Shabbat: Elul 26, 5765; 1/10/05
Un
comentario de la Parashá Nitzavim
Conocimiento
de vida
En todas las épocas, pero con mayor intensidad
en la nuestra, hubo y hay gente que con total convicción e ingenuidad dicen:
"busca en tu interior la verdad, que allí está".
Lo dicen como si la persona fuera la medida de todas las cosas, como si el
criterio personal fuera el patrón de medida para reconocer la validez y
autenticidad de las cosas.
Pero, ¿es esto así en la realidad?
¿Qué es lo que el Eterno tiene para decir al
respecto?
En nuestra Tradición reconocemos que el patrón real acerca de las cosas lo pone el Eterno, Él y solamente Él es
quien determina lo bueno y lo que no lo es, y ÉL quien decide lo que es
permitido hacer de lo que no lo es.
Tristemente se sigue ignorando esta verdad, y por lo tanto el relativismo
moral cunde: hay personas que llaman "bueno" a lo "perverso" y que llaman
"misericordia" a la simple y vacía "flojera".
El hombre NO es la medida de todas las cosas,
en palabras del Tanaj:
"Así ha dicho el
Eterno: 'Maldito el hombre que confía en el hombre, que se apoya en lo
humano y cuyo corazón se aparta del Eterno.
Será como la retama en el Arabá; no verá cuando venga el bien, sino que
morará en los pedregales del desierto, en tierra salada e inhabitable."
(Irmiá / Jeremías 17:5-6)
Son palabras muy duras, pero que no dejan
dudas: aquel que convierte la moral en una cuestión personal termina por
vivir en un desierto, sin bien y con mucho mal.
Ni la persona, ni un grupo de personas son los patrones de medida para
definir lo bueno de lo que no lo es, solamente el Eterno es quien hace esto.
No está en el interior del hombre la respuesta
a todas las cosas del mundo, sino en la Palabra del Eterno que ha sido
interiorizada en el ser humano.
Notemos lo que el sabio Salomón anuncia:
"escucha Tú en los cielos, el lugar de
Tu
morada, perdona y actúa. Da a cada uno conforme a todos sus caminos, pues
conoces su corazón [porque sólo Tú conoces el corazón de todo hombre];"
(1 Melajim / I Reyes 8:39)
El Eterno conoce el camino de las personas,
conoce lo que el corazón de cada uno atesora, y de acuerdo a sus acciones es
que el Eterno lo recompensa.
Si el corazón de la persona está en sintonía con la Palabra del Eterno,
habrá gozo; pero si el corazón está en desarmonía con el Eterno... ¿acaso
gozará?
Sin embargo, en nuestra parashá hay un
versículo que pareciera dar un vuelco a esta reflexión, prestemos atención:
"Ciertamente muy
cerca de ti está la Palabra, en tu boca y en tu corazón, para que la
cumplas."
(Devarim / Deuteronomio 30:14)
Pareciera como si el versículo
admitiera que el conocimiento está dentro de la persona, que es subjetivo y
no depende de referencias permanentes externas. Pareciera como si la
voz del Eterno escuchada en Sinaí por tres millones de individuos fuera una
voz más en el concierto desafinado del universo, una voz con el mismo valor
y peso que todas las demás voces. Como si el deseo del Eterno expresado
explícitamente por Él estuviera en el escaparate del cual uno puede escoger
lo que mejor le parezca.
Sin embargo, si somos atentos, sin necesidad
de ser muy profundos, podemos notar que en realidad el versículo no está
indicando que el conocimiento a encontrar dentro de la persona es el SUYO,
sino que es el conocimiento que proviene de la Palabra, es decir, de la
Torá.
Por tanto, nuevamente reconocemos que para el Eterno no es la persona la
que decide el valor de las cosas, ni la que determina lo bueno y lo que no
lo es, sin que es Él quien lo hace.
Pero, sí depende de la persona el esforzarse por re-encontrar la Palabra del
Eterno resonando en su interior, para de ese modo acatar con fidelidad Su
deseo.
Recordemos el famoso midrash que nos enseña
acerca de la Palabra del Eterno guardada en el interior del alma:
"...Una luz
alumbra sobre la cabeza del feto en el útero y él puede vislumbrar de
uno a otro punto del mundo... y no debes sorprenderte pues una persona
duerme aquí pero su sueño puede estar viendo su sueño en España... se le
enseña también toda la Torá de principio a final... ni bien el niño nace
a la luz del mundo un ángel golpea sobre su boca y provoca que olvide
completamente toda la Torá..."
(TB Nidá 30b)
Al feto humano en el útero materno desde
Arriba se les enseña la Torá. También, se le muestra el gozo y el
displacer espiritual para las personas en el Más Allá.
Luego de esta completa instrucción, un ángel le juramenta: "¡Conviértete en un justo! ¡No te conviertas en
un perverso!"
Cuando el niño llega a este mundo, el ángel le da un golpecito sobre los
labios y el bebe olvida todo el conocimiento que
se le había impartido.
Sin embargo, ese conocimiento queda impreso en los rincones ocultos de su
inconsciente y puede ser reencontrado, reconocido en su vida por medio
del estudio y la reflexión adecuada.
Esto significa que el conocimiento lo tenemos
en nuestro interior, pero no accedemos a él de manera directa y voluntaria.
Para que ese conocimiento interior sea provechoso no basta con buscar en
nuestro interior, ni siquiera basta con desear con fuerzas alcanzarlo, sino
que se precisa desbloquear las trabas que cierran la senda hasta él por
medio de las claves adecuadas.
¿Cuáles son esas llaves para las puertas del conocimiento atesorado en
nuestro interior?
La única manera de no engañarnos, de no creer que nuestras fantasías son
verdades, es cuando comparamos nuestros pensamientos, nuestras intuiciones,
nuestras sentimientos con el fiel perfecto de la Torá y los preceptos.
En el momento que la persona reencuentra
alguna partícula de conocimiento verdadero, una llamarada de placer espiritual se extiende por su ser.
La persona que está en el camino del Bien goza con esta sensación de
reencuentro, pues siente que está un poco más próximo a la Verdad, más
estrecho su abrazo con el Eterno.
Pero la persona que no suele andar por el camino del Bien, sea por
ignorancia o falta de esfuerzo, al sentir esa sensación del reencuentro con
la Palabra, experimenta un vacío, que es aquel que se encuentra en su vida,
y por lo tanto hace un esfuerzo para negar el conocimiento que ha
reconocido. Lucha contra la luz reencendida en su interior y la ofusca con
numerosos discursos y excusas.
Es triste, pero así padece buena parte de la
humanidad, que llaman "placer" al engaño y "dolor" al verdadero goce espiritual.
Sin embargo, hemos nacido para reencontrarnos con esa esencia espiritual con
la que estamos formados, para que el cuerpo y la neshamá -espíritu-
trabajen en pos de la misma meta.
El Midrash (Otzar HaMidrashim, Ietzitrat Ulad,
pag. 244 y 245, Eizenstein) nos relata con
bellas metáforas el período de la concepción y gestación humana y nos aporta
algunos datos más que son relevantes para nuestro tema:
Cuando está por ser concebido un humano, el Todopoderoso ordena al ángel Laila: "¡Tráeme esa
neshamá del Gan Eden -paraíso-!", para que la introduzca
dentro de la semilla germinal.
Sin embargo, la neshamá se resiste
a que se la arranque de su fuente Divina, y se queja al Todopoderoso: "Yo
soy pura y sagrada, unida a Tu Gloria. ¿Por qué es que debo ser degradada e
introducida a un cuerpo humano?".
El Eterno le responde: "No es como tú dices. El mundo en el cual vivirás es mucho más hermoso que el mundo del cual
provienes. Fuiste creada con el solo objeto de que te conviertas en parte
del ser humano y seas elevada con sus acciones."
¿Captamos la belleza de esta enseñanza?
¡Éste Mundo, material y tan cargado de problemas, es potencialmente más
bello que el mundo espiritual del cual proviene la neshamá!
¿Por qué?
Pues, porque en Este Mundo la persona (espíritu-cuerpo) está capacitada para
crecer por medio del cumplimiento de las mitzvot.
La belleza de Este Mundo estriba entonces en cada acto que reencuentra a la
persona con su neshamá, pues con cada reencuentro el grado de gozo de
la neshamá aumenta.
Está en nuestras manos el hacer de Este Mundo
un lugar de placer, ¿querremos intentarlo algún día?
Podríamos comenzar desde hoy...
¡Les deseo a usted y los suyos que pasen un Shabbat Shalom UMevoraj!
Shaná Tová - Ketivá vaJatimá Tová
¡Qué sepamos construir shalom!
Moré Yehuda Ribco
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Notas:
1-
Otras interpretaciones de este pasaje de la
Torá, y más estudios los hallan
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