Resp. 953– Envidio a los judios

YR Por Rav Yehuda Ribco
26/04/2011 7 min de lectura
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Torá Viva y Sabiduría Aplicada a la Vida

Resp. 953– Envidio a los judios

Por Rav Yehuda Ribco • 26/04/2011 • Material de estudio para la mesa de Shabat

gonzaloNJ nos consulta:

Querido Moré,

Intenté convertirme al Judaísmo, pero definitivamente me convencí de que ni era capaz de ello ni era mi camino, pues soy un Noajida, en mi país, y aquí tengo que cumplir la Voluntad de D/os.
Respeto a D/os, pero si me auto-evaluo, no me puedo engañar, sí me hubiese gustado ser Judio. Aunque cumplo con la Voluntad de D/os para mi, confieso, aunque sea vergonzoso, que tengo envidia de los Judios.
Por favor deme pautas para limpiar definitivamente mi corazón y ser mejor Noajida
Gonzalo Navarro, 38 años, empleado postal, Madrid, España

Buen día, le damos una calurosa bienvenida y agradecemos que participe activamente en la construcción de Shalom.

¿Qué es la envidia?

Veamos qué nos dice la Real Academia Española:

(Del lat. invidĭa).

1. f. Tristeza o pesar del bien ajeno.

2. f. Emulación, deseo de algo que no se posee.

”Tristeza o pesar del bien ajeno.“
Según esto, al real entender de los señores de la lengua española, la envidia es la pena que uno siente porque otro es feliz.
No importa qué posee el otro, ni lo que alcanzó, sino que es dichoso.
En vez de buscar el propio crecimiento, la senda de la propia alegría, quien envidia busca que al otro no le vaya bien.
Bertrand Russel, con sus luces y sombras, decía que “la envidia es la causa más poderosa para la infelicidad“ (“The Conquest of Happiness”).
Parece que hay concordancia al respecto.
“Emulación, deseo de algo que no se posee.“
Por lo general es esta segunda acepción la que se toma en cuenta, puesto que suponemos que envidiar es querer lo que otro tiene, sea un objeto o una cualidad, algo material o no.
El otro tiene, yo no. Yo lo quiero, pero no puedo. Me amargo. Vivo en penas. No reconozco lo bueno que está en mi posesión, no disfruto de mi porción, sino que desespero en un anhelo por lo ajeno.

No es casual que cuando Dios tuvo ante Sí al pueblo judío, recién liberado de la esclavitud de Egipto y de las cadenas de la idolatría, Él directamente les dijo y ordenó:

"No codiciarás la casa de tu prójimo; no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna que sea de tu prójimo."
(Shemot / Éxodo 20:14 📖)

Codicia y envidia no son lo mismo, sin embargo, la envidia, masticada y regurgitada insufriblemente, lleva a la codicia, lo que nos recuerda la segunda de las definiciones que citamos de los académicos españoles.
Pero, ¿no trae también discordia, atropellos, hostilidad, resentimiento, insatisfacción, peleas, culpas, mentiras, engaños, burlas, desprecio y etcéteras varios?

En la Sacra Tradición es común denominar a la envidia como “mal de ojo” u “ojo malo”.
Sí, eso por lo cual los supersticiosos hacen torpes rituales, se ponen bobaliconas cintitas rojas, escupen tres veces al piso, no sacan a relucir sus posesiones, dicen conjuros supuestamente místicos… ese famoso mal de ojo que no es otra cosa que el oscuro sentimiento de la envidia.
De hecho, en hebreo es posible decir envidia como “kinhá” (que se confunde con celo) y también con “tzarut ain”, que quiere decir “estrechez de ojo”, o “angustia de ojo”.
Atendamos al proverbio del más sabio:

"No comas pan con el de mal ojo, ni codicies sus manjares delicados;
porque cual es su pensamiento en su mente, tal es él: ‘Come y bebe’, te dirá; pero su corazón no está contigo.
Vomitarás tu parte que comiste y echarás a perder tus suaves palabras."

(Mishlei / Proverbios 23:6-8 📖)

Por lo visto, es un sentimiento terrible, absolutamente descalificador, que ni siquiera permite a la persona actuar con honesta generosidad, pues a entender del sabio, detrás de la aparente bondad se esconde un designio perverso, que finalmente incriminará al inocente y lo hará padecer.
¿Nos hace recordar esto a la primera definición que el diccionario nos brinda acerca de la envidia?
Es decir, no se desea el objeto de otro, ni ocupar su lugar, sino que se detesta su alegría, por tanto, se hará lo posible para amargarlo.

Pero, cuando se ha conseguido que el otro pierda su corazón en paz, que su rostro olvide su sonrisa, que la dicha sea borrada, ¿qué más pretende el envidioso?
¿Se conformará con el tropezón y fracaso de aquel que osó ser feliz sin permiso?

Y si el furor del orgulloso hubiera sido para obtener lo que es legítimamente de otro, ¿quedará calmado y satisfecho cuando lo tenga?
¿El sentimiento perverso desaparecerá al alcanzar la posesión del objeto, cualidad, título, rango, posición, etc. que tanto ha deseado?

En resumen, ¿se cura la envidia cuando el envidioso obtiene sus bajos anhelos?

Dejo las respuestas en silencio, para que cada cual piense, reflexione y encuentre qué es lo que tiene para refaccionar en su propio hogar llamado YO.

En la base, por supuesto, se halla la incorrecta auto-estima, que es otra de las formas de expresarse la impotencia y el sometimiento al EGO.

Ahora que sabemos un poquito más al respecto de la envidia, que usted confiesa tener por los judíos, podemos ver si es realmente lo que siente o prefiere reformular (para usted mismo) su planteo que motivó esta respuesta.

Estaría bueno leer, estudiar, comprender y compenetrarse de este consejo diario: http://fulvida.com/fortalecimiento/pensamiento/el-consejo-diario-194.

Para finalizar este encuentro breve, veo que hay muchos que anhelan ser judíos, lo judío, etc. Buscan rabinos, rabinitos, maestritos, barbuditos, etc. que les haga sentirse “espirituales”. Son abusivos en su desespero por conseguir cosas judías, adquirir objetos rituales judíos, usar palabras hebreas, disfrazarse de sionistas o hebraicos, rodearse de amigotes que digan “chalom aleichem” junto con ellos. Pasean por Facebook, o por cualquier parte, banderitas de Israel, fotitos de candelabros y estrellas, usan lemas que creen tienen algo que ver con judío, piden para ser “amigos” de cualquiera que tenga barba y sombrero en su foto de perfil, se meten a foros de judíos, abren sitios web noajUdas, repiten cual loros palabras que no captan ni tienen idea pero que les hace sentir vinculados a lo judío… ¿conocen usted gente así? Yo sí, abundan, harto abundan. Muchos me dan pena inmensa, porque reconozco a buenas personas perdidas, exiliadas, hundidos en un deseo infantil por tener lo que no les corresponde y les haría sentir “salvos”, “grandes”, “benditos”, etc. Otros me dan aún más pena, porque caen en garras y picos de falsos rabinos, maestritos cabalisteros, malabaristas de la fe, traficantes de religiones, fantoches de todo tipo. Otros, son unos patanes que tienen su forma de medrar en esa mascarada judaica que representan, estilo el falso rabino que creo se apellida Hernández, el ex presidiario si mal no recuerdo. Otros fueron engañados desde pequeños, y no saben hacer otra cosa que vivir fuera de sí mismos. Y así el desfile de gente desesperada, alelada, perpleja, alienada que a diario pasa por aquí y por allá. Los hemos visto, sentido, a veces padecido. Nos atacan, nos insultan, nos alaban y salen corriendo…
En fin, en el fondo, siempre allí está el EGO que los somete, el EGO a los que ellos se esclavizan por propia voluntad.
Son unos pocos los que andan por la senda de los justos, como gentiles y quizás algún día como conversos legales y leales al judaísmo.

Es hora de que cada uno colabore para redimir a estas personas, para llevar luz al mundo, para que FULVIDA sea el hogar activo y promotor de bendición que está llamado a ser.
Yo hago mi parte, ¿ustedes?

Que sepamos construir Shalom.

Moré Yehuda Ribco

 

 

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ACERCA DEL AUTOR

¿Quién es el Rav Yehuda Ribco?

Más de 4 décadas dedicadas a la enseñanza y difusión de la Torá viva, la ética judía, el pensamiento auténtico y la psicología espiritual aplicada a la vida cotidiana. Es autor de la monumental traducción moderna y completa del Tanaj al español latinoamericano (disponible en la inmensa biblioteca de Sefaria y en la app de Tanaj de SerJudio).

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