Laura Elizabeth nos consulta:
Ante la incredulidad de muchos y cuestionamiento de otros, como debo demostrar que ya no ejerzo el cristianismo y no me considero parte de el.
Laura Elizabeth Jara, 42 años Psicóloga Social , Cipolletti ,Argentina
Buen día, le damos una calurosa bienvenida y agradecemos que participe activamente en la construcción de Shalom.
Es una pregunta interesante, que me da al menos dos opciones de respuesta.
1- El cristianismo, al igual que cualquier otra religión, es una imposición ficticia, no es parte de la esencia o autenticidad de la persona.
Nadie ES cristiano, o musulmán, o lo que sea religioso, sino que asume tal apariencia, la petrifica entre su conciencia y su su esencia espiritual, la llama “yo”, pero no ES ese yo, aunque socialmente, emocionalmente o intelectualmente lo crea así.
Es una máscara más, muy adosada al cutis, al punto de parecer realmente una cara.
Pero no deja de ser una cáscara, una valla que interrumpe el flujo de energía y vitalidad.
Usted seguramente quita un estorbo de su hogar sin pedir permiso, pues es dueña de vivir en paz en su morada. Claro está que como mujer responsable no perjudicaría al prójimo con su limpieza, no desecharía el escombro –o lo que fuera- en la vía pública, ni contravendría normas o reglas sociales. Se desharía del estorbo de manera “civilizada”, pero no requeriría permiso para hacerlo.
En esa línea, cuando despierta su conciencia espiritual, cuando reconoce que ha sido presa del EGO, esclava de ficciones antiguas, “religiosa”, y que eso no coincide con su esencia, ya ha dado un paso fundamental.
En derecho no debiera querer demostrar nada a nadie, sino tan solo afirmarse en su identidad reencontrada, ni siquiera recientemente adquirida.
A quien le guste bien, a quien no, también.
Tal sería la respuesta ideal, para mí, supongo a esta hora de la madrugada…
2- Pero los ritos, las consignas, los lemas, tienen un gran peso.
Usted como psicólogo social lo debe saber mejor que yo.
No solamente el otro precisa de ser contextualizado, sino el otro que nos habita también.
Una gran medida de ese otro interno es lo que en este hogar denominamos EGO.
Por lo cual, es bueno dejar patente, claro, público, asumido, que uno ya no pertenece a la congregación de esclavos.
Pero más aún, que uno ES otra cosa.
Entiéndase bien: no demostrar que no se es más cristiano (cosa que nunca se fue realmente, sino que se actúo con vívido realismo),
sino dejar para todos bien asentado que uno ES noájida,
porque uno ES tal en su esencia más pura e incambiada: su espíritu.
El cómo hacerlo, no lo sé.
Según me han dicho, pero no lo tengo claro, existe un acto parroquial, de denegación de la fe cristiana católica o similar, no lo tengo muy en cuenta, quizás algún amigo me pueda dar una mano.
Pero, hacer esto en parte es admitir el poder y autoridad de la religión sobre uno.
Así pues, complicado el “cómo”, además del “para qué” que creo es lo que respondí más arriba.
Hasta aquí mi respuesta, espero que le sea de provecho y bendición.
Pero, como es una contestación abierta, casi un diálogo interno mío que he plasmado por escrito, le pido que me deje algún comentario que nos vaya aproximando más a la afirmación pública de su sagrada identidad noájica.
Bienvenida, adelante.
Que sepamos construir Shalom.
Moré Yehuda Ribco
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