(Deben incluir en todos sus mensajes para
nosotros su nombre y apellidos completos, edad, profesión o actividad, el nombre de la ciudad y país donde vive.
Si falta alguno de estos datos, probablemente su email no sea respondido de
ningún modo.)
Shalom.
Gracias por participar.
Apreciado señor Roberto, de mi parte sólo
puedo decirle que:
está disculpado por la indiferencia (supongo que ante el
dolor de los perseguidos injustamente) que en el pasado dice haber
mantenido,
en tanto se comprometa a sostener encendida la llama de la verdad, justicia
y derecho.
Pues, el pedido de perdón es sólo un gran paso
en el proceso del arrepentimiento,
luego está el de mantenerse apartado del viejo error,
y esforzarse por enmendarlo.
Pero,
por su propio bienestar y equilibrio interno,
le ruego que no se convierta en el que se hace cargo de los daños
ocasionados por otros,
y que usted no tiene porqué enmendar.
Le explico que para Dios (por
tanto, para el judaísmo),
cada persona intelectualmente capacitada
es responsable por los actos de su vida.
Y que no existe algo así como
"culpa colectiva", o
"nación culpable", o
"herencia de culpabilidad", o
"estigmas de pecados trasmisibles de una generación a la siguiente".
No es así.
Cada cual es responsable de sí mismo,
de sus extravíos,
indiferencias,
errores;
y cada uno
es el que debe confrontar las denuncias de su propia conciencia,
el juicio inevitable e insobornable del Soberano Juez,
así como las penas ajustadas de la sociedad y del prójimo.
Cada cual por sí mismo,
no por el hijo,
ni por el padre,
ni por el hermano,
y mucho menos por el extraño.
Si bien,
uno pude contribuir a que otros abandonen sus prácticas equívocas,
y que comiencen a compartir juntos
el camino del crecimiento en armonía.
Puede ayudar a que su hermano se despoje de los anteojos del miedo, el odio,
el celo, la perversión.
Puede educar a su hijo a que la divergencia que busca la paz, es positiva.
Puede recordar a su padre que nunca es tarde para reconciliarse consigo
mismo, con el prójimo y con Dios.
Puede hacer mucho más que pedir perdón por otros:
¡puede servirles para que ellos lo pidan por sí mismos!
Así pues,
estimado señor,
nuevamente gracias por su deferencia,
y por la diferencia que marca con sus palabras.
Quiera Dios que efectivamente su aporte
sea un grano de arena en la construcción y perfeccionamiento del edificio
que se encuentra en ruinas actualmente,
que se llama nuestro mundo.
Si mi modesto trabajo aquí presentado le ha sido de
bendición, no
olvide que este sitio y su autor se mantienen gracias a Dios, que en parte
canaliza Su bondad a través
de la colaboración económica de
los lectores.
No cierre su mano, y abra
su corazón bondadoso para ser parte de la Obra del Eterno.
Que el Uno y Único Dios bendiga a quienes le
son fieles servidores,
y que
sepamos construir Shalom, Iebarejejá H’.
Yehuda Ribco
comentario@serjudio.com?subject=Rap2009
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