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  Lic. Prof. Yehuda Ribco // Shevat 3, 5764 - 26/1/04

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Parashá  >> Shemot / Éxodo

      Bó >  Shemot  10:1 - 13:16

Shabbat: Shevat 8, 5764, 31/1/04

Comentario de la Parashá - Bó:
Cuatro hijos y un padre

(Esta semana corresponde leer la parashá llamada("Ve" - de ir) que es la tercera del segundo tomo de la Torá, el sefer Shemot, conocido en español como "Éxodo").

La semana pasada explicamos brevemente acerca de los cinco niveles de existencia humana, en los cuales hay que trabajar para crecer y ser libres, y así no caer víctimas de los Faraones que intentan someternos y esclavizarnos.
Como recordarán, los cinco estratos en un orden descendente son:

Espiritual,
Intelectual,
Desiderativo o Social,
Emocional,
Acción,
(E-IDEA por sus siglas).

Esta semana podemos ampliar un poco más la perspectiva sobre este asunto, a partir de tres secciones de nuestra parashá, y una de otro sitio.
Estas frases son popularmente conocidas gracias a la Hagadá de Pesaj, pues son empleadas en el apartado que lleva por título "Los cuatro hijos" (la idea original usada por ésta se halla en TI Pesajim 10:4).
Cada una de estas frases se corresponde con uno de los cuatro hijos mencionados por la Hagadá (cada hijo simboliza un tipo básico de personalidad).
En su orden son:

  1. Para el Sabio:
    "En el futuro, cuando tu hijo te pregunte diciendo: '¿Qué significan los testimonios, las leyes y los decretos que el Eterno nuestro Elokim os mandó?'.
    Entonces responderás a tu hijo: 'Nosotros éramos esclavos del faraón en Egipto, pero el Eterno nos sacó de Egipto con mano poderosa.
    El Eterno hizo en Egipto señales y grandes prodigios contra el faraón y contra toda su familia, ante nuestros propios ojos.
    Él nos sacó de allá para traernos y darnos la tierra que juró a nuestros padres.
    Y el Eterno nos mandó que pusiéramos por obra todas estas leyes y que temiésemos al Eterno nuestro Elokim, para que nos fuera bien todos los días y para conservarnos la vida, como en el día de hoy.
    "
    (Devarim / Deuteronomio 6:20-24)
     

  2. Para el Perverso:
    "Y cuando os digan vuestros hijos: '¿Qué significa este rito para vosotros?'
    Vosotros les responderéis: 'Éste es el sacrificio de Pesaj del Eterno...'
    "
    (Shemot / Éxodo 12:26, 27)
     

  3. Para el Ingenuo o torpe:
    "Y cuando mañana te pregunte tu hijo diciendo: '¿Qué es esto?'.
    Le dirás: 'Con mano poderosa el Eterno nos sacó de Egipto, de la casa de esclavitud...'
    "
    (Shemot / Éxodo 13:14)
     

  4. Para el Perplejo, o el que no sabe preguntar:
    "Aquel día se lo contarás a tu hijo diciendo: 'Esto se hace con motivo de lo que el Eterno hizo conmigo cuando salí de Egipto...'"
    (Shemot / Éxodo 13:8)

Es fácil reconocer que cada uno de estos tipos de personalidad, con sus frases correspondientes, apunta a un nivel E-IDEA.
En su orden:

  1. Intelectual <=> Sabio;

  2. Desiderativo <=> Perverso;

  3. Emocional <=> Torpe;

  4. Acción <=> Perplejo.

Los cuatro hijos, en su condición de tales, están representando a la persona inmadura espiritualmente, que aún no se ha desarrollado, que aún está sometida a las influencias atrapantes de uno u otro nivel.

El hijo menos desarrollado (pero no por eso en peor estado espiritual, ya que este dudoso mérito recae sobre el Perverso) es el Perplejo, que está tan sumido en las cosas materiales (concretas y/o instintivas), en los actos por sí mismos, que ni siquiera sabe (o tiene ganas/tiempo/ocasión/motivo/etc. para) preguntar.
Su vida es un pasar indiferente en búsqueda constante de goce.
Lo valioso para él es aquello que le llama la atención en ese momento, y así pierde de vista lo que es realmente importante y trascendente.
Para liberarlo, es preciso hablar en su idioma: el del hacer, sin mucha teoría, pero con una clara conducción que lo lleve hacia metas no egoístas.
Cuando está liberado, sus actos son edificantes.

El que le sigue en la cadena evolutiva de los sometidos es el Torpe.
Este hijo tiene enorme miedo a sus afectos, a las sensaciones, a las opiniones, a las impresiones, por lo que queda aprisionado de una estructurada red de complejas reglas y mandamientos que lo mantienen en un ambiente de seguridad.
Su vida es un vaivén de atracciones y repulsiones que están petrificadas detrás de mandatos que ha interiorizado y lo convierten en una especie de autómata, de seguidor férreo de la voluntad ajena.
Para liberarlo, hay que conducirlo con firmeza, y proveerlo de acciones y alicientes afectivos que lo mantengan en el buen sendero y le den fuerza para aceptar que él tiene capacidad de decisión y es libre de optar y de errar o triunfar.
Cuando logra zafar, es una persona de afectividad centrada y constructiva.

El habitante esclavizado en el siguiente plano es el Perverso.
Esta persona puede estar completamente desquiciada, viviendo en su propio mundo de informes ideas, emociones y bajezas muy humanas.
Pero es más habitual encontrar que este tipo de persona suele gobernar con crudeza sus sentimientos y no cae fácilmente presa de los instintos pasajeros. Esto lo convierte en un personaje capaz de cualquier atrocidad sin el menor dejo de conmiseración.
Sin embargo, es inepto para dominar su deseo, y por tanto preso de él.
Y ya sabemos (Bereshit / Génesis 8:21) que por naturaleza, el inculto deseo de la persona tiende hacia lo negativo. Es solamente mediante Torá y preceptos que el deseo se cultiva para que sintonice y colabore en armonía con su esencia espiritual.
La vida de un esclavo de este plano es un llamado de atención permanente, un reclamo perpetuo para recibir más y más para sí, una exigencia para que lo adulen y alaben, un intento por atraer a otros a su centro de gravedad sin beneficiarlos directamente en nada. (Los dos exponentes más famosos de esclavitud en el plano desiderativo son Jesús el pecador, y Pablo el rebelde. Tal como el árbol sus frutos, y así vemos como es habitual entre los misioneros encontrar personas corrompidas en este plano, y por lo tanto, esclavizadas a él.).
Para liberarlo, primero hay que callarlo.
Negarle cualquier oportunidad a su deseo negativo para expresarse.
Esto en lugar de ser una falta de consideración hacia la persona, es el mecanismo para limpiarlo de la adicción a creerse el centro del universo. Cuanto más charla se le dé, cuanto más espacio para emitir sus opiniones, menos resultado dará el intento por libertarlo.
Luego, o al mismo tiempo que se le impone el mutismo, hay que ponerlo a trabajar en lo que es realmente trascendente y generoso... lo desee o no.
Cuando se quita las cadenas, es una persona que desea beneficiar al prójimo.

Por último, el que queda sumergido en el nivel intelectivo, está empantanado en pensamientos inútiles, en dudas asfixiantes, en ignorancia militante, en erigir excusas en lugar de enfrentar los hechos desnudos.
Sus reflexiones (absurdas muchas veces, aunque teñidas de una pátina de alta filosofía) no están en principio movidas por un deseo negativo, a diferencia de los motivos que dirigen al Perverso en sus argumentos (el perverso afirma, nunca indaga... aunque use signos de pregunta en sus frases).
Su vida es un pensar, sin hacer lo máximo que está a su alcance.
Para liberarlo, hay que brindarle argumentos claros y concisos. Razones perfectamente delimitadas, explicaciones que sean razonables.
Y hay que acicatearlo con fineza y constancia para que demuestre su valía a través de las acciones nobles y necesarias.
Al romper el yugo de la hiper-reflexión estéril, emplea su potencia intelectual para promover el bienestar.

Hasta aquí un resumido bosquejo de los cuatro hijos y los cuatro modos de la esclavitud.

El lector atento ya habrá advertido que nos hemos quedado sin mencionar al quinto hijo.
Es que, este hijo no existe.
La Torá nos habló de cuatro hijos, no de tres ni de cinco.
Esto significa que no hay un quinto hijo.
Es decir, no hay inmadurez para el que llega a habitar en el plano Espiritual (del cumplimiento cabal de los preceptos).
No es hijo, sino padre.
Un padre que ha trabajado, y lo continúa haciendo cada día de su vida, para no ser aprisionado en alguno de los otro cuatro planos de su existencia.
Es un padre que educa con paciente esmero a los cuatro hijos que lleva dentro.
Es el padre que responde, y se responde.
Es el padre libre y que libera.
(Un ejemplo muy simple y cotidiano:
Moishe es una persona que ha madurado con tal calidad que ha llegado a ser morador del plano Espiritual. Pero Moishe vive en Este Mundo, con sus conflictos, anhelos, tentaciones, desencantos, etc. Un día, en un agasajo de ciertos conocidos, le presentan a Moishe un plato de comida no kosher. ¿Qué es lo que puede ser que acontezca en una fracción de segundo dentro de Moishe?
Su plano corporal lo pincha: 'Tengo hambre y no puedo esperar más, ¡come ya!'.
Su plano afectivo le implora: '¿Qué pensará de ti esta gente que le rechazas su gentil ofrecimiento de comida? Come ahora para no avergonzarlos y avergonzarte.'
Su plano desiderativo le exige: '¡No me vengas con tus tonteras de judío! ¿Qué te va a hacer un platito de esto? ¡Come ahora que la vida es corta!'.
Su plano intelectual razona: 'Ciertamente yo sé que no debo, pero es un mandamiento tan antiguo... quizás no tiene ya fundamentos en la actualidad. Los estudios de los médicos señalan que... blablablablablablablabla... por lo tanto, estaría en condiciones de comer de este plato y después en todo caso me arrepiento y blablablabla...'.
Pero, el padre, plano Espiritual recuerda: 'El Eterno me ha ordenado que no lo coma, y eso es lo que debo hacer')
.

Todos llevamos dentro nuestro estos cinco planos, y todos tenemos la capacidad de ser hijos o padre. Es cuestión de querer liberarse y trabajar por ser libre.
Las herramientas nos han sido dadas, así como la fuerza para lograrlo.

Nunca es tarde para comenzar a ser libre... ¿por qué no prueba con Cabalaterapia online?
Con la Cabalaterapia se procura educar a nuestros hijos internos, para dar dicha y tranquilidad a nuestra vida, y especialmente un sentido por el cual vivir realmente con fidelidad a la Verdad.

¡Les deseo Shabbat Shalom UMevoraj!

Moré Yehuda Ribco


Notas:

Otras interpretaciones de este pasaje de la Torá, y más estudios los hallan HACIENDO CLIC AQUÍ y AQUÍ.

 

Relato

A la puerta de una rica joyería llegó un vagabundo a pedir su limosna.
Salto de su asiento el acaudalado joyero al verlo allí, frente a su preciosa vitrina rubicunda.
A los gritos llamó a una de sus empleadas, una de las encargadas del establecimiento millonario.
A grito pelado le dijo: '¿Ve a ese miserable parado a la puerta? ¿Nota usted su ropa andrajosa que apenas lo cubre de este frío congelante? ¿Se dio cuenta de que sus dedos se escapan de entre los flecos de sus botas? ¿Vio esos ojos angustiados, marcados por la miseria y el hambre de días? ¿No es su imagen el vivo retrato de la pobreza más desoladora? ¡Realmente, se me parte el alma al verlo! ¡Es injusto todo esto! Así pues... mande a los de seguridad que lo echen ya mismo de mi vista...'
 

 

Preguntas y datos para meditar y profundizar:

  • ¿Cómo se puede relacionar este relato con el comentario que brindamos de la parashá?
     

  • ¿Es muy alejado de la realidad este cuento?
     

  • El inspirado predicador enseñó: "Si se embota el hacha y no es afilada, hay que añadir más esfuerzo. Pero es más ventajoso aplicar la sabiduría." (Kohelet / Predicador 10:10).
    ¿Cómo puede la sabiduría mejorar el rendimiento del hacha?
    ¿Cómo se aplica a los cinco niveles que hemos enseñado más arriba?
     

  • El salmista afirma que: "Porque no quieres sacrificio; y si doy holocausto, no lo aceptas. Los sacrificios de Elokim son el espíritu quebrantado. Al corazón contrito y humillado no desprecias Tú, oh Elokim." (Tehilim / Salmos 51:18-19).
    ¿Es el sacrificio sangriento o el cumplir los mandamientos lo que lleva luz verdadera al espíritu de la persona?
    ¿Cómo se logra un real corazón contrito y humillado?

 

De la Parashá

 

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