deseo consultarle lo siguiente: En mi país (Ecuador), se promulgó una ley que obliga a los ciudadanos (salvo trámite legal) la donación de organos al morir, es decir, cuando uno fallece en hospitales, clinicas o centros de salud automáticamente toman los órganos para donación. Mi pregunta es, si es correcto para los noajidas aceptar esta ley nacional de donación o debemos hacer el trámite legal para preservar nuestro cuerpo intacto al descender a la tierra.
Mil gracias por su tiempo y agradezco de antemano su respuesta. Elora
Buen día, gracias por su interesante pregunta.
Creo que ya hemos trabajado anteriormente el tema de la donación de órganos para los noájidas, pero igualmente responderé aquí muy brevemente.
Tomemos en cuenta alguanas consideraciones antes de sacar una conclusión.
Parte A
Si desea colaborar sustancialmente a que el prójimo continúe con vida, sin costarle a usted nada.
Si le parece bueno que alguna persona mejoré su calidad de vida gracias a usted, sin empobrecerse usted en lo más mínimo.
Si le parece adecuado continuar voluntariamente con la “cadena de la vida”, y no involuntariamente como ocurre al descomponerse el cuerpo tras la muerte, cuya materia es transformada en sustancias inorgánicas que son luego usadas por las plantas para generar su alimento.
Parte B
Si el acto de extracción de los órganos no contradice ninguno de los Siete Mandamientos para las Naciones.
Si está todo dentro de la Ley y se toma el recaudo de proteger la integridad del donante hasta el último momento de vida (no se le provoca la muerte con la extracción del órgano, sino que estos se retiran estando ya muerto o sin causarle la muerte (de riñón, por ejemplo)).
Si no hay evidentes actos de corrupción que puedan hacer degenerar el sistema para convertirlo en un negocio turbio y mal intencionado.
Conclusión
Si usted no tiene inconvenientes desde el punto de vista emocional, o quizás desde el filosófico, no pareciera haber problemas para ser donante de órganos.
De hecho, no solamente no estaría pecando, o provocando el caos en el mundo, sino que incluso tras su muerte seguiría construyendo shalom.
¿Acaso Dios no estará sumamente alegre al ver que uno de Sus hijos extiende su vida, su salud, gracias a la bondad absolutamente desinteresada de quien ya ha partido de este mundo?
Así pues, queda en usted la decisión.
Sea cual fuera, que sirva para construir shalom y extender el bien y la justicia.
Le deseo lo mejor.
Moré Yehuda Ribco
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