En los últimos días, algunas personas con las que conversé se autodefinieron como: «soy cristiano».
Quiero explicar algo, que espero sea comprendido y luego difundido, pues es importante.
En el ámbito espiritual solamente existen dos esencias (tal cual ha diseñado el Eterno):
1- la noájida (o gentil, o de las naciones);
2- la judía (o hebrea, o israelita).
No hay más.
Por tanto, decir que alguien «es cristiano», o musulmán, o budista, o santeiro, o etc., es tomar como real la careta, obviando que ésta no hace más que ocultar la verdadera cara.
La cara de la persona, su faceta espiritual jamás podrá ser cristiana, o atea, o etc.; esas son solo caretas, antifaces, disfraces, imposturas, accidentes.
La verdadera cara espiritual es la de noájida (en la mayoría de los casos, pues es el 99% y pico de la población mundial), o de judío.
Como dije, «ser cristiano» (o cualquier otra religión) es un accidente, algo irrelevante, un añadido, una forma errónea de vivir, un desvío de la verdadera esencia, un apartamiento del camino trazado por el Creador.
Por supuesto que los desviados que andan por la vida llamándose «cristianos» (o cualquier otra religión) se merecen todo nuestro respeto, nuestro afecto, nuestra paciencia, pero en modo alguno su desvío (llámese religión, creencia, etc.) se merece nuestra aprobación.
Pues, no podemos aplaudir el flagrante desprecio del Eterno y Sus cosas, como tampoco podemos ser cómplices de que las personas vivan engañadas, angustiadas, muertas de hambre por no alimentar adecuadamente su faceta espiritual.
No podemos admitir que la gente confundida siga llamando cara a la careta.
No debemos promover que la gente siga andando en sombras, sino por el contrario ser portadores de luz y más luz.
Cada alma que anda en este mundo tiene una esencia espiritual pura, intachada, inmaculada, que ninguna doctrina puede mancillar. Pero, en torno a ella se crean grandes manchones, que actúan como cortinas que no permiten que la luz traspase y alumbre sus vidas.
Cuando la persona confundida supone que su careta (su religión) es su identidad verdadera, solamente añade más caos, más malestar, más rebelión, resta paz y armonía.
Así pues, la próxima vez que alguien te diga que «es cristiano» (o de cualquier religión), no sigas la conversación. Detente allí mismo y dile: «No, tú crees que eres cristiano; pero en realidad eres noájida. El cristianismo es una ropa que te han puesto por encima. Son andrajos, ropas de vagabundo, que ocultan tu verdadero ropaje de príncipe, de hijo de Dios. Eres noájida, y aunque te cueste admitirlo, en el fondo sabes que el cristianismo es algo ajeno a ti, algo que te obligan a creer, algo que te exiges creer, pero que no deja de ser ajeno a ti.»
Espero sus comentarios, que nos permitirán edificar mayor shalom.
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