Alegría vergonzosa

YR Por Rav Yehuda Ribco
21/01/2013 7 min de lectura
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Torá Viva y Sabiduría Aplicada a la Vida

Alegría vergonzosa

Por Rav Yehuda Ribco • 21/01/2013 • Material de estudio para la mesa de Shabat

FULVIDA en Costa Rica continúa creciendo y esto hace que el suscrito tenga que dedicar más tiempo offline que online, empero, ello no implica que no siga paso a paso los acontecimientos aparte que tengo buenos amigos que mantienen informado. En estos momentos me encuentro escribiendo mientras en el Discovery Channel veo a Lance Armstrong con ojos vidriosos y a Oprah Winfrey con una cara de compasión, que en sus ojos no demuestra prejuicio sino compasión; compasión hacia un gigante caído, hacia un hombre que se ha enterado que es humano y esto me recuerda el proceso de Teshuvá, es decir, de regreso.

En estos momentos muchas personas critican y como decían en Los Simpson, cobran el “impuesto de resentimiento a las personas exitosas”, porque en nuestra torcida mente a veces decimos admirar a los que consideramos mejores que nosotros aunque en realidad los envidiamos secretamente. Nos ponemos kippot pero nos decimos noájidas, señalamos con el dedo al criminal de cuello blanco que estafó a cientos en tanto que nosotros mentimos en nuestro formulario para la declaración de impuestos.

Sigo escribiendo y escuchando a Oprah que le dice a Lance que “cuando eres famoso, las personas aman verte ascender pero también aman verte caer y  tambalear” y es que al menos Lance Armstrong ha confesado ser “un mentiroso y un tramposo” como bien dijo Owen Bennett Jones de la BBC, pero ese “mentiroso y tramposo” está arrepintiéndose de lo que hizo y tiene el valor de aparecer en medios de comunicación confesando su historia. Mi hermano dice que Armstrong tuvo la oportunidad de hacerlo antes y no lo hizo y mientras tanto en la mesa de la cafetería del trabajo las personas hablan de la caída de Armstrong con la satisfacción como quien acaba de alcanzar una gran meta.

En la carrera profesional que estoy próximo a terminar, se nos enseña el régimen de la ley y aquel adagio romano de “dura lex sed lex” pero no se enseña la compasión que se debe de tener hacia quien se arrepiente. ¿Quiere decir esto que apoyo todo lo malo que Lance Armstrong hizo? ¡De ninguna manera! Pero dejémonos de cosas, ¿cuántos de nosotros no nos hemos hecho de la vista gorda ante injusticias o no hemos cometido acciones que sabemos que son malas y aún así lo hacemos?

No se trata de ser un hipócrita y no se trata de ser un alcahuete tampoco, ahora viene lo más difícil para Armstrong que son las demandas por denuncias calumniosas, posibles causas penales por estafa, etc., así que de ninguna manera podemos decir que ya porque se le nublaron los ojos en televisión cuando habla del momento en que le dijo a su hijo que no lo defendiera más, que ya por eso se nos van a nublar los ojos a nosotros también y le vamos a dar un pase especial para que se abstraiga de sus responsabilidades, sin embargo, es evidente que no sólo Lance se enfrenta a sus demonios internos, también lo hacemos nosotros, pues nuestra medida de humanidad yace en no sentir esa satisfacción por el mal que el sufre, esa felicidad vergonzosa que se siente cuando se ve a alguien caer.

Como deportista vi muchos Lances en el colegio, muchas veces pese a dar lo mejor de nosotros, muchos compañeros y yo no lográbamos formar parte de la alineación titular y no era porque fuéramos malos, pero los que nos ganaban se rumoraba que usaban esteroides. ¿Era o no verdad? No lo sabemos, pero su desempeño no era congruente con el de otras personas que también eran buenas en lo que hacían, no podíamos lanzar una pelota al plato a casi noventa millas por hora, siendo adolescentes, entre otras cosas.

Quizás todos desearíamos utilizar esteroides, a mí en el colegio me los ofrecieron pero gracias a mi familia no lo hice. Muchos otros quizás no tuvieron mi suerte y los utilizaron sin saber lo dañinos que son, o quizás sabiéndolo, pero desconectándose de la realidad y creyendo que eran infalibles, recurrieron a los esteroides y quizás no hayan ganado el Tour de France pero sí el torneo entre condados y quizás hasta el estatal.

Lance habla de la arrogancia que él sentía y que todavía siente. Esa arrogancia es más venenosa que el cromio hexavalente, es más cancerosa que la radiación de Chernobyl y es más duradera que el acero. No es Lance a quien muchos ven con malos ojos, es a su espejo, porque hacen lo que sea y evitan el silencio a toda costa y evitan saberse a sí mismos, porque no se aceptan como son entonces se agregan a la algarabía y al jolgorio de ver el sufrimiento ajeno, máxime de alguien a quien le resentían su éxito.

El verdadero arrepentimiento se da cuando nos comenzamos a perdonar a nosotros mismos, por lo que pude ver, parece ser que Lance no se ha perdonado a sí mismo, pero al menos ha comenzado por buscar otra forma de no volver a cometer los mismos errores del pasado. No hay que aplaudirle su mal actuar pero tampoco mofarse de su toma de responsabilidad. ¿Cuántos políticos no hay en el poder quienes descaradamente se enriquecen a coste del pueblo? ¿No es el andar en un auto de lujo todo terreno último modelo viendo a otros por encima del hombro y sintiéndose mejor que los demás cuando ese dinero se la han robado del erario público algo parecido a tomar drogas para ganar una competencia ciclística? ¿Cuántos malandrines de cuello blanco no hay que estafan y que de manera inteligente se abstraen de la Justicia? ¿Y qué hay de los patrocinadores? Sería muy insensato pensar que con el poderío económico y de otra índole que manejan, no se enterarían del dopaje de Armstrong.

Si Lance ha llegado y ha buscado reparar el daño realizado a través de la aceptación de su error, no creo que debería ser el único que tuviera que hacerlo pues la verdad todos esos que experimentan schadenfreude, es decir, una alegría producto del mal que alguien más ha sufrido, no son mejores que el que hace trampa para ganar. Pero quizás lo más preocupante de la schadenfreude es precisamente que pone en evidencia nuestro verdadero ser, ya no de manera jocosa sino de manera preocupante, pues si yo me regocijo del mal que alguien más sufre, no soy mejor que esa persona cuando hizo la maldad por la que en este momento sufre.

El castigo busca alinear y no sólo lastimar y la verdad es que salvo un par de veces que vi una que otra carrera del Tour de France, el nombre de Lance Armstrong me era indiferente en el deporte aunque sí le admiré muchísimo por la fundación. Lance Armstrong no representó al ciclismo como tal sino como una esperanza y este comentario, lejos de ser una apología o un alegato que busca liberar de responsabilidad a este hombre, busca más bien ser sobrio y propende a que auscultemos en nuestro interior y que analicemos nuestros trofeos de nuestros Tours de France internos ganados con mentira y trampa para que aprovechemos la ocasión de sacar a relucir lo mejor de nosotros mismos en pos de mejorar el mundo en el que vivimos.

Hoy más que nunca comprendo las palabras del sabio Rey Salomón de que no hay que sentir schadenfreude cuando alguien está siendo castigado y más bien es nuestro deber el buscar contribuir a la construcción de Shalom precisamente construyendo y no destruyendo.

Schadenfreude sólo demuestra que nuestra vergüenza por nosotros mismos es lo que nos hace felices.
Schadenfreude sólo demuestra que nuestra vergüenza por nosotros mismos es lo que nos hace felices.
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ACERCA DEL AUTOR

¿Quién es el Rav Yehuda Ribco?

Más de 4 décadas dedicadas a la enseñanza y difusión de la Torá viva, la ética judía, el pensamiento auténtico y la psicología espiritual aplicada a la vida cotidiana. Es autor de la monumental traducción moderna y completa del Tanaj al español latinoamericano (disponible en la inmensa biblioteca de Sefaria y en la app de Tanaj de SerJudio).

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