… Entonces, si no puedo estudiar de la Torah ¿no puedo conocer en profundidad los testimonios que revelan como falsaria la historia cristiana?
Saludos
Benjamín Suarez
Buen día.
A ver, razonemos juntos.
Si está enfermo (Dios no permita), ¿estudia los libros de medicina que el médico estudió durante los arduos años de su carrera profesional? (
Si hiciera eso, ¿los comprendería? ¿Sería exacto lo poco que pudiera descubrir en ese mar de conocimientos que le son ajenos?
¿Valdría la pena, o mejor confiar en los especialistas que le dirán exactamente lo qué hacer, pues para algo estudiaron y son capaces en su materia?
Lo mismo podríamos preguntar si tiene un problema legal, o uno con cierto aparato complejo de moderna tecnología y así infinidad de ejemplos.
Ahora, si estamos de acuerdo que uno ha de consultar al especialista y confiar en él, entonces, ¿por qué en las cuestiones que concie en al alma sería diferente?
¿Qué acredita a cualquier persona a introducirse al profundo y complicado océano del conocimiento espiritual?
¿No es de sabios consultar a quien corresponda y confiar y hacer la parte que le toca?
Por supuesto, indagando con inteligencia, siendo perspicaz, investigando, estudiando aquello que le compete, no siendo oveja sino persona en toda la integridad del concepto.
Así pues, con el escollo de las enfermedades espirituales, tales como las religiones, los dogmas de fe, las doctrinas erróneas, etc., lo más sabio, eficaz y prudente no es pretender leer los códigos que corresponden a los médicos del alma, sino que conviene y favorece recurrir a los verdaderos especiales para plantear la consulta a ellos y obtener la receta adecuada y seguirla con entereza.
Para combatir las doctrinas que enferman al alma, aquellas que derivan del idolátrico compendio que hacen llamar «nuevo testamento» ya tiene cientos de buenos textos al respecto, claros y contundentes, tanto en serjudio.com como en fulvida.com.
La buena voluntad no es excusa para contradecir una orden divina, de que el estudio de la Torá compete solamente al pueblo judío y a nadie más.
Así pues, si quiere vacunas en contra de la plaga idolátrica, consuma la buena y santa medicación dosificada que le corresponde, sin aventurarse a profesiones que le son ajenas y no le darán bendición, sino solamente quebradero de cabeza.
Tal el consejo sabio y cariñoso para usted.
Es buena su intención, es noble su deseo, pero no le reportará ni beneficios ni bendición.
Pero sí le dará mucha dignidad y placer el tomar el consejo y seguir la buena instrucción, sin perturbar su alma con cuestiones que no le han sido legadas por Dios.
Quiera el Eterno que sepa ser un verdadero constructor de Shalom.
Moré Yehuda Ribco
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