Pensemos por un momento en los automoviles que van y vienen por la avenida: Todos con un punto de partida y llegada distintos, comunicandose con los demás con el único fin de cambiar de canal o girar en cierto lugar. En lo que a automoviles se refiere la cercania es peligrosa, pero la soledad es sinónimo de libertad… Qué hay de nosotros los seres humanos?
Los humanos no somos autos. Nos necesitamos, nos fortalecemos juntos, compartimos ‘destinos’ y juntos los alcanzamos. Mientras vivimos, cercania es calor, aislamiento es frio.
Somos parte de una familia. Dichas familias conforman comunidades y éstas constituyen la gran variedad de personas del mundo. Y todas esas personas constituyen un cuerpo solo, estupendo, con una sola alma llamada humanidad.
Y nos parecemos a hojas extendidas de las pequeñas ramas que se ramifican de ramas más grandes en las ramas de ramas más grandes hasta que alcanzamos el tronco y las raíces comunes a todos nosotros. Todos tenemos un lugar en este gran árbol llamado vida.
Cada gentil es un hermano o hermana de una familia inmensa de millones de años. Donde camina un gentil, allí caminan filósofos, sabios, héroes, leyendas, todo el camino nos lleva hasta Noaj y sus hijos, los «primeros» noájidas que interactuaron con un nuevo mundo con sus Siete Leyes. Junto a él caminan las fallas, los éxitos, los traspies de miles de años, el legado de los que vivieron, desearon y murieron por un Mundo mejor, un mundo a la manera en que originalmente fue concebido.
Cuando un gentil justo obra con amabilidad, todas las manos de los gentiles justos se extienden con la suya. Si un gentil justo cae, todos los demás gentiles justos tropezamos. Sin un gentil justo sufre, todos experimentamos dolor. Cuando alguno experimenta felicidad, todos sentimos la misma felicidad.
En nuestra unidad encontraremos nuestro propósito y nuestro propósito, ademas de ser socios del pueblo judío, es ser uno.
No somos autos. Los justos de entre las naciones somos un cuerpo que respira con un sólo sistema respiratorio, palpita con un sólo corazón, y se conduce por un en un solo canal, el del Bien.
Somos uno.
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