humanos dedicado al servicio de sus semejantes, personas que curan las heridas, físicas y de las otras, personas que traen consuelo, que liberan de la tontería, que intentan ser honrados, que trabajan de sol a sol, buenas personas, pero lo apocalíptico no tiene ojos para ver sus ejemplos, es ciega ante la bondad, la caridad , el heroísmo, y claro, ni pensar que mañana podemos ser mejores que ayer, sólo ven y gesticulan en todos los idiomas que están cerca las llamas del infierno, y la maldad que convive con nosotros aumenta en proporción geométrica.
Analizando las ciudades antiguas y las civilizaciones pasadas – entre ellas la hoy muy famosa civilización maya-, los medioambientes anteriores, los derechos de las personas y sus escuálidas posibilidades de vida realmente humana, o sus desgracias como ocurrió con la peste negra que afectó Europa, pienso que algo mejoramos, alcanzamos algunos grados de mejoramiento en nuestras relaciones y en la convivencia misma, veo, y además percibo , que no hay uno, sino ejércitos de personas de bien que trabajan cada día para que otros no sufran, hay en la esencia en mi pensamiento una suerte de confianza en el ser humano, pero ante el griterío destemplado de miles de voces apocalípticas, no me queda más que bajar la cabeza e intentar ser mañana mejor que ayer, volverme a los valores básicos, a los principios fundamentales , los mismos que rigieron la senda de vida de Noé.

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