nathanael nos consulta:
Shalom a todos, desde hace poco más de un año que conozco de noajismo he hablado con los que he podido acerca de ésto. Ahora, las charlas con casi todos los que me conocen y son religiosos terminan en debate sobre el mesianismo y divinidad de Jesús y un intento por volverme al Jesús, hay alguno que hasta una oración ha hecho por mí sin mi consentimiento. La cuestión es que me he cansado de hacer esto y he optado por no hablar del tema con nadie aún así me insistan, ¿estoy haciendo bien, mal?
Natanael Reyes, 31, Ing Civil, San Salvador, El Salvador
Buen día, agradecemos que participe activamente en la construcción de Shalom.
Su pregunta es muy importante, pues refleja un sentir profundo, una situación de extrema sensibilidad y que además es habitualmente compartida por otras muchas personas leales al Eterno (judíos o noájidas), quienes se encuentran sumidos en un mundo idolátrico y terco.
Recuerde que no tiene que andar por la vida actuando como misionero, que a toda costa desea imponer a los demás su punto de vista, que no tiene ninguna consideración o respeto por el prójimo, que le importa poco y nada el otro, pues, su único interés es propagar su idolatría por el mundo.
Los misioneros dicen querer el bienestar del prójimo, su salvación, pero es indudable que en la casi totalidad de misioneros que me he encontrado en mi vida, la meta del misionero es netamente egoísta. Buscan la «conversión» de otros para obtener salvación, gracia, posiciones, dominio, poder, etc. Es decir, no desean el bien del otro, aunque eso mencionen en sus propagandas, sino que el otro es meramente un instrumento para ellos obtener lo que anhelan: regodearse en su EGO, ser esclavos de su EGO.
Usted, amigo mío, nunca jamás intente actuar como misionero, pues estaría en la senda de la oscuridad y no más en la de la Luz.
Se hundiría en el fango del EGO, en lugar de volar llevado por el espíritu del Padre Celestial.
Por supuesto que puede compartir lo que siente, lo que piensa, lo que sabe, lo que cree, pero no para convencer a nadie, ni para pretender que su interlocutor cambie algo de su vida o que admita algo de lo que usted expone.
No espere NADA del prójimo.
Es evidente que usted tiene derecho a que lo respeten, aunque el respeto al prójimo es una materia que los idólatras aferrados a la necedad no conozcan. Pero, aunque su interlocutor se empeñe en faltarle el respeto, usted igualmente no se rebaje. Sea firme, paciente, amable, comprensivo de la imposibilidad y debilidad del otro para crecer y abrazar el sendero del Bien. Pero que su bondad no deje un resquicio para que se introduzca en su existencia el veneno mortal de la idolatría.
Haga como el gran Avraham, patriarca judío y ejemplo de noájida, que recibía gente en su casa, los convidaba con todo tipo de exquisiteces, se interesaba más por sus cuestiones que por convencerlos de alguna cosa. Él, con su conducta y no con sus prédicas, conducía a decenas de personas hacia el buen camino.
No precisaba de estrados, micrófonos, marketing, astucias, instituciones, ni de nada más que su bondad inmensa hacia el prójimo, junto a su inquebrantable celo por ser leal a Dios.
Sea usted un faro que alumbra en la oscuridad que lo rodea, sin desfallecer, sabiendo que su tarea es agotadora, pero es imprescindible.
Pero, lo más importante, no queda sin recompensa divina.
Un abrazo, hasta luego y que sepamos construir Shalom en todo momento.
Moré Yehuda Ribco
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