Bien podría decirse que México ganó el mundial sub-17, las matemáticas no mienten, sin embargo las religiones sí.
Podías estar en las calles cercanas al estadio y ver las faltas al prójimo, el robo, el atraco, la sacadera de carteras, los insultos, las ofensas, los «gracias a dios que ganamos», «gracias a la virgencita».
Un tipo ebrio insulta a otro, otro le insulta la mamá a uno porque no le dio el paso; un tianguis de obscenidades, leperadas y abusos en todos los sentidos por la euforia del triunfo. No niego que quizá a alguno le sirva de inspiración, de motivación; seguro que a los menos, el resto acaba de encontrar el perfecto pretexto para corromperse aún más, auque estoy seguro como dijo otro: «oye tu ¿y si perdíamos? –de todos modos nos embriagamos pero por el dolor, jajajajajaj—
Si, creo en lo personal que otra vez perdimos, perdimos porque nuestros valores mínimos como humanos, como personas son un trapo en deshuso y sin importancia, esos valores son los pañales del ego en donde hace todo tipo de suciedad y denigración hacia nosotros mismos y a todo aquel que se atreva a enfrentarle.
Estos valores por el contrario debieran ser un lastre para el ego que si le frenamos quizá podríamos un día pensar en realmente saber que se siente ganar, porque para quien es esclavo ni el éxito ni el fracaso, ni el triunfo más contundente le sabrá sino a aquel dolor de cuando estás comiendo y te muerdes tu propia lengua.
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