¿Ego espiritual?

YR Por Rav Yehuda Ribco
06/03/2015 4 min de lectura
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Torá Viva y Sabiduría Aplicada a la Vida

¿Ego espiritual?

Por Rav Yehuda Ribco • 06/03/2015 • Material de estudio para la mesa de Shabat

El EGO, también llamado IETZER HARÁ, tiene asiento en una sección del cerebro, que compartimos con muchas especies animales.
No es una entidad mística, ni un ángel alado de luz o oscuridad, ni una energía metafísica, ni siquiera es una metáfora, sino una función natural, instintiva, primitiva, normal que se dispara en ocasiones en las cuales estamos en impotencia y precisamos reaccionar de forma automática e inconsciente para obtener auxilio externo o para actuar de forma refleja para salvarnos del percance.

El problema radica cuando el EGO se dispara cuando sentimos impotencia y no la estamos experimentando en la realidad; porque estaríamos desplegando un repertorio de respuestas inapropiadas para resolver la situación.
También es conflictivo cuando debiendo recurrir a otros mecanismos caemos en el hábito de actuar bajo el mando del EGO; así, la respuesta más evolucionado debiera servir para resolver las cuestiones de manera eficiente, pero al actuar de acuerdo al EGO terminamos ampliando y/o profundizando una crisis.

El EGO, cuando ejecuta su trabajo dentro del marco adecuado, es un gran aliado; está precisamente para ello, para salvarnos.
Pero, cuando irrumpe y trastorna el accionar en situaciones innecesarias o inadecuadas, se convierte en un obstáculo (a superar).
Por esto mismo, es que al sortear las trampas del EGO logramos fortalecernos, crecer, mejorar, beneficiarnos.
Por tanto, incluso al estar usurpando roles y molestando, si sabemos cómo manejarnos correctamente, el EGO no es más que la mancuerna para ejercitarnos en nuestro entrenamiento del músculo de la superación personal. Pero, si tropezamos y caemos con sus trucos, entonces es doble el esfuerzo para sobresalir y perfeccionarnos.

Muchas personas terminan en ciclos tóxicos, de enfermedad, abandono, pobreza, idolatría, engaños, desanimo, locura, enojo, altercado, separación, etc., por estar siendo comandados por su EGO, en lugar de mantenerlo limitado y al servicio del bienestar del individuo.

Por su parte, el espíritu, la NESHAMÁ, el Yo Esencial, no tiene asiento en ninguna parte de nuestro organismo. Quizás, y de ello no tengo certeza, alguna porcioncita del cerebro actúa como su interfaz con el cuerpo; no lo sé, no tengo como saberlo, y prefiero no especular.
Esa identidad pura que somos, aquí/ahora y en la eternidad, no puede ser modificada por el EGO, ni por nada que hagamos o dejemos de hacer. La NESHAMÁ no depende de nuestra voluntad, deseo o accionar, sino que solamente depende del Eterno, pues es una chispa Divina. Así pues, si hay algo de nuestro ser que jamás puede ser conquistado por el EGO, o secuestrado para servirle, es el espíritu.
Pero, nuestras acciones van creando cáscaras en torno al espíritu, sin tocarlo en lo más mínimo, sin disminuir un grado de su brillantez. Lo que se obstaculiza es la llegada de su LUZ al resto de nuestro ser. Cada pecado, desviación de la senda correcta, pone una mancha que rodea la LUZ. Cada acción sintonizada con la senda del bien, limpia una de esas manchas, o amplía el canal de pasaje de la LUZ para que irradie con mayor potencia en nuestro ser. Así también actúa la TESHUVÁ, limpiando, armonizando, encaminando, devolviendo la luminosidad a los rincones oscurecidos.

Si comprendes esto, te das cuenta que es imposible hablar de un EGO espiritual.
El EGO impide el pasaje de la LUZ, pero no afecta al espíritu.
La NESHAMÁ continuamente alumbra, susurra para orientarnos, es la brújula imperceptible que nos marca el norte ético que debiera movernos y servirnos para pensar.

El espíritu, lo espiritual no pueden ser egoístas, es por definición algo imposible.
Si bien, el propio espíritu nos impulsa a mantener una actitud de “egoísmo positivo”, que es el afán por obtener aquello que precisamos para nutrirnos y crecer, sin que por ello agredamos injustamente a otro ser.

Entonces, si te encuentras con gente que dice estar transitando el camino espiritual, pero sus acciones no lo demuestran; debes tú evaluar cuánto oído prestar a sus prédicas y peticiones. No está en ti juzgar de manera parcial, ni condenar; pero sí es tu deber analizar, estimar, para conducirte con la LUZ a través de acciones concretas de bondad Y justicia.
Esto es el grado máximo, actuar siempre como constructor de SHALOM, actuar con bondad Y justicia.

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ACERCA DEL AUTOR

¿Quién es el Rav Yehuda Ribco?

Más de 4 décadas dedicadas a la enseñanza y difusión de la Torá viva, la ética judía, el pensamiento auténtico y la psicología espiritual aplicada a la vida cotidiana. Es autor de la monumental traducción moderna y completa del Tanaj al español latinoamericano (disponible en la inmensa biblioteca de Sefaria y en la app de Tanaj de SerJudio).

8 Comentarios en este estudio

  1. Interesante. Esta semana alguien me decia que estaba alimentandose de judaismo pues segun el era descendiente de judios. En la misma me dijo que «uno podia sentirse judio».

    Le pregunté por qué engañarse creyendo que su identida espiritual dependia de un sentimiento puesto que o era gentil o respetaba la ley y hacia un proceso de conversion legal.

    A fin de cuentas no tuvo problemas en entender que ser espiritual no se contrapone con el cumplimiento de mandamientos, y que los sentimientos son más comunes en la religión.

    1. La gente dice muchos sofismas para autoconvencerse, eso es como decir me siento Inuak (los mal llamdos esquimales) y por eso lo soy; eso de volver identico el sentir que el ser es una enfermedad de la mala conciencia

    1. No son temas fáciles de digerir. Por mi parte los leo varias veces y paso dias antes de comentar y busco relacionarlo con alguna experiencia vivida. Quizás no comente de manera tan erudita como algunos ya que he optado por el modo simple para no confundirme. Pero confusión, no. Yo aprendo mucho.

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