F.G. FLORES nos consulta:
Buen día Moré y amigos de Fulvida;
Como siempre deseo agradecerle a usted y los que día a día dedican su tiempo para que encontremos nuestra identidad espiritual.
¿Conoce usted de alguna forma para poder predeterminar si nuestros pensamientos, intenciones o acciones que a vayamos a realizar están sirviendo realmente a una noble causa o al ego solapado?
Muchas gracias por su respuesta y que El Eterno le bendiga a usted, a sus seres queridos y a todos aquellos que realizan tan noble labor.
F.G. Flores, 27, Estudiante, San José, Costa Rica.
Buen día, le damos una calurosa bienvenida y agradecemos que participe activamente en la construcción de Shalom.
Es una cuestión muy interesante y muy atinada.
En principio, no hay receta mágica, ni análisis de laboratorio, ni “rayos X” que permitan desnudar nuestros pensamientos, intenciones o acciones hasta el punto de reconocer cuánto está compuesto por EGO o por otras motivaciones.
Ejemplo: una persona dona generosamente para un centro hospitalario, una gran fortuna destina a ese fin, no es para ser atendido allí ni él ni su familia, a primera vista es un acto completo de solidaridad y altruismo. Pero resulta que cuando el administrador del hospital olvida felicitarlo para su cumpleaños, el señor millonario muy ofendido se apena por su donación y desea no haber sido tan “generoso” con gente tan “mal agradecida”.
El señor millonario quizás tenía la plena intención altruista, es decir falta de EGO negativo, pero en el camino algo se marchitó y el EGO reclamó ser servido.
¿Puede pasar?
¿Pasa?
Ejemplo: le compra a su novia un regalo, pero luego se queda con sabor amargo porque ella no le retribuyó a la medida en que usted esperaba.
Es similar al anterior, aunque no lo es en realidad.
Ejemplo: colaboro con FULVIDA enviando unos articulitos más o menos originales, porque declaro mi agradecimiento al Moré por haberme devuelto mi identidad espiritual y etc., pero cuando el Moré me muestra que la Ley Espiritual niega a los noájidas el acceso libre y compulsivo al estudio de la Torá (heredad eterna de la nación judía), me voy dando un portazo e insultando y me cobijo debajo del primer “rabino” (titulado o no) que me dice palabrejas cabalisteras y hace hocuspocus arameos y me llena de lisonjas religiosas.
Entonces, ¿podemos saber hasta dónde llega el poder del EGO?
La respuesta es no.
No tenemos forma hasta que se llega al fin del trayecto.
Porque, hasta lo más encumbrado y en apariencia trascendente puede esconder migajas de EGO, o un EGO agazapado listo para saltar, o motivaciones escondidas e inconscientes.
Somos un mecanismo sumamente exquisito y complejo, formado por infinidad de elementos, estructurado en cinco planos interconectados de manera sistémica y enmarañada.
Solamente Dios es el Juez perfecto y justo, pues ni siquiera nosotros mismos podemos saber a ciencia cierta lo que se esconde en nuestros actos, palabras, pensamientos… tenemos una enorme zona escondida de nuestra conciencia, nuestro aparato inconsciente, que opera y trabaja sin descanso afectando nuestras acciones, pensamientos, palabras y muchas veces este aparato está dominado por el EGO.
Por tanto, una buena educación espiritual, un constante entrenamiento en la construcción de Shalom, un autodescubriemiento por medio de la CTerapia, un proceso de depuración emocional con psicoterapia, el escuchar el consejo de los sabios, el aprender a ser humilde son esenciales a la hora de mitigar el poder del EGO y de hacernos amos de nuestro propio palacio interior.
Un gran consejo sería vivir con simpleza, sin complicaciones innecesarias, sin rituales que nadie comandó, sin dudas extralimitadas, sin imposiciones forzosas, sin adoptar costumbres ajenas que en nada benefician, sin encubrise detrás disfraces, tal como la propia Torá ordena a los juíios y bien cabe como consejo de vida para los gentiles: “Tamim tihie im Hashem Eloeja”, “debes ser sencillo, simple, con tu Dios” (Devarim / Deuteronomio 18:13 ).
¿Para qué complicarnos la vida, si es tan bella?
No sé si le satisface mi respuesta, no sé si me satisface a mí. Quizás en otro momento la amplíe o la varíe, pero mientras tanto un consejo más: no se petrifique por miedo al EGO, sino que viva a pleno, aquí y ahora, siendo constructor de Shalom. Porque es mejor dar caridad, aunque sea por motivos egoístas, que guardarse el dinero con excusas altruistas.
¿Está claro?
Que sepamos construir Shalom, que sepamos saber construir Shalom.
Moré Yehuda Ribco
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