El Eterno concertó un pacto perpetuo con Noaj/Noé y sus descendientes, toda la especie humana.
La parte humana correspondiente a este pacto es el cumplimiento de los Siete Mandamientos Universales.
Las personas se desviaron de la senda correcta, dejaron de lado los mandamientos, asumieron sus propios deseos y doctrinas.
Mantuvieron solamente aquello que les convenía o no les importunaba.
Pero, un puñado de personas se mantuvo leal, un grupito pequeño, del cual luego surgió la nación judía.
Esta nación fue dotada de un pacto alterno, exclusivo, que se concreta con la entrega de la Torá por parte de Dios para los judíos.
Los siglos pasaron, los milenos pasaron, ahora hay un renacer de la conciencia de la identidad espiritual de los gentiles.
El noajismo está renaciendo.
Pero, hete aquí que muchos se quejan y protestan.
Pretenden tener una Torá propia, o ser parte de la Torá de Israel.
Exigen y demandan que el pacto noájico esté claramente establecido en la Torá.
Reclaman que la Torá de Israel sea compartida y los ilustre, tal como si fuera su heredad y patrimonio.
Se enojan cuando descubren que no tienen parte en ella.
Y siguen demandando precisión, claridad, mandamientos noájicos firmemente estipulados en roca, o al menos en antiguos escritos «sagrados».
Insisten en obtener respuestas de los judíos, y se ofenden cuando los judíos no quieren o no pueden darle lo que quieren.
Siguen iracundos, se sublevan en contra de esos judíos «aislacionistas» que no comparten su Torá.
Prefieren buscar «otras verdades» (como si hubiera más de una…), porque no son receptores de la Torá, porque no encuentran un códice antiguo que esté titulado: «Siete Mandamientos Universales».
No entienden, no pueden o no quieren entender…
Los antiguos antepasados gentiles fueron los responsables de cortar el vínculo con el Eterno.
El pacto siguió y sigue vigente, pues es perpetuo, pero aquellos ancestros gentiles no hicieron su parte, mucho menos la trasmitieron a sus hijos.
La culpa de esa terrible desidia no es de los judíos, tampoco de Dios.
Es de los antepasados de los gentiles.
La Torá es el libro de la alianza entre Dios y los judíos, NO entre Dios y los gentiles.
Por tanto, pretender encontrar un código legal noájico delimitado claramente en la Torá, es como pretender encontrar un tratado de ortografía en un libro de matemáticas.
Que no tengan tradición de los siete mandamientos, no es culpa ni responsabilidad de los judíos.
Tampoco de Dios.
Es vuestra herencia malgastada por vuestros ancestros.
Id a ellos a reclamarlos, no a los que no tienen nada que ver.
Por bendición, resulta que los judíos a pesar de todas las dificultades se mantuvieron fieles a Dios.
Los judíos preservaron sus mandamientos (que son 613 y no solamente 7), mantuvieron vital su tradición, cuidaron de no corromper el legado sagrado.
Ellos guardaron la memoria de los Siete Mandamientos Universales, aunque no es la porción correspondiente a los judíos.
En antiguos libros judíos aparecen mencionados, al pasar, como dato anecdótico, como leyes secundarias de vínculo con gentiles.
Al pasar, porque no hace a la esencia de la vida judaica, sino a la noájica.
No es cuestión de los Sabios de Israel preservar la heredad de las naciones, sino de cada uno hacerse cargo de lo que Dios le ha dado como legado y patrimonio.
Por tanto, aquel que se llama buscador de la verdad (que es una sola, por cierto), no puede tener el descaro de reclamar, demandar o exigir NADA ni de los judíos, ni de los textos sagrados judíos, ni de Dios (en lo que refiere a la preservación de los mandamientos universales).
Sino solamente de sus propios antepasados.
¿Que no tienen a quién reclamarle?
Pues entonces, asuman su realidad tal cual es, sin maquillajes, sin disfraces, sin bravuconadas.
Háganse cargo del menguado legado que recibieron de sus padres.
Tomen sobre ustedes la responsabilidad que ellos no supieron tomar, para que ustedes sean los dignos preservadores del pacto eterno noájico, y los que darán continuidad en sus descendientes a este camino sagrado.
Y con humildad, y con valentía, y con buen ánimo reconocer la inmensa gratitud que se le debe brindar a aquellos judíos que comparten la memoria milenaria de los Siete mandamientos, para que no se pierdan los noájidas, sino que vivan a plenitud.
Gratitud por aquellos judíos que dedican de su tiempo y esfuerzo, en gran medida desinteresado y generoso, para que sean cada día más las personas leales al Eterno, los seguidores de la Buena Senda por Él diseñada.
Gratitud para con Dios, que les brindó un pacto eterno, simple, claro, humano, inscrito en el alma de cada persona.
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