Quienes me conocen saben que llevo años de vida noajida consciente. A veces estoy aqui, a veces voy, a veces vengo, pero no por dejar de estar aquí o estar más, se es más o menos noajida.
He visto gente llegar y gritar a viva voz que darían su vida por el noajismo, por el Moré y por FULVIDA. Pero también los he visto marcharse y retomar una vida idolatra (me pregunto si en verdad la habían dejado).
Personas que en un principio colocaron a nuestro Moré en un pedestal para luego golpearlo con el mismo pedestal. Personas que publicaron textos y comentarios aborreciendo la idolatría, pero luego quién sabe por qué, pidieron que sus textos y comentarios fuesen borrados del sitio.
Muchos pretendieron (y pretenden) tomar a FULVIDA como un trampolín para hacer conversión al judaísmo. FULVIDA no es un trampolín, FULVIDA es el mar noajida de la felicidad para los noajidas. Ni más ni menos.
Otros creyeron que por leer un par de textos toda las idolatria que habían consumido durante años se habría borrado de sus mentes y corazones como por arte de magia. Nada más lejos.
La idea de creer por fe en un dios que tuvo un hijo al que mandó a la tierra para asesinarlo con el propósito de ayudar a la humanidad es tan absurda.
Pero saber que existe un Dios que nos legó una identidad espiritual para ser vivida a través de Siete Leyes, y que ese mismo Dios está presente en todo momento de la vida en los que es nuestra responsabilidad actuar con responsabilidad… esa idea es liberadora, refrescante.
Pierde vida el noajida que crea que debe serlo para ser «salvo» o para ganarse favores divinos, o para cumplir con un llamado espiritual que lo coloca en un nivel superior al de otro ser humano y a los otros como inferiores.
Ser noajida es disfrutar de la vida, de lo permitido en la vida, es sentirse protegido cuando nos alejamos de lo prohibido.
Si bien ser noajida no es ver ángeles ni oir la voz de Dios (como promueven los fanáticos religiosos), es tener este preciso momento justo aqui y ahora y saber que eso es todo lo que hay para ser aprovechado.
Gracias a Dios por FULVIDA, por el Moré y por todos aquellos que «sudan la camiseta» para que el noajismo continúe brillando.
Cómo no ser noajida y vivirlo!
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