Judaismo conversion Israel Mashiaj Tora Dios amor paz

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 Lic. Prof. Yehuda Ribco (Av 6, 5762 - 15/7/02)

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BeShem H' El Olam

Ni machismo, ni feminismo - Judaísmo dn.gif (33824 bytes)

 

Fuentes de las acciones comunes

Ante todo debemos reconocer algunos aspectos que hacen al ser-estar judío.

Existen las mitzvot, preceptos o valores, que tienen carácter obligatorio, dependiendo de la persona y la situación, cuya fuente es el Eterno, y se encuentran escritas en la Torá.

Luego están las prescripciones de los rabinos, los jajamim, que también poseen carácter obligatorio.

Sin embargo, los jajamim también nos enseñan y nos explican aspectos de la Torá, o de estilos de vida, que son muchas veces metafóricos, o alegóricos, y que no son de forzoso acatamiento. Si navegamos entre los dichos de nuestros sabios podemos quizás sorprendernos de cómo ellos muchas veces parecen contradecirse, y la situación queda irresuelta, pero, eso no crea conflicto ni problemas ideológicos, pues, precisamente en ideología (judía) los dogmas son muy limitados. Así pues, definiciones rabínicas halájicas (de aplicación legal) son perentorias; en tanto que explicaciones y consejos, son opinables.

Y por último existen también las costumbres. Algunas de ellas tienen un origen netamente judío o hebreo. Otras son copias o modificaciones de costumbres propias de otras culturas, que adquieren un matiz judío. En general podemos decir que algunas costumbres se elevan al rango de obligación, mientras que la mayoría permanece en el marco de folclore o modos de hacer "judíos", pero que en sí no son absolutamente judíos.

Claro, también están los pensamientos, acciones y postulados de personas que pertenecen a la familia judía, o creen ser parte, y que afirman o niegan tales o cuales principios o fines, sea de palabra o sea en acto, pero, a pesar de ser "creaciones judías" no por eso son en efecto parte del cuerpo del judaísmo.

 

El prejuicio

Para manejarnos en este documento presentaremos una mishná, un estudio, de uno de los primeros jajamim de la Mishná, que es la quinta del primer capítulo del opúsculo "Avot", "Principios" o "Padres", que tendenciosamente es utilizado por detractores o ignorantes como demostración del machismo judío, enraizado en el pensamiento fundamental rabínico.

"Iosi hijo de Iojanan el jerosolemitano dice: 'Que tu casa esté abierta ampliamente, y que sean los pobres hijos de tu hogar; y no abundes en charlas con la mujer.

De su mujer decían, por supuesto con la mujer de su amigo.

De aquí dijeron los sabios: ''Todo el que abunda en charla con la mujer, se provoca el mal a sí mismo, y desperdicia palabras de Torá, y finalmente se atrae la perdición.''"

Cualquier lectura superficial, tendenciosa o ignorante de la cultura judía podría decir:

 

"MACHISMO, pobre mujer, ¿qué culpa tiene ella de la conversación de su marido? ¿Y si necesita comentarle algo a él? ¿En qué lugar ponen a la mujer estos judíos? Etc."

Las correctas interpretaciones

Daremos algunas de las interpretaciones que se aproximan con más exactitud, tanto a la letra como al espíritu de este párrafo y que nos servirá para conocer un poco más de la exacta concepción judía acerca de las relaciones entre hombres y mujeres.

  1. Si apreciamos el contexto de la frase, el charlar con la mujer puede ser una actividad tan agradable y atrayente que la persona (masculina en este caso) puede olvidar la importante misión de cumplir con la mitzvá de dar refugio al necesitado de forma abundante. Si así ocurriera, la charla promovería el pecado, el alejamiento de lo que es palabra de la Torá. En lo que a nuestro tema respecta: el hablar con la mujer es tan hermoso, que hasta olvidar la Torá puede acarrear.
    Claro, es posible atribuir erróneamente a la mujer una posición única, como distracción de lo que es obligatorio hacer; pero en otro lugar del Talmud se enseña que la persona que estando en medio de un estudio lo interrumpe para deleitarse con la belleza de la Naturaleza, y aun bendiciendo al Eterno por la misma, incurre en pecado gravísimo. Por lo tanto, no es denigración de la mujer, sino todo lo contrario, ubicarla en posición de interés e importancia.
  2. Si seguimos en el contexto, quizás uno de los "pobres" que convertimos en habituales visitantes de nuestro hogar sea una mujer, y por eso dice "la mujer". En este caso, esta mujer indigente igualmente debe ser tratada con respeto y dignidad, no abundando en charlas que puedan llevar a ofenderla o a rebajarla, especialmente en el plano sexual. Porque quizás alguna persona, en principio, bien intencionada, abra su casa a los necesitados, pero luego, como sin quererlo, intente "cobrarse" la mitzvá con comercio sexual. Por lo tanto, el consejo rabínico es acertado: "no dar con ánimo de recibir o de ofender o de vejar, sino dar con la única intención de hacerlo."
    Entonces, la mujer en desgracia económica, en esta interpretación, es defendida de las pretensiones de aquellos que "se quieren cobrar los favores".
    Ah, y ¿por qué la mujer y no el hombre? ¿No es esto machismo?
    Aquí caemos es lo que es cultural, y no necesariamente judío: la mujer como débil físicamente en tanto que el hombre como fuerte, que en los hechos parece ser corroborado. Así pues, no es una actitud judía de sobreproteger a la mujer, sino de la cultura imperante. Y en todo caso, ¿afecta en algo la estima de la mujer si se la quiere escudar de falsos favores?
  3. Continuemos en contexto. Tradicionalmente la que en efecto manda en el hogar, y si somos sinceros (pero sin estadísticas que corroboren) en la mayoría de los aspectos, es la mujer. Aquel dicho de que en "casa la mujer lleva los pantalones", es más común de lo que se quiere aceptar. Dentro de la ideología judía al hombre se le asignan las funciones en el templo, o sinagoga, en tanto que el altar, el templo de la mujer es su hogar. Entonces, si el "irresponsable" hombre quiere cumplir con la mitzvá de acoger indigentes, es correcto que la mujer, la que gobierna el hogar, esté enterada y diga su parecer. Pero, muchas veces el celo con el cual se defiende las posesiones personales pueden provocar que se sea reticente en la generosidad, por lo cual, el "inconsciente" hombre al charlar con la mujer, con su esposa, puede encontrarse con un freno, con un dique de contención a su dadivosidad. Quizás en algunas oportunidades ese freno sea más que necesario, pero en otras, puede deberse a la avaricia, o al deseo natural de mantener lo propio. Entonces, al charlar con su esposa, el marido puede no ser tan generoso como quisiera, quizás con razón, o quizás sin ella.
    Esto, obviamente, no es machismo, sino que es reconocer tácitamente que el poder en el hogar, y en muchas de las decisiones de la pareja recae en definitiva en la mujer. En lugar de ser la mujer la débil, es el hombre el necesitado de ella.
  4. La alusión que se hace de charlar con la mujer se refiere al período de impureza ritual. En este lapso mensual el marido y la esposa continúan conviviendo y armonizando, con la restricción de mantener relaciones sexuales. Por eso se recalca que no se mantengan charlas frívolas con la mujer, no en general, sino cuando la gracia y la belleza de la relación pueden promover al pecado.
    Así que, no es que la mujer sea inferior en algún aspecto, o fuente de desgracias, sino que por su encanto puede, involuntariamente, promover el encuentro sexual en momentos inconvenientes, y por lo tanto, el pecado.
  5. Exceder en charlas con la mujer, en este caso no con la esposa, puede llevar al espantoso pecado de la infidelidad conyugal, sea de él o de ella. Si uno se acostumbra a charlar por demás con su esposa, quizás crea encontrar un oído abierto en otras mujeres, y luego pretenda encontrar otras "cosas" receptivas en ella.
    Por eso, charlar sí, pero con mesura, sin buscar el doble discurso, la palabra picaresca, con la resolución de hallar alguien para un encuentro sexual prohibido.
    Como podemos apreciar, esto en lugar de machismo, es respeto a la institución social y divina de la familia, y de la fidelidad debida entre los conyuges.
    Lo que el hombre pretende de su esposa (en tema fidelidad), seguramente que también es recíproco.
  6. La palabra utilizada en hebreo para "charla" esta asociada a la charla liviana, a las palabras superficiales, y no al verdadero diálogo, a las palabras con sentido y con entendimiento del otro. Hablar con la mujer, esposa o extraña, chabacanerías, groserías, estupideces o abundantes cosas livianas, es una ofensa a la condición superior de la mujer, que se merece ser tratada con el respeto debido a su elevado nivel espiritual.
    Charlar frívolamente con la mujer es similar a usar diamantes como picaportes de los establos. ¿No es mejor utilizar las palabras dirigidas hacia una mujer con una finalidad mejor? Dialogar en lugar de charlar.
  7. Cuando el hombre se encuentra con la mujer (cualquier mujer) quiere esconder su propia condición, espiritualmente inferior. ¿De qué manera? Pues, no intentando ascender a su nivel, sino de descenderla al propio. Por lo que el consejo del sabio es: no abundar en inutilidad con la mujer, para no humillarla y humillarnos, sino intentar hacer brotar palabras de Torá y acciones de bien, con el objetivo de mejorarnos y de promover el mejoramiento de la familia.
  8. Cuando al hombre le ocurre un percance acude inmediatamente a su madre o a su subrogado, quizás la esposa. Pero, resulta que una madre, por la especial relación madre - hijo, ve a su hijo de una manera, en tanto que el resto de las mujeres, de otra distinta. Por eso nos avisan los sabios, no hay que correr a la falda de la propia mujer, y menos de otra, intentando hallar el consuelo de mamá, porque eso lleva a desvalorizarnos a sus ojos, y por lo tanto a promover la discordia en la relación conyugal.
    Hacer partícipe a la esposa de los inconvenientes personales, sí. Pero convertirla en depósito de toda el "estiércol", no.
    Quien así hace busca su perdición y el de su familia.
    Esta forma de encarar la relación matrimonial, obviamente que en nada ofende la condición de la mujer, sino que nos resalta su importancia y su impronta singular, distinta a la relación maternal.
  9. La mujer como pilar de la familia no tiene necesidad de charlas que la denigren, sino de palabras que la embellezcan y la llenen de contenido. Si la mujer necesita dialogar, precisa un "espejo" brillante que refleje lo que ella precisa en ese momento. Si precisa el mimo, la caricia (verbal o física), el contacto íntimo, no le alcanza con trivialidades, con los juegos pueriles de muchos hombres. Por eso, no hay que abundar en charlas livianas con la mujer, sino honrarla y respetarla en sus necesidades, como pretendemos que sea hecho con las nuestras. Esto no es sólo aplicable a nuestra mujer, sino a todas. Pues todas las mujeres que conocemos se merecen el trato honroso, que generalmente el "macho chauvinista" les niega.
  10. La alta condición espiritual de la mujer, como todo en este mundo, puede ser utilizado para el Bien o para el Mal. Las personas más dotadas (en cualquier aspecto) son las que más alto pueden llegar, o las que caen a lo más profundo. En tanto que los mediocres, sólo suben o bajan, también, en forma mediocre.
    El primer masculino humano de la historia pecó por primera vez a instancias de la primera femenina humana, la cual habiendo estado en un nivel espiritual más perfecto, cayó de forma más veloz y estrepitosa. Repetimos, no por carencia o peor condición, sino precisamente por todo lo contrario, por su primera cualidad de perfección.
    Así que nuestros sabios instruyen a los hombres a intentar superarse con mucho más esfuerzo del que precisa la mujer para llegar al mejoramiento personal; pero a la vez, a no dejarse seducir por aquellas personas preponderantes (en general mujeres) que aplican su dominio para el mal, en lugar de estar encauzadas hacia el bien.
    Y que conste, las mujeres, al igual que los hombres, pueden obrar en el bien o en el mal, pero, el poder espiritual de las mujeres es por naturaleza superior, y por lo tanto, intrínsecamente más peligroso.
    Entonces, en lugar de considerar a la mujer como la débil de la ecuación, se la estima como la que en verdad es fuerte, por lo cual, hay que andarse con más cuidado con ella.
  11. El Ietzer HaRa (instinto al mal) busca la liberación de las energías en procura del placer pasajero, del gozo superficial y del momento. Como ya hemos dicho, por causa de su nivel más elevado, el Ietzer HaRa de la mujer es superior que el del hombre. Por eso lo que para el hombre puede ser en extremo gozoso, para la mujer apenas puede ser pálido o tibio. Por eso lo que para el hombre es indiferente, para la mujer es trágico, que provoca las lágrimas.
    Tenemos entonces que no es la debilidad de la mujer lo que la hace más sensible, sino su superioridad. Pero, cuando la fuerza desatada y sin control de la mujer se manifiesta, el hombre es como una pequeña nave en medio del mar embravecido. El sabio Iosi nos dice entonces, que es mejor para el hombre cuidarse de la mujer, para no perderse. ¿Porque la mujer es mala? ¿Porque es pecaminosa? NO. Porque lo que para la mujer es energía manejable, para el hombre lo supera. Es como querer contener una carga eléctrica de gran potencial en un cable poco resistente, el cable finalmente termina quemado. No porque la electricidad sea "mala", sino porque la naturaleza del cable no le permite lidiar con ese poder.

 

Algunas preguntas habituales

Como dijéramos, las producciones individuales de los judíos, no necesariamente son parte del judaísmo.

Flavio Josefo vivió en una época difícil, en circunstancias duras, y en una cultura dominada por el pensamiento helénico y romano. Así que, las palabras de este historiador son suyas, pero no judías.

En lugar de competir la pareja debe compartir. Existen diversos roles, funciones, actividades, y no es ni útil, ni práctico ni sabio el que todos hagan todo.

Por ser la mujer la que procrea, y la que antes lleva a la criatura en su vientre, la relación hogar - mujer aparece más que como una necesidad social, como una extensión de la relación natural primaria entre el feto y su madre.

No es esto excusa para que el hombre "tire" toda la responsabilidad del hogar y de la crianza de los hijos, sino para entender porqué el imperio de la mujer comienza en el seno del hogar, y luego se puede llegar a extender a otros dominios.

Existen dos templos, uno que es al cual se va, que queda fuera de la familia, que es lugar de reunión social, con sus normas, ritos y procedimientos. En tanto que el otro templo es el hogar, con sus propias normas. En este templo la mujer es la sacerdotisa, pero no por eso es desplazada, sino todo lo contrario, recibe el elogio y el mérito mayor de ser responsable del mantenimiento de la familia dentro de la tradición judía, cosa que por más que el hombre concurra a la sinagoga, jamás puede éste lograr.

Según nuestros sabios es la mujer la que "hereda biológicamente" la condición "religiosa" a su descendiente. Es decir si la madre es judía y el padre no, el hijo/a es judío. En tanto que al contrario, no.

¿No es esto prueba evidente del papel fundamental y primordial de la mujer judía?

Claro, la razón que se puede argumentar para esta herencia del judaísmo, es que la madre indudablemente es conocida, sabemos de quién sale el hijo, pero, no podemos (no podíamos) con certeza afirmar quién era el padre (por infidelidad, violación, etc.).

Pero, la otra razón es que el feto al ir creciendo dentro de la madre, recibe las influencias de ésta, la educación sin palabras e íntima de los primeros meses. Luego al mamar la leche materna (o del biberón, da lo mismo) el contacto inicial marca a fuego lo que posteriormente será la vida de la persona.

Así que sabiamente nuestros sabios decidieron que es la madre la que hereda su "religión" al hijo.

Que la mujer quiera participar del templo, no está mal. Es más, ni siquiera debe ser tildado de reformista, pues la halajá (procedimiento legal judío) lo contempla.

Pero, ¿es necesario? Esta es la mejor pregunta que además sirve de respuesta.

Para dejar claro: el hogar no sólo para la mujer, ni la sinagoga no sólo para el hombre. Pero ambos tienen roles que cumplir, y si así funcionó sin problemas y sin opresiones durante milenios, ¿en qué anda mal?

Pues, no.

En realidad es alabar a la mujer.

Cualquier persona que viva judaicamente sabe que la mujer es pilar del judaísmo, y que no se encuentra en las fuentes verdaderamente judías alusiones negativas a la mujer como género.

Por ejemplo, Dios le dice a Avraham que cumpla con lo que su mujer, Sará, le diga (Bereshit 21:12), aunque lo que ella exigía era sumamente doloroso para él.

Nuestros sabios enfatizan a menudo la fuerza moral y espiritual de la mujer. Por ejemplo, gracias a las mujeres fuimos liberados de Mitzraim (Sotá 11b); las mujeres aceptaron primero la Torá; ellas no participaron del Becerro de Oro; fueron las más generosas para edificar el tabernáculo; tuvieron participaciones fundamentales en Purim, Janucá, etc.

En los libros apócrifos, en relatos populares, jamás la mujer judía fue víctima de burla o de rechazo, o de impugnación de su valiosa esencia, sino que siempre fue alabada y bien considerada.

En ocasiones figuras femeninas son denostadas, sean personas individuales (como Izebel esposa del rey Ajab), o colectivamente, como la mujer licenciosa o la ramera, pero, también los hombres burladores y los malvados fueron tratados con rudeza, o algunos personajes masculinos (como Ierobam ben Nevat) sin miramientos.

Es decir, no hay predilección en las fuentes judías por el varón por sobre la mujer.

Sigamos con la berajá que aparenta ser lesiva para la mujer.

La paciencia, misericordia, bondad, destreza, vigor, etc., que la mujer posee para concebir los hijos y luego dirigirlos por el buen camino, son demostraciones de la espiritualidad superior de la mujer, que ya hemos mencionado hasta el cansancio.

De seguro que no hay hombre que pueda seguir el paso de la mujer, pues caería rendido antes de llegar a la mitad de lo que la mujer anda.

Denominar al género femenino como sexo débil es una defensa endeble del hombre, que en algunos aspectos físicos sí es más poderoso, y que por lo tanto, trata de ocultar su flaqueza denigrando a quien en realidad es fuerte. Es la vieja táctica del que tiene un autoconcepto pobre de sí mismo, por lo cual se infla de aire, de vacío, de orgullo, en tanto rebaja a quien en verdad es mejor...

Pero, dentro del judaísmo la mujer jamás fue el "sexo débil", sino la contraparte complementaria del varón.

Nuestros sabios exceptuaron a las mujeres de la mayoría de las mitzvot positivas que tienen un tiempo determinado (por ejemplo, tefilín), las razones al menos son tres:

  1. La propia condición superior de la mujer, hace que sea recurrente el cumplimiento de estas mitzvot. Sería como pedirle al ingeniero que comience todos los días aprendiendo el mecanismo de la suma o de la resta. Es innecesario por obvio e inútil. Claro, está dentro del campo de lo posible para la mujer. Pero, en lugar de cumplir con mitzvot que no tiene obligación, ¿no es más apropiado que cumpla las que sí son su responsabilidad?
  2. Las mitzvot de tiempo determinado son un recordatorio para el hombre de su tiempo limitado en Este Mundo, de su imperiosa necesidad de progresar espiritualmente. Dios, en cambio, ha dotado a las mujeres de un mecanismo bastante regular de tiempo, su período menstrual, y su etapa marcada de menopausia, final de su fertilidad. Por lo cual, la mujer cuenta con un testimonio personal del pasaje del tiempo, más constante que el hombre.
  3. Las necesidades del hogar hacen muchas veces imposible o dificultosa la correcta ejecución de las mitzvot. Ya expresamos que el hombre también participa del hogar, pero que la reina es la mujer. No discutiremos si es biológico o social, si esto sí es machismo o no. Queda claro cual es nuestra opinión, fundamentada en el judaísmo.

Luego de este extenso prólogo podemos contestar la pregunta: el hombre agradece por no ser mujer, pues esta bendición se incluye en las bendiciones que agradecen a Dios por el cumplimiento de las mitzvot; ya que el hombre debe cumplir más mitzvot que la mujer, entonces se agradece por esto.

¿Y por qué no se agradece por ser hombre?

Pues, precisamente por lo contrario de lo que se supone. Al designarnos como hombres nos estamos "menospreciando", y eso es pecar. Por lo cual, negamos nuestra perfección y anteponemos lo que es mejor a nosotros, esto es, la mujer.

¿Y por qué la mujer bendice que fue hecha a Su Voluntad?

Porque la Voluntad Divina es una de las esferas superiores del Eterno. Con esta bendición expresa la mujer que reconoce su procedencia de niveles elevados, de estadios superiores, pues es hecha con Grandeza.

En definitiva, en lugar de menosprecio, elogio que encubre la pobreza del hombre.

Quien afirma esto demuestra suma ignorancia, además de prejuicio.

Sará, Rivká, Leá, Rajel, las parteras en Mitzraim, Miriam, Iudit, Rut, Ester, Abigail, BatSheva, Deborá, Iael, Julda, Janá, Bruriá, Golda Meir, etc. son ejemplos de todo eso que se dice que no hay.

Esto ya lo contestamos.

No lo hacen, porque no lo precisan, en tanto que para el hombre es una necesidad espiritual, para intentar alcanzar el grado espiritual de la mujer.

Como dijimos ya, aquel que está más arriba puede caer más bajo.

El hombre con su tosquedad sirve de parapeto a la mujer. No por ser él superior, sino por ser menos.

De esta manera el primer error, el de comer del fruto prohibido del conocimiento del Bien y del Mal, puede ser prevenido.

Entonces, más que maldición, es medicina, desagradable pero efectiva, para limitar la potencialidad de la mujer (no de buscar el Bien, sino de caer y hacer caer).

Esta es otra pregunta hija de la ignorancia.

La Torá estipula que sea entregado "sefer kritut", que correctamente traducido es "carta o escrito de separación o corte".

Claro, en realidad repudio también es sinónimo de separación, pero, ocurre que se la toma como algo indigno para la mujer, ofensivo y denigrante.

La verdad es otra.

En ningún momento del divorcio es necesaria la bajeza, la rudeza o los malos tratos. Es más, ni siquiera se precisa escribir o detallar las causas de la separación.

En el procedimiento legal de separación nada se da, ni se recibe. Una relación que resulta perjudicial, es cortada, para beneficio de las partes. Y algún procedimiento legal debe ser aplicado. Este procedimiento se basa en la Torá, pero tomó mucho de las culturas que cobijaban o influenciaban el judaísmo rabínico. Por eso toda la connotación machista, cuando en principio no es más que la aceptación mutua del final de un matrimonio fracasado, y de la liberación para un futuro mejor de ambos, y de la familia.

También, porque en la antigüedad estaba permitida la poligamia (un hombre desposado con muchas mujeres), pero no lo contrario. Así, el hombre debía dejar constancia de que la mujer estaba en efecto y a todos los efectos libre para contraer nuevo enlace. Así que en lugar de perjuicio contra la mujer, es para su beneficio.

Una de las manifestaciones culturales pretéritas que fue corregida a lo largo de los siglos, y que no tuvo mucho fundamento no seguimiento dentro de la norma familiar judía.

Falso.

El primer ser creado era andrógino, de ambos sexos. La Torá lo expresa claramente, y abundantes midrashim lo sostienen.

Más adelante, Dios separó al hombre de la mujer. Sin embargo, aún nosotros poseemos características de ambos sexos, fisiológica y psíquicamente.

Se incurre en el común error porque el lenguaje en general utiliza el género masculino para alusiones indefinidas, tal como Hombre, Dios, etc.

Esto es incorrecto, a medias. Para ciertos testimonios son tan válidas las declaraciones de las mujeres como de los varones, pero, en aquellos asuntos que las mujeres no tienen obligación (ver más arriba), su testimonio no es útil.

¿Es necesario el feminismo?

Por lo que hemos sucintamente aportado, el machismo no es parte del judaísmo, ni lo fue.

¿Acaso es necesario un movimiento radical que propugna afianzar los derechos de la mujer?

La respuesta parece obvia.

Pero, en tanto vivamos en sociedades que rebajan la condición de la mujer, el activismo judío en liberarlas del yugo indigno es útil.

Claro, si los judíos viviéramos como tales, seríamos ejemplo de armonía y convivencia, y serviríamos para alumbrar un poco las habituales difíciles situaciones que muchas parejas, familias o individuos padecen.

 


Este artículo fue escrito a fines de junio 1999, Tamuz 5759, a pedido de alumnos de cuarto grado de liceo Integral.

Estamos abiertos a comentarios, sugerencias o más interrogantes.

Intentaremos continuar profundizando, con tiempo y un poco más de estudio.

Yehuda Ribco


Si les quedan interrogantes, comentarios o sugerencias, háganlas llegar que son siempre muy bienvenidas.

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