En reserva
País: México
(Deben incluir en todos sus mensajes para
nosotros su nombre completo, el nombre de la ciudad y país donde vive)
Shalom.
Gracias por participar.
Es
cierto que en más de una ocasión he demostrado el extravío de los que
son arrastrados por la fe que enceguece, en lugar de crecer en la creencia,
y ésta sostenida sobre la crítica, sobre la duda analítica y razonable, y
esta a su vez en el servicio leal al Eterno.
Por otra parte, me parece que jamás he dicho
que nos dejemos conducir por el corazón… ¡si escasa confianza le tengo!
Me corrijo (y pido perdón por no haber sido humilde),
¡si el Eterno escasa confianza le tiene al corazón humano!
Preste atención al Eterno hablando por boca de su profeta:
"Engañoso es el corazón, más que todas las
cosas, y sin remedio."
(Irmiá / Jeremías 17:9 )
No mi apreciada señora, no es su corazón el
timonel que la llevará a buen puerto, es decir, al puerto que el Eterno le
indica como su punto de destino.
El corazón (es decir, los sentimientos, la emotividad, la
energía vital, el ánimo vigoroso) debe proveer de fuerzas vivas para
que funcione activamente a la razón, el estudio de Torá, el conocimiento que
emerge a partir del cumplimiento de los preceptos.
No es el corazón el piloto, mucho menos es el capitán de la nave que es su
existencia.
El corazón es el fogonero, el maquinista, aquel que hace que el motor
camine.
A veces el taimado corazón (junto con las apetencias
primitivas) es el reclutado en primera instancia por los propagadores
de la fe, para enceguecer a la persona, seducirla detrás de lo falso, y
hacerla ahondar en el abismo.
Y a veces, gracias a Dios, el corazón es entrenado por el hombre de
creencia, es domesticado, encaminado, direccionado para que colabore en la
empresa de la trascendencia.
Por lo cual, apreciada señora, no tema si
permite que su corazón dude. por el contrario, alégrese cuando sus
sentimientos la hagan despertar de lo que le enseñan como fe absurda.-
Pero no se empantane en el corazón, pues ahí quedaría a merced de los
perversos de la fe.
Cuando en su corazón nazca la duda, canalícela haciendo suya
(oyendo, entendiendo, analizando, aceptando, volviendo a analizar para
extraer todo el zumo) las enseñanzas de los verdaderos maestros de
Torá, esos judíos piadosos y fieles a Dios, que manifiestan su integridad
por medio del estricto cumplimiento de los preceptos.
Tampoco se esclavice a los dictados de la
inteligencia vacía de trascendencia.
Pues, la mente desprovista del Norte de la Torá, es como un orate guiando al
ciego corazón.
Dudar, cuestionar, desconfiar, preguntar, cuestionar, criticar, analizar,
debatir, diseccionar, indagar, husmear… ¿por qué no?
Pero, llegados al punto en el cual el límite humano es alcanzado, sólo queda
el apoyarse en la confianza en el Eterno (confianza que
aborrece la fe de la idolatría), y confiar en las instrucciones de
aquellos que con esfuerzo y dotes han alcanzado el nivel de Sabios de Israel
y por tanto de representantes legales de Dios. (Estos
Sabios, los maestros judíos idóneos en Torá y preceptos, son la antítesis y
lo que más odian los sacerdotes y pastores de la fe).
Y, especialmente, mantenga una conducta armoniosa con el divino Deseo, es
decir, cumpla con la mayor precisión los mandamientos que le corresponden
cumplir (en su caso, los siete mandamientos noájidas con sus
66 derivados). Pues ya lo han enseñado nuestros Sabios, aquel que
cumple con los preceptos sin encontrarles un sentido, finalmente los
cumplirá con amor irrestricto.
(El orden correcto pues es el siguiente: servir a Dios
(estudio de Torá y cumplimiento de preceptos) => conocimiento (duda,
cuestionamiento, búsqueda, respuesta) => creencia (armonía
intelectual-emocional-conductual)).
Y ya que mencionamos al amor, tampoco se deje
seducir por los cantos de sirena del amor romántico, también en el
amor es necesario el instinto, el sentimiento, el pensamiento y la voluntad
reflejando el divino Deseo, aunados y en armoniosa colaboración.
Mi apreciada señora, le deseo que no ceje en
su empeño por descubrir la Verdad, aunque sea una meta inacabable; y que no
deje decaer sus brazos en su sagrada labor de crecer.
Si este texto le ha sido de provecho, no
olvide que este sitio se mantiene gracias a SU colaboración
económica. No cierre su mano, y abra su corazón bondadoso.
Que el Uno y Único Dios bendiga a quienes le
son fieles servidores,
y que
sepamos construir Shalom, Iebarejejá H’.
Yehuda Ribco
comentario@serjudio.com?subject=Rap1891
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Yehuda Ribco,
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