Lo que usted me pide daría
para una respuesta extensísima, por lo que, paradójicamente seré breve.
De acuerdo a nuestra
Tradición (especialmente la cabalística) podemos ubicar las acciones de la
persona en tres niveles de relacionamiento. Por su orden descendente son:
-
Respecto a Dios
-
Respecto al prójimo
-
Respecto a sí mismo
El tzadik -justo- se
esmera en el desempeño de los tres niveles. Intenta refinarse, eliminando
todo vestigio de deseo egoísta, con el afán de servir íntegramente a Dios,
ser amoroso del prójimo, y responsable de sí mismo. Se lo puede considerar
que trata a Dios como si fuera Su hijo, en procura de adherirse al Eterno.
El benoní
-intermedio- es atento en los tres niveles, pero se dirige a Dios como si
fuera Su siervo, en procura de hacer méritos, obtener recompensas o
apartar las consecuencias adversas. Todo esto no está mal, pero, el tinte
de auto-satisfacción no le permite ascender al nivel del tzadik. Es
cuestión de refinar más su vida.
El rashá -perverso,
extraviado- se circunscribe a complacer el tercer nivel, el egoísta, el
auto-referido.
Se despreocupa, desatiende, le es indiferente, o es rebelde y contrario a
los dos niveles anteriores.
Las razones que pueden argumentar para este tipo de existencia vacía
pueden ser varias, pero el motivo es uno: egoísmo.
Claramente éste es el que más precisa trabajar en su retorno a su esencia,
para alcanzar lo que el potencial humano cuenta a disposición del que
quiera usufructuarlo.
Quedo a sus órdenes para
continuar estudiando juntos.
Iebarejejá H’ – Dios te bendiga, y que sepamos construir Shalom
Yehuda Ribco
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