Cabalá (Kabbalah)

YR Por Rav Yehuda Ribco
15/05/2002 4 min de lectura
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Torá Viva y Sabiduría Aplicada a la Vida

Cabalá (Kabbalah)

Por Rav Yehuda Ribco • 15/05/2002 • Material de estudio para la mesa de Shabat

Tres son los factores que interactúan para la formación de la personalidad:

En esta oportunidad veamos un poco acerca del tercer factor.
El niño va tomando los modelos que sus mayores le ofrecen constantemente.
Conscientemente o no, él presta mayor atención y privilegia los patrones de
conducta (actos y actitudes) que percibe en sus padres
(o personas que lo crían habitualmente).

Así pues, los que modelan deben tener doble
cuidado en su actuar, pues (lo quieran o no) están
perpetuando su estilo de vida (educando) a sus hijos
en sus mismas sendas.

Esta educación a través de sus conductas puede
tener tres tipos de resultados, en orden de frecuencia son:

  • que el hijo adopte directamente alguno
    de los patrones de conducta de sus padres;

  • que el hijo desarrolle un patrón de conducta
    complementario; o

  • que el patrón de conducta sea antagónico
    al de su/s padre/s.

Desde el punto de vista de los padres, estos
tres tipos de reacción suelen ser juzgados como:

  • el hijo invisible, anónimo o heredero;

  • el hijo bueno o facilitador; y

  • el hijo rebelde u oposicionista.

Mencionaremos un ejemplo extremo, que ilustra lo que pueden llegar a ser los
resultados en la personalidad de los hijos a partir de las acciones
paternas. Es un ejemplo drástico, pero que tristemente
es muy común (ya desde Noaj/Noé, es así ver Bereshit /
Génesis 9:21-25 📖): el del abuso de alcohol por parte de alguno de los
padres.
Reconocemos que las familias con alguno de los
padres alcohólicos suelen criar hijos adictos a sustancias o relaciones.
A veces los hijos de alcohólicos viven una vida de facilitadores para las
adicciones de sus allegados.
Aunque en ocasiones, los hijos pueden desarrollar una aversión al alcohol, y
entonces viven una vida de "oposición a algo" en lugar de vivir en
"construcción de algo".

Cada patrón de conducta de los padres, sea positivo o negativo, educa a sus
hijos y los refuerza en la edificación de su personalidad, no debemos
olvidarnos de esto.

Anotemos un detalle no menor, cada uno de
estos tres tipos pueden estar presentes en la misma persona, al mismo
tiempo.

Al momento de educar hijos para que anden por
los caminos del bien y la corrección, ¿qué es lo que deberíamos priorizar?

Se ha comprobado que los niños que se sienten seguros y cuidados
por sus padres, despliegan con mayor facilidad y eficacia sus
potencialidades positivas, y desarrollan a su vez una personalidad
aseguradora y cuidadosa.

El sentimiento de seguridad de un hijo, que
conlleva un adecuado amor propio, fundamentalmente se forma a partir de la actividad y las
actitudes aseguradoras y cuidadosas que tengan sus padres en la vida, y
especialmente hacia él.
El niño naturalmente busca amparo en el cariño y en la comprensión de sus
progenitores primero y recién después en el ambiente que le rodea.
Por lo cual, el pequeño
necesita contar con sus padres, “tenerlos a la mano”, no importa si hay
otros hermanos, cada hijo necesita sentir que
sus padres lo protegen y que están allí para apoyarlo y ayudarlo.

Claro está, que esto no significa que los padres deban sobreproteger a sus
hijos, ya que esto supondría un entorpecimiento de su desarrollo.

Lo adecuado es: seguridad a la par de estimular una progresiva
independencia y desvinculación cuando ello sea oportuno.
La independencia de un hijo con respecto a sus padres se puede ir
construyendo a través de
darle responsabilidades acerca de sí mismo y de sus hermanos, sí pueden
enseñarles a cuidarse y quererse, todo dentro de lo adecuado a la edad del
niño.

Hay que educar para la libertad, para la autodeterminación, lo cual será
perfectamente compatible con la constancia de los afectos.

Para poder desarrollar las propias iniciativas, el niño requiere una
seguridad básica fundamentada en el afecto de sus padres.

Así, por ejemplo cuando se está educando para
actuar con responsabilidad, es preciso no basar la instrucción en el miedo
ni en cuestionar sobre su propio bienestar.


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 Yehuda Ribco



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ACERCA DEL AUTOR

¿Quién es el Rav Yehuda Ribco?

Más de 4 décadas dedicadas a la enseñanza y difusión de la Torá viva, la ética judía, el pensamiento auténtico y la psicología espiritual aplicada a la vida cotidiana. Es autor de la monumental traducción moderna y completa del Tanaj al español latinoamericano (disponible en la inmensa biblioteca de Sefaria y en la app de Tanaj de SerJudio).

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