Aquel que se arriesga a dejar su miserable isla inhóspita para surcar el océano plagado de riesgos en pos del buen puerto,
está en condiciones de alcanzarlo, tarde o temprano.
Pero, el que se acomoda a su padecer y se ilusiona con que es mejor ese sufrimiento que el riesgo desconocido,
tristemente termina su vida envuelto en su ilusión y pobre anímicamente.
Alejado de sí mismo, falto de contacto real con los otros.
¿Cuál quieres que sea tu destino?
Eres tú el que comanda la nave que es tu vida.
Más al respecto: https://serjudio.com/cterapia/cab050829.htm
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