Categoría: Opiniones e ideas

  • La enmarañada y terrible senda de la divinidad de Jesús

    Ayudame_Jebus_by_Zeinen

    Por Shául Ben Abraham Avinu

    Se sabe que en las fiebres teológicas de los primeros siglos del cristianismo las heterodoxias, las herejías, las sectas y toda una serie de variopintas enseñanzas pulularon junto al presunto monoteísmo dogmático de la iglesia que se arrojaban la ortodoxia y al politeísmo ancestral, diverso y descomunal, que poblaba los territorios del que fuera el gran Imperio Romano.

    Hacia el siglo IV, un obispo que se propuso expurgar la falsedad dentro de la comunidad cristiana, mencionó un total de 156 creencias y herejías cristianas; tal fue la variedad de credos que se necesitó de todo un nuevo argot para categorizar y describir a los descarriados y cismáticos: arcónticos, barbelognosticos, cerintios, encratitas, donatistas, menandrianos, nazarenos, ofitas, fibionitas, decimocuartos, estratióticos, valentinianos. Estos eran algunos de los nombres que aparecían en tan enriquecida lista y que serían recordados como ejemplos execrables de las muchas sectas que llegaron a ser totalmente condenadas y perseguidas luego que se estableciera como dogma definitivo la divinidad de Jesús, ese mismo dogma que millones de personas creen y sin cuestión alguna afirman olvidando que más allá de conservar la herencia de una fe ancestral es en realidad una perversa formulación teológica excluyente que atrapa la conciencia encerrándola en una luminosa jaula de aislamiento espiritual que ha sido el móvil íntimo de toda una civilización.

    Así pues, no hay que olvidar que la divinidad de Jesús ha costado sangre y no precisamente la propia sino la de miles y miles de personas que negaron y que contradijeron lo afirmado por sus seguidores, aquellos que han reclamado como única verdad su igualdad con Dios, como si tal cosa fuese posible. Y esa presunta igualdad, tan extraña al antiguo monoteísmo judío y aun tan cuestionable para las cientos de religiones no formalizadas que se agruparon en el paganismo es una de las afirmaciones religiosas, es decir un dogma, que más daño a causado a la humanidad entera.

    No en vano por ninguna otra divinización se ha discutido tanto. Los romanos pre-cristianos no debatían la deificación de sus emperadores, los hindúes habían hecho divinos a cuanto elemento encontraban y a cuanto sadú elevaban al lado de los devas en una tranquilidad que a duras penas se veía oscurecida por unas escaramuzas locales promovidas por seguidores que terminaban fusionándolas con otros dioses; los celtas, escandinavos y todos aquellos grupos asociados por el frio hiperbóreo, saludaban a sus héroes caídos como los nuevos luminosos que desde su respectivo paraíso de guerra alcanzaban su apoteosis en un conflicto divino. Pero nada de brutales y masivas imposiciones.

    Jesús no, Jesús el “unigénito” tenía que ser dios por la espada, y por una espada que él no manipulaba porque su reino no era de este mundo, sino que la manipulaban sus adeptos, su rebaño de lobos, sus dedos carnales que operaban su fantasmal voluntad, los mismos que con el idioma psico-guerrero de su evangelio, blandían la espada confusa de una doctrina que se alzó a fuerza de negar las otras visiones e imaginarios propios que también habían considerado a Jesús de muchas otras formas y que decían fundarse en sus ambiguos discurso, ciertos o atribuidos.

    Confuso mensaje que sigue aprovechando para gastar tinta y para hacer que personas tan inteligentes como yo se dediquen a escribir sobre estos asuntos que hace siglos deberíamos haber superado, pero que se deben tratar porque el mal engendrado debe ser menguado así sea con por medio del ejercicio de escriba electrónico. Confuso, como decía, porque desde sus propios textos doctrineros Jesús mismo crea la confusión con respecto a su naturaleza divina y su relación con Dios -en mayúscula-, al que identificaba como Padre en una calidad especial y excluyente del resto de la humanidad, como si los demás fuéramos seres materiales menores que por un pérfido acto de fe, que en este caso es la aceptación de una afirmación insostenible e incongruente, llegáramos, por medio de una extraña adopción a ser hijos de Dios con una minúscula bien merecida por ser pecadores merecedores del más hondo de los avernos del que se supone él nos rescató.

    Jesús lo único que hizo y ha hecho es causar confusión. Si su enseñanza y su vida fueron realmente ejemplos de claridad, ¿por qué entonces tantos albergan tantas dudas sobre ellas? ¿Por qué se escriben tantos libros para satisfacer la idea de que existió como ser histórico? Entre todos aquellos que fueron arrastrados por sus doctrinas debatieron por siglos con sangre y maldición sobre su naturaleza, unas veces más humana y otra veces más divina, gestando doctrinas y acusándose mutuamente de herejía, intentando entender lo que no hay que entender, haciendo malabares de dudosa dialéctica, sirviéndose con espantoso fervor del preciado legado de los filósofos griegos más ilustres, y en últimas desarrollando un complejo psico-cultural que penetraría por siglos en el alma de millones de seres que se vieron subyugados a ignorar todo su potencial, a desconocer la totalidad de su ser. ¡Que grandes habrían sido los grandes de la historia que aparecieron luego de sus enseñanzas, si tiempo atrás se hubiera abandonado semejante pequeñez!

    Así pues, si Jesús fue claro sobre sí mismo, ¿por qué, pero por qué, existieron doctrinas como el docetismo, que aseguraba que la humanidad de Cristo fue una mera apariencia y no una realidad; o el ebionismo, en el que Cristo no fue engendrado por el Padre Celestial sino por un José muy carnal y sólo fue Cristo o “Mesías” hasta el bautizo; o el adopcionismo, dónde Cristo es un simple hombre, adoptado por Dios como portador de una gracia divina; o las decenas de variantes de la gnosis cristiana, en el que Jesús no es Dios sino un «eón» (un poder dentro de muchos) en medio de los demás que ha venido para dar el conocimiento al hombre engañado por sus sentidos; o el arrianismo, en el que Jesús es hijo de Dios pero no consubstancial al Padre sino una suerte de dios menor; o el apolinarismo, que niega el alma humana de Cristo, creyendo que esa alma humana sería como la nuestra, pecaminosa; o el nestorianismo, que sostenía dos personas en Cristo: una divina y otra humana, sin unión alguna; o el monofisismo, que sostenía una sola naturaleza en Cristo, la divina; o – y última, porque toca detenerse- el monotelismo, que sostenía una sola voluntad en Cristo, la divina? ¿Y ese matorral de ideas en chisguete se presenta como monoteísmo? No me hagan reír. La Segunda Persona ha sufrido un ataque de esquizofrenia severa, cuando no de personalidad múltiple, y lo peor, nos han querido heredar ese legado.

    ¿Por qué tantas versiones de Jesus-Cristo? ¿Por qué no una sola si se supone que él es uno como se dice que su Padre lo es? Por qué sencilla y llanamente Jesús-Cristos es el ejemplo cultural más enfermizo de una arte antiguo que se ha renovado hasta la indecencia gracias a los ordenadores: el copy and paste. Así es, este personaje de presunta historicidad es el resultado de una gran cantidad de ideas, figuras, imágenes, dioses, reyes, mitos, fábulas, que el clero que lo promueve congregó y mezcló en un cuerpo imaginario que habría de habitar la mente de todos aquellos a los que se le impusiera su figura.

    Y aún más para poder que esa figura fuera creíble la ubicaron en un lugar del Imperio, un lugar propenso a riñas y polémicas contra el poder establecido; así pues tomaron la vida de un reo envalentonado con ínfulas proféticas que fue condenado bajo las leyes de un pueblo que desconocían y que creían superar gracias a unas enseñanzas de aspecto pío y sabio. Y así, como los juguetes actuales, lo exhibían en varias presentaciones: pescando, en la playa, sanando, obrando milagros, predicando, en la cruz, resucitando, cenando, a la diestra de dios padre, en el corazón de todos, como juez universal. Y luego para gusto de todo el orbe conocido lo exhibieron como taumaturgo, profeta, rey trágico, sanador, interprete, carpintero y una larga serie de actividades que ni Cantinflas ni Condorito han tenido en sus diversas ediciones.

    Esta imagen no nació, desde luego, de la noche a la mañana, sus componentes fueron tomados y seleccionados del amplio mundo del mediterráneo y aún más allá, es decir de todos los ámbitos, geografías, tiempos y lugares donde los pasos jurídicos y soldadescos del imperio romano impusieron su paz: la paz del desierto, la desolación y la tiranía. Dioniso, Orfeo, Ahis, osiris, Mitra y varios pasajes de los misterios de Eleusis se refundieron y sirvieron para formar la imagen, vida y obra de Jesús-Crito el Nazareno, el olvidado brujito al que se lo edulcoro con versiones amañadas de pasajes del Tanaj, la “Biblia” Hebrea, a fin de darle un trasfondo profético mucho más antiguo que validara sus tortuosas enseñanzas. De este modo el Jesús resultante fue politeísmo enfrascado en un cuerpo y vendido luego con ínfulas de un monoteísmo poco convincente. Es un senado romano de deidades queriendo fundirse para ser un Augusto Cósmico que por más que se intentó no alcanzó sino para hacerlo segundo del Dios hebreo.

    Antes de Nicea muchos cristianos aceptaban su divinidad, pero muchos otros la rechazaban y otros tantos la relativizaban o la reinterpretaban, pero los cristianos de línea ortodoxa bien podían alegar en contra de todos aquellos grupos que condenaban por herejes que ellos no estaban estableciendo, a gusto y voluntad, la idea que Jesús era “el Hijo de Dios”, y que eso era equivalente a aseverar que fuese Dios. Los mismos evangelios canónicos, algunos de ellos escritos casi 200 años antes de Nicea, hacen unas 40 menciones a Jesús como Hijo de Dios en el sentido de la ortodoxia, o uno muy parecido al de consubstancialidad, sin percatarse que un dios que se precie de ser el verdadero no debería tener padre. Dios es Dios porque sencillamente no le debe nada a nadie ni necesita de nada ya que es Autosuficiente.

    Así en los evangelios vemos a Tomás diciendo al ver a Jesús resucitado (Juan 20:28): “Mi Señor y mi Dios”; O en Romanos 9:5, Pablo asegura: “de ellos [los judíos] son los patriarcas, y de la carne ha surgido el Cristo, que es Dios, y está por encima de todo»; o en Tito 2:13: «… esperamos que se manifieste la gloria del gran Dios y salvador nuestro Jesucristo»; o en 2 Pedro 1:1: “Simón Pedro, sirviente y apóstol de Jesucristo, a aquellos que por la justicia de nuestro Dios y salvador Jesucristo han recibido una fe tan preciosa como la nuestra”. Pero preciosa es una galaxia y no este galimatías insustancial. ¡Pero que iba a saber de galaxias ese pobre seguidor de un loco! Como sea, estos textos del Nuevo Testamento son doctrinalmente confirmados por algunos de los llamados Padres de la Iglesia, los que escribieron mucho antes del Concilio de Nicea. Así en la Carta a los efesios de San Ignacio de Antioquía, (c. 35-c.107): “Pues nuestro Dios, Jesucristo, fue según el designio de Dios, concebido en el vientre de María, de la estirpe de David, pero por el Espíritu Santo». ¿Quién puede entender eso de que Dios fue designado por Dios? Claro un confundido que quiere confundir. Y aún más, ¿quién que se precie de ser Dios es designado? Pero claro, dirán que es el Padre al Hijo, ¿Y que Dios que se respete tiene Padre, como ya escribí? Dislates de inconformes politeístas que no comprendieron lo que abandonaron y pretendían entender un monoteísmo para el que no se habían educado.

    Pero hay otras mohosas perlas: en Diálogo con Trifón, Justino Mártir, (c.100-c.165 d.e), escribe: “Si hubieses entendido lo escrito por los profetas, no habrías negado que Él [Jesús] era Dios, Hijo del único, inengendrado, insuperable Dios”; ¿Insuperable Dios? ¿Entonces por qué tiene Padre quien se supone lo designa? ¿O es que es un hijo desobediente? Y además precisamente porque se entendió a los profetas fue que lo rechazaron. Por su parte Ireneo de Lyon (c. 130 -200 d.e) en el tercer libro de Contra los herejes, afirma de Jesús: «Él es el santo Señor, el Maravilloso, el Consejero, el Hermoso en apariencia, y el Poderoso Dios, viniendo sobre las nubes como juez de todos los hombres”. Clemente de Alejandría (190 d.e) ya diría, en Exhortación a los griegos, agregando el condimento de su humanidad: «Sólo Él [Jesús] es tanto Dios como hombre, y la fuente de todas nuestras cosas buenas». Un poco más desquiciado En el alma 41: 3, Tertuliano (c. 210 d.e) comenta: “Sólo Dios está sin pecado. El único hombre sin pecado es Cristo, porque Cristo también es Dios». Don Tertuliano no hay humano que no peque, y peca muchas veces no por que quiera, sino por inadvertencia, y peca, aún más, porque tiene cuerpo –y cuerpo físico- que es contingente y está sometido a un sinfín de limitaciones, ergo si tenía cuerpo no podía ser Dios y si era Dios no tenía cuerpo, pero si no tenía cuerpo no podía redimirnos y no era hombre… y en fin mejor no le sigo la corriente a la ignorancia. Después, Orígenes (c.185-c.254 d.e.), en Las doctrinas fundamentales 1:0:4, no ve problema en esto: «Aunque [el Hijo] era Dios, tomó carne; y habiendo sido hecho hombre, permaneció como era: Dios» ¿Entonces la carne es Dios? ¿Pero qué carne? La sagrada carne que se comen en la misa y luego acusan a judíos y barbaros de ser vampiros y hombres lobo.

    Así pues, aunque muchos historiadores mal informados no lo digan o lo ignoren, antes de Nicea ya se había definido muy bien lo que en Nicea se impuso como verdad absoluta de todo el cristianismo. En Nicea lo que se debatió fue la enseñanzas de Arrio, un sacerdote alejandrino al que se le consideró herético por que enseñaba que Jesús no era Dios, sino un dios menor. Doctrina que resucitó de los muertos el masón Charles Taze Russell, el fundador de los Testigos de Jehová. ¿Y acaso no tenía razón Arrio? Pues a veces me parece que sí porque el mismo Jesús llama bueno solo a Dios y se reconoce como menor que el Padre en los mismos evangelios que sus oponentes citaban para afirmar lo contrario. ¿Pero qué clase de prueba constituyen estos textos escritos en un griego chapucero que calca mal algunas palabristas hebreas y arameas como para no quedar mal? En fin, hasta dónde se sabe, de unos 250 obispos que asistieron al Concilio de Nicea sólo dos votaron a favor de la postura de Arrio, mientras que los demás confirmaron lo que hoy se recita en el Credo, que el Hijo de Dios, el homoousios -que no es un insulto a su sexualidad- es de la misma naturaleza o substancia que el Padre y con ello fueron edificando el enredo tríadico que existen en el mayor dogma del cristianismo.

    Tenemos tres versiones de lo que supuestamente fue o es jesús-cristo: la de los diversos grupos cristianos heréticos que no concordaban entre sí, la de la revisión histórica que afirma que todo en torno a Jesús es la conjunción de diversos mitos y la de la ortodoxia que afirma que su título hijo de Dios lo hace igual a Dios. De todas ellas la última fue la que triunfó como la versión autorizada, y esa es la que más pesa en el cuerpo colectivo de sus seguidores, si bien muchos a lo largo y ancho de su historia han pretendido revivir o recordar las otras versiones.

    Pero todas estas versiones solo están hechas, pensadas y diseñadas para esconder un hecho más penoso, un hecho concluyente que identifica en verdad el cuerpo que las teorías y las patrañas con aires teológicos que han escondido bajo el nombre de Jesús. ¿Y quién es Jesús? Es un personaje inventado por el Imperio Romano basado en un reo que fue castigado en Judea en tiempos de Pesaj («Pascua») noventa años antes del nacimiento del Jesús que se conoce en los evangelios. Éste fue un hereje que consiguió algunos discípulos y traicionó a los sabios hebreos; se le conoció como Ieshu ben Pantera, ya que su padre fue un soldado romano que adulteró con una mujer llamada Miriam; se destacó por no terminar sus estudios ya que fue expulsado de las academias y en cambio aprendió, mientras estuvo en Egipto magia y brujería con los cuales hizo trucos que hizo pasar por milagros y le sirvieron para engañar al pueblo logrando hacer varios discípulos que también fueron ejecutados. ¿De dónde saco esa información? Del Talmud, esa gran biblioteca inconexa de saber que ya se imaginaran por qué razón fue perseguido, quemado y destruido, además de fraguado y calumniado durante los siglos que la Iglesia que alzó a Jesús como dios y juez del mundo dictaba que era bueno y que era malo.

    Así pues de esa historia los romanos se basaron para ir elaborando su mito; mito al que le fueron asociando temas, dogmas y misterios de religiones del periodo y con ello hicieron su versión de Jesús, el Cristo. No en vano, por eso creo que el Papa León X -se supone- dijo: “Quantum nobis notrisqüe qüe ea de Christo fábula profuérit, satis est ómnibus séculis notum” (Desde tiempos inmemoriales es sabido cuán provechosa nos ha resultado esta fábula de Jesucristo). Lo mismo se puede decir que hicieron con Satanás, una figura creada para crear miedo en las almas y que es el resultado, una vez más, del copy and paste del imperio aplicado a las deidades maléficas del mediterráneo.

    Luego de todo esto, y ya que Jesús no cumplía su promesa de regreso, su añorado regreso, sus seguidores, en medio de la añoranza, el desespero y las burlas de los politeístas y el desprestigio ante los judíos, ahora convertidos en déspotas que ostentaban el poder gracias al delirio visionario del Emperador Constantino, sabían que tenían que volver a traer a Jesús de algún modo y la mejor forma era hacerlo rey en el centro conocido de su mundo: Roma. Así Roma se fue evangelizando, a la fuerza y con una que otra aceptación crédula. Por eso y mucho más el vocablo griego kyrios, que fue el topos nominal de combate del siglo I, II, y III, se empleó a diestra y siniestra para tergiversar, gracias a su polivalencia, y hacer equivalente una cantidad de apelativos judaicos que expresaban cómo se percibía a la Divinidad por parte de los seres humanos. Porqué sepámoslo de una vez el Nuevo Testamento en particular, y la variada y fraguada literatura cristiana en general, pusieron a circular entre los gentiles, en especial los helénizados y los romanos (de nacimiento y por ciudadanía), un vocabulario hebraico que no comprendieron ni unos ni otros, y mucho menos los propios redactores de los libros sagrados del cristianismo que sin saberlo emplearon paradigmas ajenos para elaborar libros sagrados con una sintaxis desprovista del indisociable elemento cultural judío que la componía. De ahí el gran mal entendido que hasta el día de hoy nos acompaña.

    Pero para ese entonces, para la época a la que me refiero, esos años que precedieron al Concilio de Nicea el dilema estaba en ¿quién podía acaparar el sentido de los nombres divinos de las Escrituras? ¿Cesar o Cristo? La solución cristiana fue hacer de los dos uno y así cristianizaron a Roma y romanizaron las Escrituras hebreas, más aun, y motivados por la decepción, a sabiendas que su amado maestro, para ese entonces un dios menor en medio de muchos dioses, no les cumplió llevando su reino a Jerusalén, sus discípulos en un acto político y de consecuencias históricas fatales hicieron para su Iglesia un reino en Roma, como antesala de lo que aun todavía esperan.

    La peor patada que el cristianismo –y en especial la Iglesia católica- le ha pegado en los estómagos espirituales de sus seguidores se puede aún evidenciar en la tensión que mantiene y manipula entre la semejanza y la imitación. Un cristiano, un buen cristiano debe siempre, y ese es la exigencia, imitar a Cristo pero jamás debe pensar de sí que se puede volver semejante y mucho menos igualársele. Pero esto último debería ser el régimen natural de esta doctrina, mas no es así: se busca mantener bien a raya y bien distinguido ese límite. ¿Hasta dónde debe llegar la devoción de un feligrés para que se acerque y sea un mono de Cristo? ¿Hasta dónde debe llegar para que no quiera ser como él, o sea él, e intente usurpar su puesto a la diestra de su dios padre? Sin embargo también la naturaleza de esa historia ha surgido en los rostros de aquellos que siendo consecuentes con su espíritu se laceran como nuevos cristos. Sin lugar a dudas, como casi todos los problemas de esa iglesia, ha sido un asunto de poder. Esta iglesia -mi favorita entre todas las iglesias- permite que se llegue a Cristo hasta el punto en que se mantenga la diferencia en la que el fiel es y seguirá siendo un hijo entro otros hijos, un siervo (malo) entre muchos siervos (malos), mientras su Cristo seguirá siendo el Hijo, el Primogénito. Desprecian pues la semejanza, le tienen terror porque en ella el creyente adsorbe la dunamis que Cristo prometió en el madero (y que el evangelio apócrifo de Pedro recuerda en el grito desgarrador de una hipostasis vencida y maniatada por los oscuros poderes de este mundo cuando muere en un madero a las afueras de Jerusalén, diciendo “Poder mío, poder mío, ¿Por qué me has abandonado?”) y podría proclamarse como un nuevo Hijo de Dios, o acaso él mismo. Saben que el poder de la semejanza puede traer, en el fervor, la idea de una nueva religión que nacería de una secta, de un movimiento heterodoxo, como rama desgajada de su propio árbol. Con miedo el cristianismo reconoce su humilde y traicionero pasado y quieren evitar que se repita con él, el fallido intento que quiso alguna vez darle a su antecesor, el judaísmo: esa visión perpetua y jovial de lo divino que no puede tener miedo de buscar la semejanza con todo lo que se proclama celestial. Pero no han podido del todo, de vez en cuando y como salidos del infierno que tanto temen emergen falsos cristos que les recuerdan el origen escatológico de su fe.

    Todo lo anterior lo escribo como un mero preámbulo de un trabajo que vengo redactando paso a paso, haciéndole antropología a la teología y en el que pretendo sostener -desde luego no sin pruebas- que la civilización occidental es el resultado de episodios convulsivos y de choques entre culturas muy dispares iniciando por la judía, la griega y la romana. Esa lucha se refleja muy bien en los inconvenientes intelectuales y espirituales que se dieron entre estas culturas al intentar interpretar y comprender un texto mal traducido: El Tanaj, un libro –y más que un libro- que se convirtió por obra y gracia de una serie de escritos sectarios conocidos como Nuevo Testamento, en un Antiguo Testamento; Textos Sagrado que de Enseñanza y Épica nacional de un solo pueblo, pasó a ser una ley abrogada y una epopeya mal entendida por un grupo de gente que no podía entender nada por qué todo en él era propio de una cultura que desconocían y cuyos valores éticos –que lo impregnan- ignoraban por completo; y a un más, porque esas mismas gentes, ahora erigidas como un clero que pretendía desplazar a Israel, impusieron a la fuerza muchos de los elementos propios de las Escrituras hebreas como reglas de vida y de fe a pueblos que ya tenían lo suyo, que ya tenían sus propias costumbres e historia y que fueron en gran medida borradas por la sobre escritura de una serie de traducciones de dicho texto sagrado que no se basaron en sus originales hebreo-arameo sino en versiones griegas y latinas que ya contenían en sí mismas fuertes errores de traducción que se originaban en prejuicios hacia la cultura que lo produjo y con prejuicios hacia la cultura que traducían, haciendo que dichas traducciones influyeran, contribuyeron y aún más operaran y forjaran otros actos culturales muy concretos que se desarrollarían en la vida social de los diversos pueblos de Occidente y de todos aquellos que éste dominaría formando prácticas, creencias y sobre todo un destino, que en la mayoría de los casos, no se había escogido.

    Por todo esto es necesario –y no por ello importante- internarse en entender cómo y cuándo se formó a Jesús para demostrar como ese personaje es el ejemplo máximo de la confusión y la mala asociación de idearios sociales, y lo peor, de cómo en la vida y enseñanzas que le atribuyeron se configura el esquema y el estereotipo del individuo occidental que es trasformado, para su propio mal personal y colectivo, al agregarle capas y capas de tradiciones y pensamientos ajenos con el fin de borrar al humano y hacer inolvidable al mito: un mito que en realidad subyuga el alma mientras falsamente asegura que la libera.

  • El consejo diario 503

    Hay tres grupos que se presentan como monoteístas, judíos/noájidas, cristianos y musulmanes.
    En el Islam se aferran a una idea de deidad que demanda una conducta de extrema severidad, de condena, de limitación, de juicio intolerante.
    En el cristianismo la creencia acerca del dios es de amor absoluto, abandono de pretensión de justicia, una bondad desmesurada al punto de lo irracional.

    Judaísmo/Noajismo declaran como central el equilibrio que otorga el camino medio, de la construcción constante de SHALOM, por medio de acciones de bondad Y justicia.
    No un extremo, ni el otro; sino la armonía de conjugar ambas virtudes para conceder una realidad superior, de unión entre lo espiritual y lo material, de plenitud.

    El consejo: escoge tu camino para servir al Eterno y amar al prójimo, de tal modo que exprese la integridad de la Unidad del Uno y no solamente visiones parciales e imperfectas.

  • El consejo diario 499

    ¿Quieres manifestar el poder de Dios en tu vida?
    Entonces, ¡construye SHALOM con acciones de bondad Y justicia!
    Esta es la raíz de los mandamientos que te corresponden.

  • Las sectas: una introducción antropológica

     

    sectasimpsonLas sectas: una introducción antropológica

    Por Shaúl Ben Abraham Avinu

    Resumen

    Lo humano es un complejo de relaciones cuya diversidad abruma a todas las disciplinas sociales que emprenden su estudio. Esta diversidad se expresa de muchas formas, una de ellas son las sectas, aquellos grupos que se califican de pintorescos por su excentricidad o aterran por su fanatismo. En el presente artículo se buscara introducir al campo antropológico este fenómeno tan poco explorado, haciendo un recuento de los sentidos sociales y culturales implicados en estos movimientos. Este documento hace parte de un proyecto personal de análisis del fenómeno desde la teoría antropológica.

    El siglo veintiuno será
    religioso o no será

    Andre Malraux.
    Introducción

     

    Nada más oculto que aquello en estado constante de exhibición, nada más peligrosamente explicado que lo asumido como normal. Muchas realidades están dormidas en esa naturalidad otorgada desde el ámbito de lo común; es prudente y necesario despertar esas normalidades. Puedo afirmar sin equívocos que este es el caso de un tema que encuentra, precisamente como uno de los mayores obstáculos para su estudio la gran cantidad de información que existe a propósito: me refiero a las sectas. Un tema que está inmerso en el universo de lo religioso, de lo simbólico y, por lo tanto, es una manifestación específica de la cultura.

    Teniendo en cuenta que es un fenómeno cultural, ciertamente le corresponde y le compete a la antropología; sin embargo como tema no ha sido asumido por esta disciplina que se precia de buscar y comprender la pluralidad de lo humano. La ausencia de estudios antropológicos en Colombia y otras partes así lo revelan, y al preferirse otros temas dentro del fenómeno religioso, como la religiosidad popular, la mitología y los ritos indígenas, ha permitido que la antropología de la religión en nuestro país y en el resto de América Latina esté por ser construirse.

    No podría negar la existencia de trabajos antropológicos en torno a situaciones sociales similares , pero hasta donde he investigado, el tema ha sido tratado desde una perspectiva social, por no decir de orden cívico, perspectiva que considera al fenómeno como un problema comunitario. Pero a nivel del discurso antropológico es muy poco lo que se puede encontrar, y sobre aquellos trabajos me preguntaría ¿hasta dónde no ha sido una antropología disfrazada de sociología, psicología, periodismo, teología, política, moderna heriesología e incluso apología partidista? Al respecto Eugenia Villa Posse, recalcaba esta falta de documentación, a nivel de la disciplina, en un trabajo breve pero muy interesante sobre el movimiento místico-político de la popular Regina 11:

    La bibliografía sobre el tema de las sectas es aún muy escasa, dedicando buena parte de sus textos a una presentación- diccionario de sectas en la actualidad colombiana; pero, los conceptos, análisis y características aún se encuentran poco elaborados. Por otro lado, aún se desconocen estudios que relacionen el fenómeno de las sectas y del auge de las expresiones mágico- religiosas con las condiciones socio-económicas de la población urbana de hoy en día; más aun cuando muchas de estas están cumpliendo funciones psicosociales que el Estado, la Iglesia y la familia han dejado de cumplir. (Villa 1994: 216-217)

    Ahora bien, bajo estas ideas considero que hay que definir claramente el campo en el que se pretende operar, para no repetir lo que claramente han dicho otras disciplinas. Si bien es cierto no se parte de cero, sí se ha partido de una imprecisión conceptual. Existe, como ya mencioné, el obstáculo de la abundante de literatura no especializada o académica, que sin exageración puede declararse insuficiente para iniciar desde ella una aproximación antropológica . Hay la literatura al respecto va desde los trabajos sociológicos de Yinger (1961), Wilson (1961) o de Weber (1985), hasta los reportajes que ofrecen revistas sensacionalistas como Año Cero, Enigmas o Más Allá, entre otras, que presentan el tema junto a sucesos paranormales. No obstante este tipo de construcciones mentales pueden ser útiles para saber cómo se presenta y desarrolla el tema de las sectas en un ámbito popular antes que se desarrolle en un discurso académico.

    Las sectas hacen presencia.

    Las sectas se han hecho populares por un acto socialmente reprochado el cual ha configurado gran parte del imaginario con que se las aprecia: los suicidios colectivos. Tan sólo en un periodo de 23 años se han registrado once grandes suicidios masivos, a saber: el de Jonestown (Guyana) el 18 de Noviembre de 1978 del grupo Templo del Pueblo, con un saldo de 912 muertos por envenenamiento; el de Mindanao (Filipinas), el 19 de Septiembre de 1985, cuando 60 personas ingirieron veneno por ordenes del así llamado Gran Sacerdote Datu Magayanon; el de Wakayama (Japón), el 1 de Noviembre de 1986 con un saldo de 7 muertos por incendio pertenecientes a la Iglesia de los amigos de la Verdad; en Seúl (Corea del Sur), el 28 de Agosto de 1987 con 32 muertos por envenenamiento bajo las ordenes de la diosa Park Soon-Ja; el conocido caso de Waco (Texas) de los Davivianos, que el 19 de abril de 1993 dejó 80 víctimas; los cuatro suicidios efectuados dentro de La Orden del Templo Solar, el primero, el 4 de octubre de 1994 en Morin Heights (Canadá) con 5 muertos, el segundo, al día siguiente, en Granges- Salvan y Cheir (Suiza) con 48 muertos; el tercero, un año más tarde, el 23 de Diciembre en St-Pierre de Cherennes (Francia), con 16 muertos y el cuarto dos años más tarde en Saint-Casimir (Canadá), el 23 de Marzo, con 5 muertos; el caso acaecido en San Diego (California) el 26 de Marzo de 1997 de la secta Puerta del Cielo con un saldo de 39 muertos (Jaramillo 1997: 13A). Por último en Uganda, el 17 de Marzo de 2000 donde murieron más de 500 personas pertenecientes al grupo Movimiento de Restauración de los Diez Mandamientos (Jimenes 2000: 15A). Cerca de 1605 víctimas en total, esto sin entrar por el momento a considerar los casos de grupos menores que también han aportado sus víctimas .

    Tales actos pueden convertirse en distractores que forman un peligroso esencialismo del comportamiento dentro de una secta, en este sentido poco permitirían hacer un estudio más profundo de las condiciones que se precisan para una acción como la del suicidio colectivo, aun cuando ellos mismos sean objeto de investigación sin alejarse de las realidades que ahí deben concretarse, pues suele evitarse e interrumpirse con la continua y muy común categoría apriorística y detenida de fanático , que es una asociación prejuiciada que no suele tomar en cuenta el elemento psíquico en el que es imbuido un individuo que busca realizarse a través de lo religioso, en el que se tiene presente ante todo que, «…si tenemos en cuenta los principios de economía y placer que rigen los actos de seres vivos, podremos estar seguros de que nadie se adhiere a una secta para sufrir más de lo que antes de ingresar a ella» (Rodríguez 1997: 123). Salvo que una secta sea la unión doctrinal y comportamental de masoquistas y sádicos, que de comun acuerdo – o sin el- adoren o proclamen una espiritualidad.

    Teniendo esto en cuenta considero que la clave para un estudio antropológico, según como lo concibo, está en emprender la búsqueda de los sistemas de representación que llegan a subyugar a un adepto sectario, o a uno en potencia y no es cuestión de hacer sólo meras descripciones de sucesos, si bien esto es importante para poder analizar las sectas como un grupo asociado a sistemas simbólicos, que internamente son propagados, y cuya constitución significativa se trasforma por la circulación hermética que se mantiene oculta a los que no están en ella y así, lo que se quiere dar a significar llega a facilitarle la posibilidad de establecer diferencia con los demás, habilitando así, el potencial de constituir pequeñas subculturas.

    Sin duda estas subculturas son posibles, especialmente por la ambigüedad del símbolo que permite, en virtud de su complejidad, vehicular una concepción de mundo refinada y exclusivista. De esta manera el termino cultura debe actuar como parte de una red de símbolos, como una entidad semiótica (Geertz 1989). Aquí sólo trataré de mostrar un poco el estado de la cuestión. Pero vayamos más despacio. Primero examinaremos lo que es una secta, para ir contando los principios de base con los cuales actuaré en éste y otros ensayos relacionados.

    El termino secta

    Existen varias formas de definir secta, empecemos por lo que nos dice la etimología. Este término puede rastrearse inciertamente en el Judaísmo rabínico que llamo minin, es decir «sectarios» o «herejes» a las facciones que estaban separadas de las tradiciones rabínicas, especialmente se referían a los samaritanos y los judeocristianos . La palabra en griego es αίρέσους (airesys) e indica una elección o una dirección y es asociada especialmente a los Nazarenos (cristianos antiguos) de manera peyorativa para indicar que era un grupo adverso en tanto se inclinaba o elegía una conducta o doctrina diferente a la admitida por la ortodoxia. Posteriormente se utilizó para denominar a los grupos disidentes del cristianismo y contrarios a la εκκλησία (eclesya) «congregación.» o «iglesia».

    Pero es en latín donde se encuentra una mayor riqueza y un mayor nivel asociativo con la voz castellana «secta», que al parecer proviene de sectum, lo cortado, separado o desgajado (Santidrián 1994:384). Ésta se encuentra íntimamente relacionada con el verbo secare, que presenta la doble acepción de “cortar” como de “seguir”; también, al igual que en griego, se asocia con secedere que quiere decir «separarse de» «o cortar con» .

    Secta presenta además esta familia de palabras: el adjetivo sectador(ra) (del latín sectator-oris) y sectario(a), que bien puede ser el que profesa o sigue a una secta o el secuaz fanático e intransigente de un partido o de una idea; sectarismo, celo propio de un sectario; sectil (en latín sectilis) término utilizado como un adjetivo médico que indicaba algo susceptible a ser cortado; secto(a) utilizado mucho como adjetivo botánico, que incluye, lo cortado, como lo profundamente dividido, puede emplearse también como sufijo en voces como palmatisecto (Alonzo1958:3728); de ahí también es el origen de la palabra sector, concepto importante para sociólogos y antropólogos urbanos. Otros en cambio, rastrean su origen hasta la palabra sequi, seguir, de donde proviene séquito, resaltando así la acción de las personas que acompañan o siguen a una persona, en este caso a un líder (Leeuw 1964: 254).

    Podemos ver como desde la expresión griega y latina se puede considerar el contraste de la oposición congregación- separación, una dicotomía que todavía subsiste y que además presenta un fuerte contraste con el término religión en tanto que religar; no obstante, estas expresiones están unidas por un sentimiento muy afín, aunque difieran en las formas: la adoración a un ser superior, la aceptación de un orden sagrado y en contraste por uno profano, o bien, por la aceptación de una serie de normas que regulan y aseguran un proyecto de vida con tendencia espiritualizante. Contrario a esta postura, Van Der Leeuw propone como correlato de secta no a la iglesia sino a la comunidad, como un grupo que se une bajo un tipo especial de alianza motivada por acciones religiosas llevadas al extremo (1964: 254). Esta propuesta es bien importante sobre todo si se considera que, en muchos casos, como se mostrará más adelante, la separación del adepto sectario no es sólo con la religión institucional, sino también con todo tipo de instituciones .

    En la Reforma el término llegó a ser aplicado a los grupos protestantes desprendidos del catolicismo que negaban y no reconocían la suprema autoridad Papal. Sin embargo hay que tener en cuenta que tal fenómeno suele asimilarse más al cristianismo que a otras religiones, pero esto se debe a la condición parcializada con que se ha visto. Es de resaltar que el término, en tanto elaboración occidental, también permite reflejar una realidad que históricamente ha sido configurada dentro del orden de lo religioso en varios lugares del mundo, así en el hinduismo son incontables los grupos (en este caso Sampradayas o escuelas espirituales) tanto como el número de dioses de su panteón; en el Islam se reconocen setenta y dos sectas; en el budismo, las doce sectas importantes, más centenares de otras menores. En todas ellas, creo suponer bien, deben existir términos propios para definir este fenómeno que desde luego presenta valoraciones distintas (Armas1994: 469).

    Algunas Definiciones

    Establecido el origen etimológico, se presenta lo más difícil, la definición en el campo académico. Estas son muchas y desde luego contienen contradicciones que no permitirían avanzar. Se presentan declaraciones teológicas altamente peyorativas, por ejemplo la de Manuel Guerra Gómez autor del libro Los movimientos religiosos que define a la secta como:

    Un grupo autónomo, no propiamente cristiano, de estructura piramidal, sin crítica interna, fanáticamente proselitista, desentendido de la cuestión social, exaltador del esfuerzo individual, que espera el inminente advenimiento de una era intramundana, ya colectiva (especie de paraíso en la tierra tras una catástrofe cósmica: fin del mundo, guerra mundial o sin ella) ya individual (una transformación maravillosa del adepto, su llegar a ser «superhombre») (Guerra citado por Armas, 1994:48).

    Nada más superficial y lleno de frases que totalizan aspectos que potencialmente pueden ser más desentrañables, cada expresión es una categoría en sí misma por explicar, no deja nada claro, sólo enumera, ¿A que se refiere con un grupo autónomo? ¿Y lo de no propiamente cristiano? ¿Es ley que todos tengan una estructura piramidal y no haya crítica al interior? ¿Todas son proselitistas? ¿Se desentienden de la sociedad? Y ¿cómo es eso que al haber una estructura piramidal y se anule la crítica, se presente a su vez una exaltación del esfuerzo individual? Otra definición un poco más simplificada, aunque no menos prejuiciada es la siguiente:

    «La secta es el grupo humano que frente a la complejidad del misterio de la fe, del mundo y del mismo hombre, opta por resolver con trazos sumamente sencillos lo que ciertamente no lo es, esta tendencia está relacionada con la razón humana, a la cual se le niega para ejercer la distinción y la crítica que permiten asegurar la verdad.” (Santagada 1981:7)

    A esta definición, así como a la anterior cabe preguntar ¿es acaso la fe un misterio complejo? ¿no hay acaso teologías sectarias sumamente elaboradas y complejas? Para algunos autores existe una dificultad en trazar de una manera contundente la diferencia entre una iglesia y una secta. Es el caso de Bryan Willson que no considera adecuado hacer tal oposición y define a una secta como:

    «[…] una agrupación voluntaria y exclusivista a la que accede mediante cierto prueba de méritos, dotada de un status de elite, autoidentificable y legitimada en torno a un líder carismático, que exige de sus fieles un sometimiento absoluto.» (Willson citado por Benito 1996:74).

    Como se puede leer por estos tres simples ejemplos, el término ha sido cargado de un alto nivel despectivo y no dejan de ser, de alguna manera, advertencias contra un pasado y un presente bastante desalentador y que parece no ofrecer mejoría; por eso no es raro que ciertos grupos como los Testigos de Jehová se defiendan cuando se les llama de tal manera y prefieren llamarse congregación . Toda secta niega ser eso, pero no dudan en llamar así a otros grupos. En Europa, dónde el fenómeno ha seguido con bastante regularidad, se ha buscado otras formas de llamar a estos grupos: nuevas religiones, religiones marginales, movimientos religiosos libres, religiones paralelas, entre otras. Es decir, por no tratarse de fórmulas menos elegantes, podrían tacharse de claros eufemismos clasificatorios para esos grupos no tradicionales.

    La sociología ha desarrollado importantes niveles de conceptualización, definición y clasificación de los rasgos comunes y dispares en las sectas, que sobrepasan las formas simplistas de «positivas y destructivas»(cf. Rodríguez 1997:44-51) y corresponden más a un desarrollo para un comunicado de orden civil, o con otros intereses distintos a los teológicos que las presentan con su constante histórica de un ethos, como si el problema fuera de esencialismos: sectas gnósticas, que ofrecen un conocimiento oculto, de tipo montanista, que exaltan la emoción, los carismas y anuncian la eminente llegada del Apocalipsis (Santagada 1981:23); también las distribuyen en: neopaganas (grupos de la nueva era, satanismo, etc.), orientalistas (Hare Krisna, Ananda Marga, meditación trascendental, etc.) neognosticas (Orden de Acuarius, Gnosticismo) y pseudo-cientificas (Cienciología, Movimiento Reeliano). Esta última clasificación es muy parecida a la división que propuso Willson (1959) en: conversionista, adventista, introversionista y gnóstica. La primera de carácter abiertamente proselitista y que busca por esos medios salvar el mundo; la segunda que anuncia la inminente llegada del fin del mundo y la consecuente intervención divina; la tercera, que busca, al apartarse del mundo, una realización espiritual, y por último, aquella que pretende ser la portadora de un conocimiento especial. Siguiendo esto Thomas O´Dea propone una definición:

    «La secta […] representa el tipo ideal de organización social opuesto a la iglesia. Se trata de una sociedad cuyos miembros, de creencias estrictas, se unen a ella voluntariamente y viven, de alguna forma, apartados del mundo[…] La secta es expresión de desafío al mundo o de un apartamiento de él; niega en mayor o menor grado la legitimidad de las exigencias de la esfera secular, y da especial importancia a la conversión previa al ingreso a ella.» (1976: 512)

    Algunas Características de las sectas

    El autor anteriormente citado menciona unos aspectos que pueden ser aislados para posteriormente ser trabajados antropológicamente y de los cuales me valgo para resaltar que la secta es o representa: 1) una organización ideal, es decir, que tiene o crea en la mente de las personas una imagen valorativa y deseable de lo que debe ser un grupo religioso; 2) una propuesta de enfrentamiento, ya sea de tipo moderado o activo, al poder espiritual establecido; 3) un ejemplo de la libertad de elegir, permitiendo de nuevo la valoración del concepto de libre albedrío, aunque este puede perderse al interior del movimiento; 4) un grupo que se mueve en dos tendencias, la primera es una expresión de ruptura con lo tradicional y la segunda un retorno extremo a las tradiciones que en ella se consideran ideales; 5) una suerte de lógica (de base mítica o pseudocientífica) que le da capacidad para formar sus procesos legitimadores, morales y éticos con el fin de ejercer una acción real y activa cuyo objetivo es la de diferenciarse del mundo; 6) ratifica y promueve los procesos liminares (la conversión) haciéndolos conscientes y presentándolos como acontecimientos importantes que convocan a lo divino o lo sagrado para establecer la diferencia con un orden profano.

    A lo anterior deben agregarse dos características que vendrían a respaldar, y en unos casos, con un estudio más definido, a revalorar la forma de actuar en el mundo por parte de las sectas, esos aspectos serian: militante, o sea que se presentan activamente enfrentadas al mundo y pasiva, que se aparta de la sociedad, pero no muestra clara oposición. En esta ultima característica podemos describir variaciones de dos tipos, 1) institucionalizada, es decir los grupos que suelen adaptarse al mundo cuando su número de miembros crece por vías proselitistas y da paso a otra generación de relevo, o bien que se extiende por los nacimientos dados al interior del grupo y que garantiza así la continuidad, de esta manera no tardan en volverse instituciones sociales. 2) La establecida que nunca llega a mostrar signos de adaptación social, y que sin importar la desaparición de la generación fundacional se mantienen con su postura hermética y antagónica. Esta última pueden dividirse a su vez en: a) grupos que se desligan de la sociedad, incluso hasta geográficamente, para así formar su comunidad ideal; b) los grupos que aunque siguen mostrando oposición, se mantienen en el seno de los vínculos urbanos (O`Dea 1976:512-513). No obstante, hay que tener en cuenta que estos rasgos pueden encontrarse mezclados. Por ello las sectas no deben ser asumidas como un fenómeno de tipo monolítico, si bien, sobre todo en el aspecto ideológico, puede rastrearse unas mismas señas de identidad que contribuyen internamente a una mayor integración mental del grupo y externamente a una menor aproximación de las perspectivas sociales.

    Otras características pueden ser las siguientes. Factor de seguridad y certeza: la verdad y la salvación les pertenece en tanto se mantengan en el grupo. Se presenta un grado alto de afectividad en el que el grupo se considera autosuficiente y no necesita de otros mientras no deseen convertirse a su doctrina, además de llegar a constituir una nueva familia bajo el régimen de un padre (el líder), que puede ser considerado como un profeta, un dios, el Mesías, un maestro o hasta un extraterrestre (cf. Rodríguez: 1997:63-119). El rigorismo doctrinal, con un mensaje atractivo pero radical, que ofrece la respuesta a todo tipo de problemas y el alcance de la paz, la tranquilidad y la anunciación de una época distinta, de tendencia paradisíaca, donde sólo estarán los miembros de la organización.

    De manera comportamental se presentan ciertas medidas coercitivas como el sometimiento a exigencias sexuales, bien sea por reglas endogámicas, de abstinencia, poligámica y/o poliándrica y en la mayoría de los casos suele ser el líder quien controla la sexualidad de sus adeptos para su beneficio; se presentan limitaciones de las relaciones con sus familias y amigos o con cualquier extraño a la secta, quien es visto de manera esquemática y binaria como un enemigo o como un posible integrante más; también la abstención a participaciones sociales como el servicio militar, el saludo a los símbolos patrios, incluso hasta prácticas médicas y hábitos, como la abstención a ciertos alimentos (carne, lácteos) y el uso de indumentaria especial (túnicas, falda para las mujeres, etc). Además de todo esto, esos mismos sistemas se especifican para influenciar psíquicamente no sólo al grupo sino también al individuo, así por ejemplo suelen cerrar todos los conductos comunicativos sociales (lecturas, prensa, radio) para ser reemplazado por las publicaciones doctrinarias del grupo, a través de ellos se busca una reiterada inculcación de pautas o normas de comportamiento emocional y nutricional. De esta manera se le impone todo el ideal sectario como verdadero, logrando un vaciamiento de la personalidad y una anulación de la crítica racional.

    Por la misma vía se adquiere un aprendizaje de modos de establecer comunicación; puede darse el caso de idiomas particulares o alfabetos secretos con un contenido típico en las consignas de una fraseología con tendencia aforística, en apariencia poética y con una carga filosófica. Se le indica claramente cuál es su posición respecto al líder, ese «padre», que todo lo sabe, todo lo puede, todo lo responde, de quien no se puede poner en duda ninguna palabra, que a su vez representa la cúspide del grupo, con quien es deseable estar cerca y al que sólo es posible llegar por los escalones ascendentes de la estructura, que por lo general es piramidal, así esta suerte de «evolucionismo espiritual” se convierte en la obligación, en el deseo de todo adepto, y en el proyecto de vida por el que solo podrá llegar a la perfección.

    Sectas y modernidad

    Las condiciones externas que dan la posibilidad para la aparición de estos grupos son multicausales y no sólo le corresponde al ámbito religioso tratar de dar una respuesta. En la secta se presentan las grandes ambigüedades que ofrece la modernidad, por un lado, la anunciada muerte de dios y la profanación de los principios más puros de Occidente y por otra parte, se vuelve al esoterismo y se renuevan viejas creencias, tal como acertadamente lo declara el teólogo Pablo Campanna (1981:257) «vivimos en la era de la computadora que hace horóscopos y del astronauta con amuletos».

    A esto hay que sumar el hecho, ya anunciado, del eclipse del monopolio religioso, en especial el de la Iglesia Católica que se ha comenzado a fraccionar de manera simbólica, ética e ideológica; es pues una descomposición de las sustancias principales del mundo occidental cristiano, es una crisis de autoridad donde incluso el temor al infierno que causó tanto miedo en la Edad Media ya no entra en juego, si bien entran otros miedos en el terreno individual, como el sentido de incertidumbre ante la inmensidad del Universo y la transitoriedad del ser humano en un orden que le es cada vez más extraño. Para estas y otras muchas cosas las sectas se han preparado respondiendo de diversas maneras, cada una de ellas atrayentes a su modo de acuerdo a la preocupación, miedos y esperanzas que tenga el adepto. El mismo Pablo Capanna ofrece una visión histórica de una modernidad que, orgullosa y a su vez presa de la ciencia y la técnica, se presenta realmente como una forma regresiva a otras etapas que se llegaron a considerar más oscuras:

    Creemos que ya puede comenzarse a hablar de una regresión religiosa de Occidente, que parte precisamente de una paradoja: la sociedad fundada en la Ciencia, en la política racional y el predominio de los lazos temporales, es al mismo tiempo una cultura que día a día se carga de características mágicas, siguiendo un esquema que ya ha acompañado a todas las grandes crisis espirituales que marcan el fin de las distintas eras: Occidente vive un clima mágico similar al del Bajo Imperio, el Renacimiento o el Romanticismo; en un mundo empequeñecido por las comunicaciones, ello nos afectará tarde o temprano. (Capanna 1982: 256)

    A esto se suma el derrumbe de las certezas que nacieron por el avance de la ciencia y por la insuficiencia de ésta al no poder responder ante problemas como la pobreza, la explosión demográfica, la pandemia del sida o la contaminación del planeta, que fueron asumidas como signos claros tanto de la incapacidad humana como de un inminente Apocalipsis. Rastrear estos procesos no es tarea sencilla, podrían resaltarse brotes en diferentes épocas y hasta señalar los procesos que permitieron la proliferación sectaria a través de sucesos discontinuos de secularización, que pueden asociarse muy inicialmente con las rupturas logradas y producidas por el positivismo en las metáforas del lenguaje religioso, donde el cielo ya no es el Cielo, ni la luz la Luz (Capanna 1981: 282), al descentramiento de lo divino en un antropocentrismo, del giro subjetivista del libre examen de las Escrituras que propuso Lutero y que tornó al dios en sí en un dios para mí y que a su vez le puso un no a la Iglesia Católica, para darle un sí a una nueva interpretación de Jesucristo y que a su vez se topó con una negación frente a las religiones que estaban siendo conocidas en los viajes alrededor del mundo, donde con cada encuentro se enfrentaban no sólo con los humanos, sino también con sus ideas, las divinidades y los diversos y profundos sentidos de lo sagrado.

    BIBLIOGRAFIA

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  • El consejo diario 483

    Ese milagro que esperas,
    quizás esté a una acción de distancia.

  • El consejo diario 482

    Ese milagro que esperas,
    quizás esté a una palabra de distancia.

  • El consejo diario 478

    Realmente no existe algo así como el “éxito espiritual”, porque lo espiritual en sí mismo es inmutable. Nada de lo que hagamos o dejemos de hacer varía nuestra esencia espiritual.
    Más bien, existe el éxito a la LUZ de lo espiritual, que es llevar una vida acorde a nuestra NESHAMÁ.
    Cuando vivimos construyendo SHALOM, con acciones de bondad Y justicia, com fidelidad al Código Divino, estamos corrigiendo nuestra existencia y poniéndola en sintonía con la Fuente de todo Bien.
    Ahí radica el único y real éxito.

  • Deseo de la NESHAMÁ

    El deseo de la NESHAMÁ no es, ni puede ser, ególatra.
    No anhela poder ni control, tampoco supremacía o éxito.
    No busca escapar del sufrimiento, ni renegar de la muerte, ofender al contrario, así como no se resiente por el acecho de la impotencia.

    Es pura,
    por tanto conectada a la vida,
    vivifica, en lugar de agredir, corromper, paralizar y matar.
    Ningún deseo o acción contraria a la conexión con la vida tiene cabida en ella.

    Es creación directa del Eterno,
    una chispa de la Divinidad,
    por lo cual, no contiene manchas, opacidades o fisuras que puedan llevar al mal.

    Desea la unidad del todo,
    aun en la diferenciación,
    sea ésta real o aparente.

    Funciona de acuerdo al Código del Amor.

    Para materializarse en este mundo,
    utiliza las máscaras del Yo Vivido que sintonizan con ella.
    Cuando actuamos en acuerdo,
    construimos SHALOM, interno y externo,
    por medio de acciones de bondad Y justicia,
    siendo leales al Eterno.

    Los otros deseos, los nacidos de nuestra humana naturaleza imperfecta,
    no son de por sí malignos o abyectos, los cuales debiéramos repudiar.
    Muchos de ellos son necesarios e indispensables.
    Cuando se armonizan con el Deseo del Yo Esencial,
    entonces producen disfrute, goce, bienestar.

    Al terminar nuestra travesía terrenal,
    dejamos sembradas las obras,
    de las que cosecharemos sus frutos en nuestra vida más allá de esta vida.
    Consecuencia de nuestras acciones,
    adobadas con la Misericordia Divina.

    La gran tarea que tenemos por delante está sintetizada en estas líneas.

  • El consejo diario 467

    Cuando alguien que nos aprecia y respeta nos critica alguna conducta,
    sería inteligente tomar en cuenta sus apreciaciones;
    no porque necesariamente sean verdaderas o correctas,
    sino que algo le está llamando la atención de nuestro hacer
    y sería provechoso saber qué.
    Con esta información a mano, y habiendo descubierto algún punto oscuro para alumbrar,
    sería tiempo de iniciar un trabajo de perfeccionamiento,
    en tanto le agradecemos a la persona por el favor que nos ha hecho.

    Cuando alguien que no nos aprecia ni respeta critica alguna de nuestras conductas,
    sería inteligente evaluar, en la medida de lo posible, la intención de lo dicho.
    Si encontramos que busca agredirnos, perjudicarnos, molestarnos, manipularnos, llevarnos a impotencia con sus palabras,
    entonces, ¿para qué entrar en sus jueguitos? Obviemos la maldad, no permitamos que el EGO responda al EGO.
    Pero, si detrás de ello vemos que tal vez su crítica dio en el blanco, acertó en señalar una acción defectuosa de nuestra parte,
    ¡qué bueno sería admitirlo y emprender el camino del mejoramiento!
    De paso, agradecerle con sinceridad por el favor que nos hizo.
    Así tendremos al menos dos victorias con una sola acción.

  • El consejo diario 465

    El EGO produce caos en nuestro interior
    y por tanto en nuestra relación con lo exterior;
    sea en la acción o en la interpretación de la realidad.

    Sus herramientas para llamar la atención y sustraernos de la sensación de impotencia,
    perturban y alteran,
    con llantos, gritos, pataleos, y sus derivados,
    ejercidos con la única consideración e interés
    que es cumplir ciegamente con su función: eliminar la sensación de impotencia.

    No construyen SHALOM,
    lo perjudica.

    Al tomar conciencia del EGO
    y no actuar bajo su mando,
    ni dejar que sea él quien interprete los hechos,
    podemos llevar una vida de mayor plenitud y felicidad.

    Entonces, debemos entrenarnos para dejar fluir el primer impulso,
    el automático,
    aquel que proviene del EGO,
    para luego evaluar las opciones con paciencia, calma y firmeza,
    y entonces elegir y llevar a cabo nuestra verdadera misión: construir SHALOM en todo momento, interno y externo.

    Así, la LUZ de la NESHAMÁ se abre paso a través de las cáscaras y máscaras,
    y es el espíritu quien se encarna y comanda,
    y no el EGO.

  • ¿Yo tengo fe?

    Nacemos tremendamente necesitados y en casi total impotencia. Por si fuera poco, todo el ambiente y modo de funcionamiento ha variado de un momento al siguiente.
    El terror es sentido intensamente y no tenemos como mitigarlo, pues no contamos con elementos de comparación previa, ni un raciocinio que nos ubique en lo pasajero de nuestro malestar, ni palabras que identifiquen lo que nos sucede y nos brinden alguna orientación.
    Estamos a merced del espanto y apenas provistos de unas muy básicas y primitivas herramientas para la supervivencia.
    Esa pesadilla terrible queda grabada en lo más recóndito de nuestra memoria orgánica, en un lugar inaccesible al lenguaje, sin códigos compartidos socialmente para representarlo y mitigarlo, y por tanto con un poder destructivo inmenso y que apenas puede brota de una u otra forma.

    Nuestra forma natural de supervivencia es llamar la atención, por medio del llanto, especialmente del grito, y el pataleo; para así obtener así satisfacción a nuestras necesidades. Si por algún motivo no funciona el llamado, entramos en estado de desconexión con la realidad, como una forma de preservar la energía, y fantasear que estamos protegidos y calmar un poco el terror; para luego volver a sentirlo y reiniciar el alboroto reclamando ser atendido.
    Además. tenemos un limitado pero útil repertorio de movimiento reflejos; todo encarado a la misma finalidad, sobrellevar la impotencia y mantenerse con vida.
    Es tan maravilloso, en su simpleza. Es espantoso, en su sumisión.
    Estas herramientas dependen de porciones profundas de nuestro cerebro, que compartimos con otras especies animales.
    Nosotros le hemos dado el nombre de EGO, aunque en las neurociencias este vocablo no tiene cabida.
    En la Tradición se le denomina comúnmente como IETZER HARÁ.

    Las reacciones nacidas del EGO a la necesidad e impotencia se va repitiendo sucesivamente, creando así por encima del reflejo del instinto también un hábito, una conducta que de tanto repetirse se automatiza.
    Entonces, de forma natural nos vamos entrenando para obtener un sorbo de satisfacción, de poder, de seguridad cuando hacemos uso de estas herramientas toscas pero efectivas.
    Aprendemos a “controlar la realidad” sin siquiera darnos cuenta.
    En verdad, no es más que una ilusión de poder, puesto que es la debilidad que usamos para que alguien con “poder” nos resguarde de nuestros sufrimientos.

    De este modo, quedan inscriptos en lugares profundos y míticos de nuestra inconsciencia los patrones de conducta que nos movilizarán y serán también la base sobre la que se sostendrán las creencias por medio de las cuales modelamos nuestra realidad.

    En una síntesis muy esquemática:
    sentir impotencia –> reacción automática de manipulación –> obtención de cierta satisfacción –> creencia de control.

    Pero, podría ser también:
    sentir impotencia –> reacción automática de manipulación –> no hay satisfacción –> aumento del sentir impotencia –> reacción automática de manipulación aumentada –> etc.

    Cuando crecemos, no varía sustancialmente este cuadro.
    Podemos añadir conductas, que son ramificaciones de las herramientas básicas del EGO.
    Podemos actuar con mayor uso de la inteligencia, pero si en la base se encuentra el EGO, se repite una y otra vez el modelo infantil, primitivo, que a esta altura ya es enfemizo.

    Pero, podemos aprender modos alternativos, que no dependen del EGO, sino de otras fuentes en nuestro interior. Pero, como sobre esto ya hemos trabajado en demasía, ahora seguiremos por otra lado.

    Toda religión surge como adhesión sumisa al EGO.
    Tal vez de manera difusa la religión sea un camino entreverado y complicado para encontrar al verdadero Uno; pero en su origen y desarrollo podemos afirmar que no hay orientación espiritual en la religión, sino solamente adoración al EGO; el cual es sentido como un salvador milagroso, la fuente misteriosa de vida, la figura mágica que todo lo puede y rescata de la muerte y del dolor. El EGO, quien controla la realidad y mueve los elementos para que se orquesten a satisfacer las necesidades y deseos del siervo del EGO.
    Cambia la palabra EGO por el nombre de cualquier dios, y verás que es una descripción fiel de la religión.
    Recordemos, ni el judaísmo ni el noajismo son religiones, aunque tristemente muchas personas las vivan como tales, y lleven a sí mismos y a otros a espantosas confusiones. Es que, ser judío y noájida no quiere decir estar libre del influjo del EGO.

    Así surge la fe irracional, aquella de creer incluso en absurdos. Como dice el diccionario: “Creencia en algo sin necesidad de que haya sido confirmado por la experiencia o la razón, o demostrado por la ciencia”. (¡Ojo! La voz hebra “emuná”, aunque a veces lo traduzcan fe y lo confundan con ella, ¡no lo es!).
    Desde la profunda oscuridad del EGO nace la fe.
    Es el deseo de seguridad, de control, de satisfacción, a través de  manipular a la deidad (cualquiera fuera la fuerza sobrenatural).
    ”Piensa bien y te saldrá bien”, aunque la realidad no se deja manipular por nuestra ridícula pretensión. Entonces, se elaboran excusas, a la cual más malabarista y llamativa, para pretender justificar la evidencia en contra.
    “Todo es para bien”, cuando es más que cierto que no todo lo es. Pero, no tardan en hilvanar frases, conminar al apego a la voz de “la autoridad”, para de esa manera adormecer el pensamiento, secuestrar a la mente y dejar la fe absurda como valor central.
    Recuerda un dato esencial: el EGO secuestra el intelecto, por tanto, suele haber pintorescas elucubraciones para justificar lo que no tiene razón de ser, ni existencia real. Se arman inmensas catedrales teológicas, filosóficas, de supuesto pensamiento, con la única finalidad de seguir desprovistos de libertad de pensamiento.
    Con la fe se recibe un letargo de la conciencia, que alivia momentáneamente el sentimiento de culpa, para luego agravarlo.
    La fe entontece, por lo que quita temporalmente el miedo, pero al rato resurge con mayor ferocidad y descontrol.
    (Revisa nuevamente la síntesis esquemática que puse más arriba).
    Es un falso paliativo, cuando en verdad es la enfermedad y jamás la cura.
    Es la bota de plomo, cuando ya estamos sumergidos y ahogados en el océano de impotencia.

    La fe, en lugar de madurar el intelecto, la razón, la construcción de SHALOM por medio de acciones de bondad Y justicia, la aceptación, el agradecimiento, el análisis, etc.; la fe mantiene a la persona encerrada en su celdita mental.
    La fe no construye conciencia, ni tiende lazos de entendimiento, ni ayuda en la edificación de un paraíso terrenal.
    Por el contrario, embota, confunde, destruye.

    Ciertamente hay gente llena de fe que actúa con bondad y es justa, pero esto es ¡a pesar de su fe! Si se libraran de la fe, y siguieran limpiando su hogar interno para quitar en la mayor medida de lo posible el mandato del EGO, seguramente que construirían infinitamente mucho más y mejor SHALOM.

    Entonces, tengamos firme una simple propuesta, que a la vez es poderosa y nos dará fuerza, bendición y cercanía con el Uno.
    Dejemos de pretender que seguimos y sabemos las cosas de Dios, cuando tan solo repetimos las cosas de nuestro EGO, al que endiosamos y llamamos con el nombre del dios de moda.
    Abandonemos la pretensión de bailotear en asuntos teológicos, rebuscando en extrañas conjeturas para apaciguar nuestra impotencia y angustia.
    Soltemos la droga que nos perturba la conciencia, intentemos conectarnos a nuestra NESHAMÁ y no a nuestras caretas que representan la nada misma.
    Desentendámonos de la fe, de la superstición, de las palabrerías y creencias banales; no son dignas de hijos de Dios.
    Al Uno no se llega con la convicción en lo que no se ve, ni en adorar cosas muertas o de muerte.

    No miremos a otros con superioridad, creyéndonos mejores y libres, cuando probablemente somos esclavos esclavizados de otros esclavos.
    Mejor, atendamos con humildad y no desde arriba de un falso pedestal, para crecer y elevarnos junto a otros, no por medio de fe, sino de la verdad y la construcción de SHALOM.

  • El consejo diario 462

    ¿Tú crees que si gritas más fuerte, estás mejor demostrando que tienes razón?
    ¿O si tu repertorio de insultos es más variado y grosero, estás más cerca de la comprensión?
    ¿O, quizás, si golpeas y rompes, estás probando con autoridad tu punto?

    A mí me parece, humildemente te lo comento, que es exactamente lo contrario.

    Aunque tu “contrincante” enmudezca y ya no replique,
    ni tenga nada más que añadir,
    ni siquiera un gesto contrariado, nada,
    incluso si sientes que obtuviste una victoria,
    que eres poderoso,
    realmente, y perdón que te lo diga,
    todos han perdido,
    especialmente el anhelo de paz y verdad.