Categoría: Opiniones e ideas

  • El consejo diario 445

    Tú haz tu parte,
    y que sea construyendo SHALOM,
    por medio de acciones de bondad Y justicia.

    El resultado,
    en este mundo,
    obviamente que no está garantizado,
    ni depende de ti.

    Pero,
    si haces en verdad lo que está a tu alcance,
    el camino,
    ya es tu ganancia,
    llegues finalmente a la meta esperada o no.

    ¿Quién te dice?
    ¿Quizás el puerto al que llegaste,
    sea el que tú necesitabas realmente?

    Además,
    ciertamente el beneficio se disfruta siempre
    en la vida posterior a esta vida.

  • El consejo diario 443

    Nuestro Padre y Rey
    nos ha creado de tal modo
    que la vitalidad y
    la alegría
    sinceras y trascendentes
    se obtienen
    construyendo shalom en cada momento,
    por medio de acciones de bondad Y justicia.

    Él es quien ha diseñado este camino
    y nos ha ordenado que lo recorramos
    de manera constante.
    A pesar de las tribulaciones,
    debemos seguir con lealtad,
    aunque fantasías y delirios reclamen nuestra atención,
    incluso si nos prometen lujos y tesoros por medio de la magia o la fe.
    El camino es el de la fidelidad,
    que se resume en los actos de bondad Y justicia.

    Es el único que puede
    darnos satisfacción verdadera y no elogios irreales.
    Es el que nos habilita para disfrutar
    de todo lo bueno,
    del deleite del amor,
    de la bendición,
    del bienestar aquí y el gozo en la eternidad.

  • Costumbre de hijas

    En la parashá de esta semana se encuentra el siguiente pasaje:

    «(7)Cuando alguien venda a su hija como esclava, ésta no saldrá libre de la misma manera que suelen salir los esclavos varones.
    (8) Si ella no agrada a su señor, quien la había destinado para sí mismo, él ha de permitir que ella sea rescatada. No tendrá derecho de venderla a un pueblo extraño, por haberla decepcionado.
    (9) Pero si la ha tomado (como esposa) para su hijo, hará con ella como se acostumbra hacer con las hijas.
    (10) Si él toma para sí otra mujer, a la primera no le disminuirá su alimento, ni su vestido, ni su derecho conyugal.
    (11) Si no le provee estas tres cosas, entonces ella saldrá libre gratuitamente, sin pagar dinero.»
    (Shemot / Éxodo 21:7-11)

    Habría bastante para estudiar y aprender de estas frases, pero, en principio, quisiera concentrarme en estas palabras:

    «hará con ella como se acostumbra hacer con las hijas.»
    (Shemot / Éxodo 21:9)

    ¿Qué quiere decir?

    El sentido llano es evidente: existían costumbres, claramente conocidas en su tiempo y lugar, de cómo tratar con las hijas propuestas para matrimonio. Tal cual también debe hacerse con esta chica, aunque hubiera sido vendida anteriormente por su padre como esclava al padre del “novio”. El exégeta Ibn Ezra lo remarca sencillamente: se la debe tratar tal cual se hace habitualmente con las chicas vírgenes judías propuestas para matrimonio. No se la discrimina por su condición social, a causa de las acciones de su padre, el cual se vio en una situación extrema y desesperada para llegar a hacer lo que hizo con su hija. No es aquí el momento ni lugar para profundizar más sobre esto, continuemos con “lo que se acostumbra hacer con las hijas”.

    RASHI nos amplía con su explicación, que está vinculada al siguiente versículo, cuando menciona:

    «no le disminuirá su alimento, ni su vestido, ni su derecho conyugal.»
    (Shemot / Éxodo 21:10)

    Es decir, actuar con la joven tal como se acostumbra hacer con las esposas, como es obvio y evidente.
    La chica fue esclava pero ahora es esposa, con los mismos derechos y obligaciones.
    Su pasado no marca su presente, ni su futuro.
    Es esposa, como toda hija de Israel que ha llegado al matrimonio, y como tal debe ser cuidada y valorada.

    Profundizando, podemos encontrar en el libro del Zóhar (II, 97a) la siguiente enseñanza:

    “Dentro de una roca poderosa, un cielo/paraíso escondido, se ubica un palacio llamado el Palacio del Amor. Allí, hay tesoros ocultos y todos los besos de amor del Rey. Las almas queridas del Rey entran allí. Y cuando el Rey entra al palacio, “Iaacov besa a Rajel” (Bereshit/Génesis 29:11). Él descubre cada alma, la besa, la abraza, la lleva con Él, se deleita en ella. Esto es «hará con ella como se acostumbra hacer con las hijas.», así como un padre trata a su amada hija, besándola y abrazándola, y dando sus regalos…”

    Te lo explicaré rápidamente.
    La NESHAMÁ (espíritu, Yo Esencial) que somos reposa, habita, se conecta, da sentido, al ser que estamos siendo en este mundo. Somos humanos porque somos NESHAMÁ.
    Esa NESHAMÁ es la hija vendida como esclava, que ya no disfruta de los placeres del palacio paterno, de las delicias de su vida plena en el mundo del espíritu.
    Ahora está confinada a las limitaciones de ser humano encarnado. Entre otras cosas, debe soportar un duro capataz, el EGO, el cual se las rebusca para dominar y hacer sentir su apariencia de poder. Pero, realmente no tiene autoridad sobre ella, el EGO es en verdad el esclavo, el que está al servicio, aunque se rebele y se transforme en un usurpador y déspota.
    NO es gobernar y maltratar su finalidad, por el contrario, la misión del EGO es cuidar de la NESHAMÁ, al preservar al cuerpo de los ataques de la impotencia, otorgándole un lugar para que resida y pueda desplegarse; para que durante el pasaje terrenal la NESHAMÁ adquiera la conciencia y memoria de las experiencias sensoriales, y puedan éstas luego ser disfrutadas en el mundo espiritual con mayor deleite que meramente como datos teóricos.
    El Padre ha hecho “descender” a Su hija a este mundo, de entrecruzamiento material-espiritual, para otorgar mayor beneficio y bienestar a la chica.
    Pero, las leyes del mundo pueden causar dolor, malestar, sufrimiento, agotamiento, lo cual podría hacer creer a la doncella que merece el mal que está padeciendo. Pero, ¡no es así!
    Ella tiene el derecho a disfrutar de lo permitido, a gozar a pleno de las bendiciones que le son propias.

    Tenemos derecho a llevar una buena vida, a pesar de los inconvenientes.
    Debemos encontrar el camino para que la NESHAMÁ gobierne, con su LUZ iluminando cada rincón de nuestro ser y del entorno.
    Cuando el EGO se imponga, es necesario darse cuenta para desarmar su falso poder, ubicándolo en su correspondiente sitio de servidor y no de amo.

    Para lograrlo, es imprescindible aprender del EGO y sus herramientas, así como los mecanismos y costumbres para dotarnos de poder y no caer en sus engaños.
    Las “costumbres de las hijas” son (entre otras):

    • construir SHALOM, por medio de acciones de bondad Y justicia;
    • Comunicación Auténtica;
    • disfrutar de lo permitido;
    • apartarse de lo prohibido;
    • no querer dominar aquello que no puede ser controlado;
    • lealtad al Eterno, al andar por Sus caminos;
    • estudiar para desaprender y aprender y nutrir de esa forma nuestra mente y emociones;
    • TESHUVÁ.

    Todo esto, y algunas cosas más que no hemos mencionado aquí, se resumen alegóricamente en los derechos de las esposas “alimento, ropa y unión conyugal”; aquel que comprende no precisa de más explicaciones.
    El resumen del resumen: construir SHALOM en todo momento.

    Como verás, partimos de unas reglas muy antiguas, bastante extrañas para nuestro mundo actual, (al menos en gran parte de la cultura occidental), pero que eran perfectamente comprensibles en el mundo donde fueron entregadas.
    Y llegamos a descubrir secretos eternos, de salud integral, de crecimiento, que empoderan nuestra actividad de CABALATERAPIA, en procura de un mundo interno y externo mejor.
    En donde reine el AMOR, y no el EGO.
    Al dar un vistazo a las noticias del día, parece difícil conseguir un mundo de SHALOM, una Era Mesiánica, con tanta injusticia, maldad, arbitrariedad, corrupción, desespero, etc.; tanto en lo micro como en lo macro.
    Sin embargo, ahí sigue presente la NESHAMÁ, con su vocecita, con su LUZ, con su perpetua conexión al Padre.
    Podemos ser nosotros el granito de arena que falta para doblar la historia, llevar a que el platillo de la balanza cósmica esté del lado del Bien.
    Así pues, construye SHALOM, aunque parezca que es inútil, aunque tengas contratiempos, aunque tropieces, aunque a menudo sientas que sigue siendo el EGO el señor en tu comarca. Tú sigue haciendo tu tarea, la TUYA, que nadie más puede hacer.
    Sigue adelante, aprendiendo y desaprendiendo, construyendo SHALOM.
    El resultado final no depende de ti, ni de mí; pero el proceso sí.

  • El consejo diario 441

    Algunas personas, en base a ciertas creencias, viven bajo la impresión imaginativa que lo emocional de alguna forma equivale a lo espiritual.

    Pero, realmente pertenecen a planos de la existencia diferentes.
    Así pues,
    encerrarse a canturrear melodías “místicas”,
    bailotear danzas “mesiánicas” “sagrados”,
    aplaudir en congregaciones exaltadas de adoradores,
    adoctrinarse en ciertas fórmulas cuasi mágicas,
    repetir con éxtasis reverente los lemas del líder y/o del grupo,
    sentirse arrobado por emociones indescriptibles que se suponen conectan con lo infinito,
    ayunar en lugares apartados,
    subir a las montañas más encumbradas y sobrenaturales,
    adquirir amuletos y libros exóticos,
    vestirse de manera extraña,
    rodearse de simbología religiosa,
    ciertamente pueden tener un fuerte impacto en el plano emocional, y por consiguiente influir con potencia en el plano mental,
    pero no por ello hemos de adscribirle algún valor espiritual.

    Sin embargo,
    cuando la chispa emocional se enciende y no provoca distorsiones,
    ni altera el pensamiento,
    ni radicaliza la conducta,
    ni afecta la ética,
    ni conduce al perjuicio,
    ni atribula con creencias erróneas,
    ni desvía de la construcción del shalom,
    en ese caso,
    a quien le sirva,
    tal vez valga como una manera más para contribuir a cumplir con su tarea en el plano espiritual.

    En sí mismas,
    no tienen valor espiritual.
    Tal vez no perjudiquen, pero tampoco ayuden.

    Es cuestión de valorar con moderación y conciencia
    los instrumentos que emplearemos para desarrollar nuestro potencial
    y unificar nuestro ser.

  • Cambiar la creencia

    Imagina el escenario.
    Alguna persona de tu cercanía tiene una creencia muy profunda y errónea, que la lleva a vivir en la oscuridad, en una falsa imagen de la realidad, en conflicto, en sufrimiento, etc.
    Tú quieres darle una mano, porque te duele su dolor, y más te apena que sea la misma persona la que participa en su quebranto.
    Sabes, o intuyes, que es necesario que deje de lado su ideología, que lo arrastra hacia el abismo, que lo mantiene atrapado, que lo revuelca en el fango, mientras él la alaba, la defiende, lucha con desespero para sostenerla.
    Tal vez ya te diste cuenta de que te será difícil ayudarle a cambiar de creencia y por tanto a ser libre.
    Ser socio en su liberación y fortalecimiento se presenta como una tarea inmensa y destinada al fracaso, particularmente por la forma en que la persona se esfuerza por atarse a su ideología.
    Si tú te opones abiertamente a esa creencia, el otro se aferrará aún más a ella.
    Si tienes la osadía de manifestar tu oposición, aunque fuera levemente, te devolverán furia, acritud, pesadez, culpas e incluso cosas más violentas.
    Si intentas señalar los evidentes errores, aquellos que siendo relativamente objetivos se pueden observar sin dificultad, chocarás contra el muro de la negación.
    Si eres un poco más agudo en tus comentarios, seguramente la respuesta agresiva será mayor.

    Es dudoso que a esta altura de tus intentos sigas en una posición amable, de buen ciudadano tratando de ayudar desinteresadamente. Casi te puedo asegurar que ya te has transformado en un guerrero, alguien que lucha para tener la razón, para no fracasar, para obtener la victoria. Si comenzaste siendo buena onda, con el deseo de colaborar generosamente, ahora estarás cegado por tu deseo de triunfar, aunque en el proceso te lastimes o lastimes a aquel que quieres (querías) ayudar a ser libre de la distorsión intelectual y emocional. Ahora también tú estarás en guerra. Como el otro, negarás tus acciones, reprimirás tus sentimientos, te encadenarás a tus creencias e ideas, darás excusas para lo que hagas, siempre con el lema de que lo haces por el bien del otro, que tú solamente quieres ayudar, que el otro te ha agredido, que no se deja ayudar, que…

    No, no es fácil que la gente quiera o pueda cambiar su mundo interno. Peor cuando esas creencias son relativas a tener un supuesto poder sobre las cosas, a dominar dioses y elementos, a obtener salvaciones y curaciones, a evitar maldiciones y condenas, a ser librado del mal. Porque esas creencias de poder invitan a encerrarse en ellas, a bloquear todo lo que pudiera poner de manifiesto que en verdad la persona es débil, endeble, vulnerable, rompible, mortal, impotente. Así, la persona se esfuerza en rodearse de lo que la asfixia y va matando, se abriga con ello, creyendo tener poder y superioridad, pero no tiene más que miseria y muerte.

    ¿Qué hacer?
    Unos pocos tips:

    • Usar la Comunicación Auténtica, obviamente.
    • No convertir el asunto en una guerra.
    • No querer vencer, ni convencer.
    • No querer controlar aquello que no se puede controlar.
    • Dominar aquello que está bajo tu dominio.
    • Admitir que el otro tiene esas creencias, aunque uno no las admita para sí mismo ni las considere saludables o necesarias.
    • No intentar cambiar las creencias del otro, porque el otro no está capacitado para que eso ocurra.
    • Encontrar un terreno en común, compartible y compartido, para no cortar el lazo de unión.
    • Recordar que más allá de las máscaras del Yo Vivido, todos somos Yo Verdadero, NESHAMÁ, seres de luz.
    • No permitir actos, palabras, etc. de odio, rencor, violencia, agresión, etc., hacia uno mismo, colectivos, etc.
    • Ten en cuenta que tú también eres esclavo de tus creencias y que en tanto no las tamizas ni filtras, puedes estar en situación similar a la que está el otro.
    • Es casi imposible que uno se libere por sí mismo de la celdita mental.

    Pero… ¿entonces?
    ¿El otro seguirá esclavo de sus creencias y sumará más trabajos forzados a los que ya cumple?
    ¿Será que no tenemos nada para hacer?
    ¿Rezar no serviría de algo?

    Como respuesta a estas preguntas te dejo con una tarea, que si la cumples y quieres nos compartes luego los datos, aquí debajo en la sección de comentarios.
    Estudiar el proceso de liberación de los judíos de la esclavitud de Egipto.
    Estudiar el proceso de la liberación de los judíos de la esclavitud que cargaban en su interior desde Egipto.

  • Rambam, el judaísmo y la filosofía en Moré Nebujim

    Rambam

    Rambam, el judaísmo y la filosofía en Moré Nebujim

    Por Shaúl Ben Abraham

    Pensemos en dos montañas separadas por un gran abismo que, mientras no estén unidas, se han de considerar como dos sitios distintos; cuando aparece un puente entre estos dos lugares alejados, inmediatamente pasan a estar unidos. El objetivo de mi tesis de Maestría en Filosofía consiste, precisamente, en reconocer un puente muy particular entre dos territorios en apariencia apartados. Este artículo es a la vez un resumen y una presentación de dicho vinculo.

    ¿Cuáles son las montañas que quiero unir a través de un mismo puente? O mejor, las montañas que ya están unidas y cuyo vínculo poco se ha estudiado y menos aun comprendido: La religión y la ciencia. Pero no voy a realizar tal unión basándome en mi propia opinión; para lograr este objetivo he decidido resolver el dilema desde la perspectiva del Rabí Moisés Ben Maimón, conocido en el mundo cristiano como Maimónides (hijo de Maimon), Rabí Moisés el Egipcio y el águila de la sinagoga; en el mundo islámico como Musa ibn Maymun, y en entre sus correligionarios como Moshé ben Maimon o Rambam, acrónimo con el que seguiré designándolo en este escrito.

    Para quienes no saben de él, he aquí una breve presentación: Maimónides fue filósofo, teólogo, matemático, médico, gramático, astrónomo, “psicólogo”, jurisconsulto, músico y primer estudioso de religiones comparadas. Nació en Córdoba, al-Ándalus, el 30 de marzo de 1135. Inició de pequeño sus estudios bíblicos y talmúdicos en la misma ciudad, pero en 1148 una ola de fanatismo almohade hizo que su familia tuviera que aparentar su conversión al Islam y cambiar a menudo de residencia. Vivió en la ciudad de Almería, donde dio cobijo en su casa a su maestro Averroes, hasta trasladarse en 1160 con sus hijos a Fez. Allí residió durante cinco años debido a un nuevo ataque de intolerancia almohade que les obligó a exiliarse, primero durante unos meses, en Israel y finalmente en Egipto. Maimónides residió allí el resto de su vida junto a su familia, en la ciudad de Alejandría y después en Fustat (hoy el Cairo, Egipto), donde se ganó la vida ejerciendo la medicina en la corte del visir Saladino, y luego en la corte del visir al-Fadl, hijo mayor de Saladino. Con este oficio obtuvo una gran fama y admiración popular; tanto así que entre la población árabe se decía: “La medicina de Galeno es solo para el cuerpo, pero la de Ibn Maimón es para el alma y el cuerpo”; se sabe que el rey de los francos en Ascalón quería nombrarlo como su médico personal. Maimónides declinó este honor. En la corte de Saladino llegó a emplear su método de práctica profesional, el que tuvo tanta fama que la población entera cercana al Cairo demandaba sus servicios de una manera exagerada, así lo describe en una carta enviada a su discípulo, Yosef Ibn Aknin :
    He conquistado elevada reputación entre los grandes, por ejemplo el cadi supremo, los emires, la casa de Al Fadr y otros nobles de la ciudad, que no pagan mucho. La gente común considera que les queda demasiado lejos venir a verme a Fustat, de modo que tengo que pasar mis días visitando a los enfermos en el Cairo, y cuando vuelvo a casa, estoy demasiado cansado para continuar mis estudios con los libros médicos; ya conoces cuento tiempo necesita en nuestro arte un hombre concienzudo para verificar sus fuentes, de modo que pueda tener certeza de que todas las afirmaciones tienen el apoyo de la argumentación y la autoridad correspondiente.

    En 1199, cuando contaba con 64 años, le escribía a Shmuel ibn Tibbon como era el día a día al que tenía que enfrentarse como médico:

    Resido en Fustat y el sultán está en El Cairo, y la distancia entre los dos lugares es una doble jornada de Shabat. Mis obligaciones con el sultán son gravosas. Debo visitarlo temprano todas las mañanas. Si está enfermo, o uno de sus hijos o un miembro de su harén están enfermos, no me retiro de El Cairo, sino que paso la mayor parte del día en el palacio. Si algunos de los funcionarios de la corte está enfermo, permanezco allí el día entero… aunque no haya nada, no regreso a Fustat hasta la tarde. A esa hora estoy cansado y hambriento, y descubro que el patio de mi casa está repleto de personas, encumbradas y humildes, gentiles, teólogos y jueces, que esperan mi regreso. Desmonto, me lavo las manos y les ruego que esperen mientras como, la única comida en las veinticuatro horas. Después, atiendo a los pacientes. Forman fila hasta la caída de la noche, a veces hasta las dos de la madrugada. Les hablo acostado sobre la espalda, porque estoy débil. Cuando cae la noche, a veces estoy demasiado fatigado para hablar. De modo que los israelitas no pueden mantener conmigo una conversación privada hasta el Shabat. Entonces, todos vienen a verme después de los servicios, y o les aconsejo qué hacer durante la semana siguiente. Después, estudian un poco hasta mediodía, y parten. Algunos regresan y estudian de nuevo hasta las oraciones vespertinas. Esta es mi rutina.

    En 1177 fue nombrado dirigente de la comunidad judía de Egipto. Murió en Al-Fustat el 13 de diciembre de 1204. En Fostat se decretó un luto de tres días, mientras que en Jerusalén se leyeron partes de la tojajah , así como la historia de la captura del arca por los filisteos para indicar que el pueblo de Israel estaba sufriendo una gran pérdida. Sus restos fueron trasladados a Tiberíades, donde aún se puede visitar su tumba.

    La contribución de Rambam a la evolución del judaísmo fue, y es, tan importante que le ha valido el sobrenombre de “Segundo Moisés” y por esos se inscribió en su tumba Mi Moshé le Moshé, lo hayá ke Moshé . En términos religiosos su gran obra fue la compilación de leyes llamada Mishné Toráh (Repetición de la Ley), escrita en hebreo durante los años 1170 y 1180, obra que continuaría escribiendo hasta su muerte. Muchos son los autores que lo reconocen como el filósofo judío más importante de la Edad Media . Al respecto Alicia Axelrod-Korenbrot dice:

    El hombre concreto que mejor ejemplifica al judío que se hace filósofo en la problemática judía, es Maimónides, fuente inagotable de sabiduría para su pueblo, indispensable al mundo rabínico y a la literatura del Talmud, tiene el lugar más importante en la historia de la filosofía judía y un lugar importante en la historia de la filosofía occidental; su punto de partida fue el Antiguo Testamento (sic) de la Biblia y su fin, la defensa de los fundamentos del judaísmo en el momento histórico en que estaba en peligro total por los embates mortales de los mahometanos, que forzaban a la conversión, y los cruzados, que se lanzaban contra los judíos en ruta a Jerusalén.

    En términos filosóficos su libro más importante es el tratado llamado מורה נבוכים (Moréh Nebujim) , libro que se ha traducido al español como Guía de los descarriados, o Guía de Perplejos. Moré Nebujim fue escrito originalmente en árabe bajo el título de dalālat al-ḥā’irīn y traducido rápidamente al hebreo por Shemuel Ibn Tibon y supervisada por el mismo Rambam. De acuerdo a la lectura corriente y convencional de muchos autores la idea fundamental de Maimónides en Moréh Nebujim es la de armonizar entre fe y razón, conciliando los preceptos del judaísmo con el racionalismo de la filosofía, en especial de la aristotélica, dominante en el mundo medieval si bien atenuada con fuertes rasgos neoplatónicos.

    Esto es cierto en parte, pues en verdad se hace muy poca justicia a Moréh Nebujim al emitir tan lacónica afirmación, en mi opinión –que mantengo no sin pruebas-: Moréh Nebujim, es una obra rica en elementos culturales, religiosos y científicos de la época y de periodos anteriores, que pretende con ellos considerar de manera profunda temas como la naturaleza de Dios, la creación, el libre albedrío, el problema del bien y del mal, y la relación de la religión con la ciencia . No en vano por eso Maimónides llegó a tener tanta influencia sobre filósofos cristianos como Tomás de Aquino y Alberto Magno, en la Edad Media, y en filósofos y científicos de la modernidad como Isaac Newton y Baruj Spinoza. Gustav Karpeles señala:

    En Maimónides los escolásticos pudieron aprender qué postura tenían que adoptar frente a las concepciones de los sabios de la Antigüedad, las cuales estaban en contradicción con sus ideas religiosas; de él pudieron aprender una posición independiente frente a la filosofía griega y árabe. De hecho puede observarse la influencia de Maimónides sobre Alberto Magno y Tomás de Aquino, lo mismo que el franciscano Duns Scotus se ve influenciado por Avicebrón-Gabirol y el filósofo Ibn Daud. Cuando se dice de Alberto Magno que es él escribió de nuevo Aristóteles porque donde la Iglesia es de otra opinión, como por ejemplo con referencia a la eternidad del mundo, mantuvo la doctrina bíblica de la creación y afirmó la inmortalidad del alma humana, no debe olvidarse añadir que precisamente estas teorías que se apartan de Aristóteles, Alberto Magno las recibió de Maimónides; incluso puede afirmarse que varios puntos importantes, como por ejemplo la creación del mundo y la profecía, los tomó directamente, es decir, con una copia extractada de una serie de tratados de Moreh Nekubim (sic). La influencia que ejerció el rabino Moisés de Egipto sobre los dirigentes de la filosofía escolástica… se extienden hasta la determinación del concepto de Dios, cuya argumentación y pruebas sigue fielmente Tomás de Aquino, tomándolas de la “Guía de los perplejos” que él había leído en su traducción latina. También la teoría del mal existente en el mundo, que de Tomás pasó a Leibniz y a la filosofía moderna, es original de Maimónides, así como la ética escolástica, que, cuando se eleva por encima de Aristóteles…, sólo ha utilizado un clara diferenciación, que ya Maimónides… había distinguido entre virtudes ética y de conocimiento.

    Lo que se ha olvidado frecuentemente al examinar la obra de Rambam es que el aparato conceptual filosófico empleado a lo largo de Moré Nebujim está de principio a fin operando con un solo propósito: esclarecer mediante el uso riguroso de la razón lo que ha sido aceptado por autoridad y tradición. Lo interesante es que Rambam para lograr dar cuenta en términos humanos lo que ha sido expresado en términos divinos, no solo se vale de su propia tradición soportada textualmente en la Toráh , el Talmud , en los Targumim o en los muchos midrashim , sino que se vale en un segundo punto de apoyo proveniente del exterior del judaísmo, dónde autores griegos y árabes como Platón, Aristóteles, Alfarabi, Avicena, Averroes y Alejandro de Afrodisias son entremezclados para construir con ellos un puente hacia la verdad. ¿Pero cuál verdad? Que la diferencia entre religión y ciencia, entre fe y razón es un asunto de lenguaje, no de quididad.

    Sin embargo a su vez sabe mantener la diferencia a pesar de haber indagado tras los denominadores comunes que estableció por nexos de comprensión que excluyen el conflicto y la oposición. Rambam sabe lo que sabe, y aún más sabe cuánto vale su saber y por eso, frente al perplejo, al dubitativo, está tan seguro de su verdad expresada en términos religiosos y culturales que precisamente eso no impide sino que, por el contrario, le permite examinar en su justa medida otros mundos intelectuales.

    No obstante conviene aclarar algo en este punto: con frecuencia se ha exagerado el papel de Aristóteles en la obra de Rambam; es cierto que para Rambam Aristóteles es una fuente de claridad y precisión, al punto que en Moré Nebujim Rambam sigue su esquema y lo aplica con tal maestría que presenta a las verdades que en la Toráh están dispersas de un modo coherente, diferenciando tajantemente, de paso, de un modo demostrativo el orden natural y efímero que percibimos y entendemos con leyes y controlamos con experimentos del orden del espiritual, metafísico -o más bien divino- que persigue otros propósitos y refleja una naturaleza inaccesible por vías de la corporalidad, más si por las de un intelecto entrenado y disciplinado que debe prepararse para comprender un mundo superior en el que se aplica la terminología convencional que se emplea por medio del lenguaje humano ya que sus percepciones no coincide con él. En ese sentido Rambam descubre algo importante y decisivo que abrirá las puertas de un futuro antiaristotelismo: Aristóteles se equivocó cuando empleó las formulas y leyes del mundo natural para comprender y describir el mundo inmaterial. Por eso y entre otras cosas considero a Maimónides como un precursor de los intelectuales de la modernidad que tanto lo emplearon sin pagarle derechos de autor.

    Como sea Moréh Nebujim es un tratado redactado en tres partes claramente distinguibles: La primera parte trata de cómo debe ser interpretadas las expresiones claves de la Toráh que suelen dejar –en ese entonces como ahora- perplejos a los lectores. La segunda parte trata de las pruebas de existencia, incorporeidad y unidad de la Causa primera, de las inteligencias, de las diversas esferas, de la constitución del mundo, de la creación ex-nihilo, de las leyes y designio de la naturaleza, de la profecía y de la interpretación filosófica de los libros sagrados. La tercera parte está dedicada al examen del sentido de la Providencia, de los ritos prescritos en la Toráh y de las conclusiones halajicas o conductuales a las que estos apuntan.

    De acuerdo a Werner Keller en Moré Nebujim, Rambam: “…desarrolla una filosofía religiosa del judaísmo, formando una sola unidad, dos concepciones del mundo, la religiosa y la filosófica; de reconciliar la fe y el saber”. Pero cabe aclarar que esta “reconciliación” es una operación que Rambam formaliza a razón del “perplejo”, porque en sí mismas están siempre reconciliadas en el espíritu de las Escrituras. El mismo Keller cita a Josef Kastein que asegura: “…si la religión debe conducir a un claro conocimiento de Dios, debe concordar con las exigencias de la razón. Pues no sólo la fe, sino también la razón, es una fuente de la revelación. La primera está corporeizada en la Biblia, y la segunda en la filosofía de Aristóteles” . En términos generales estas declaraciones parecen evidentes, ya que siguen o continúan la idea generalmente admitida que considera que Rambam quiso hacer una componenda del judaísmo con el aristotelismo y ya; pero lo contrario es lo que sostengo aquí: para Maimónides en la Toráh están expuestas las dos vías, la de la razón y la de la fe, y es Aristóteles y los peripatéticos, los que en algunos casos coinciden con ese aspecto de razón que permanece velado para el “perplejo” por su falta de conocimiento de la Escritura y la tradición que la explica.

    Pero ¿por qué leer un autor del que nos separan casi 800 años? ¿nos puede decir algo con respecto al debate de ciencia y religión un judío religioso que vivió muchos años antes que se desarrollara la ciencia moderna? En este breve articulo sólo puedo exponer estas importantes preguntas para sugerirlas, no para responderlas, tarea que he dejado para desarrollarla en la tesis de maestría; basta por ahora resaltar la importancia de Rambam como un filósofo y científico, que siendo de fe judía, puede aportar muchísimo al debate actual de ciencia-religión, lo que a su vez permite pensar en una solución que se traduce en una conciliación entre las partes. Para desarrollar esta idea general, la tesis se desarrolla en cinco capítulos que tratan de lo siguiente:

    La relación de estos tres factores no se encuentra en todo tiempo ni en cualquier intelectual. Maimónides es un filósofo en él que estas tres dinámicas del pensamiento se encuentran coordinadas, estableciendo un pensamiento completo en el que estos tres elementos constitutivos se integran y se reorganizan para ejecutar un acto intelectual único y especial, capaz de comprender la realidad desde una óptica más amplia.

    Bibliografía

     

    AXELROD-KORENBROT, Alicia. Maimónides filósofo. México D.F.: Universidad Nacional Autónoma de México, 1981.

    BARYLKO, Jaime. La filosofía de Maimónides. Buenos Aires: Ediciones Marymar, 1985;

    HESCHEL, Abraham Joshua. Maimónides. Barcelona: Muchnik, 1995.

    JOHNSON, Paul. 1991. La Historia de los Judíos. Javier Vergara Editor, Colombia.

    KELLER, Werner. Historia del Pueblo Judío. 2 Tomos, Editorial Sarpe, Madrid, 1985,

    MAIMÓN, Moshe Ben (Maimónides) 2001. Guía de los Perplejos. Traducción de León Dujvne. Conaculta, México.

    PELÁEZ del Rosal, Jesús (editor). Sobre la vida y la obra de Maimónides. Córdoba: El Almendro, 1991.

    ORIÁN, Meir. Maimónides: vida, pensamiento y obra. Barcelona: Riopiedras, 1984.

  • ENTRE MOISES Y DARWIN

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    ENTRE MOISES Y DARWIN

    Una falsa disputa por los orígenes

    Nota preliminar: Este ensayo fue escrito en el año 1998 para un curso de arqueología en primer semestre de Antropología. Con muchos de los contenidos ya no estoy de acuerdo, en especial con las afirmaciones favorables hacia la selección natural como mecanismo evolutivo y con la valoración positiva de la obra de Darwin, sin embargo lo público en Serjudio.com (con algunos cambios no esenciales) por el interés que el tema suscita y por qué en líneas generales su motivación y el objetivo principal para el que fue redactado sigue cumpliendo su cometido.

    Introducción

    La religión y la ciencia son dos poderes mentales que pretenden llegar al ser humano con pretensiones iluministas, pero cuya luz tiene por fuente y origen, en el caso de la primera, la fe y en el caso de la segunda, la razón. El debate entre las dos es un debate de interpretaciones, es un debate que está centra en el topos noetos (espacio mental) de la palabra, ese espacio semiótico que engendra debates. ¿Qué contenido semántico le doy a la luz, al principio, a la vida, a la muerte? Cada una aporta sus respuestas, cada una llama la verdad a su lado para que se muestre como testigo a su favor; pero el testigo tiene que decidir entre la revelación y el dato. Así en el debate por cual tiene la verdad, muchos han sido los protagonistas, pero en esta ocasión escribiré sobre dos, que a mi parecer posibilitaron el punto más álgido de controversia: Moisés y Darwin: El príncipe de Egipto contra el viajero del Beagle.

    Los protagonistas

    Miles de años los separan y he aquí sus efectos: El idioma es distinto y por lo tanto su visión del mundo es desde luego otra. Cada uno tiene un origen que los hace no solo evidentemente diferentes, sino también especiales. No nacieron en el mismo lugar, ni aún en el mismo continente. Sus respectivas tradiciones los difieren. Uno escribió en hebreo guiado por la revelación divina; el otro en ingles al concluir sus estudios y observaciones después de realizar un viaje por el mundo. Los resultados de esos ejercicios de amanuense concluyeron en sus obras; para el caso del primero en la Toráh o “Pentateuco” que incluye el libro de o Bereshith o como lo conocieron los griego, el Génesis. En cuanto al segundo, redactó varias obras pero es más célebre con por The Origin of Species.

    Cada uno de ellos es considerado como una figura representativa de dos bandos aparentemente opuestos: la religión y la ciencia. Además son considerados como hombres que han marcado una gran influencia en la construcción de la visión occidental. Moisés, líder y caudillo del pueblo Israelita, al cual condujo de la esclavitud en Egipto a la libertad de la Tierra Prometida, es considerado uno de los soportes del Judaísmo, del Cristianismo y del Islam. Entre tanto, Charles Darwin, era un naturalista Inglés, que mientras viajaba por los mares en el Beagle recolectaba una serie de pruebas que le ayudarían a comprobar que las especies no se mantienen inmutables y es por su parte denominado el «padre» de la Biología moderna. A la par leídos y muchas veces mal interpretados.

    Como es evidente estos dos hombres nunca llegaron a conocerse, aunque el segundo si supo quién fue el primero. Una batalla de credos se rinde en nombre de estos dos personajes. De Moisés y su obra dice surgir el creacionismo y en Darwin se confirma y se revoluciona el evolucionismo. Las dos posturas actualmente afirman ser ciencias, pero en el caso del creacionismo ésta pretensión es bastante discutible pues su corpus teórico es evidentemente doctrinal y por lo tanto imposible de verificar por experimentación; en otras palabras es una “teoría” que se afirma así misma como posible sólo en la medida que no está finalizada la teoría darwinista y se levanta en las fallas propias e inherentes al conocimiento. No obstante a pesar de las fuertes evidencias que a lo largo de más de cien años se ha llegado a obtener de la evolución, que sí pudo constituirse como una teoría, no se puede negar la actual presencia del creacionismo dentro de escuelas y universidades de países como EE.UU., España o México, y en ese sentido es de mi interés como antropólogo el análisis de esta creencia con disfraz de ciencia.

    La disputa entre las dos tendencias ha sido llevada a todos los campos, desde los tribunales hasta los libros y panfletos. En cuanto a los tribunales es famoso el caso de El Juicio del Mono en 1920, en el que se consideró ilegal enseñar darwinismo en E.E.U:U, caso que prácticamente tuvo su réplica en 1925 cuando se condenó a John T. Scopes por enseñar la teoría evolutiva a sus alumnos, quien fue amenazado por el tres veces derrotado candidato presidencial William Jennings Bryan, quien afirmaba que en su plan de gobierno: “el movimiento barrerá el país y echará el darwinismo de nuestras escuelas” (en Shapiro 1987: 238). También se ha manifestado la polémica por medio de panfletos y pancartas aludiendo al error satánico de la evolución, tal como ocurrió 59 años después, en 1984, en el Museo de Historia Natural de Nueva York, cuando se efectuaba una exposición de restos fósiles .

    Pero no sólo han sido los creacionistas quienes han participado con este tipo de exageraciones; defensores acérrimos del evolucionismo cayeron en algo parecido como lo delata el fraude del Hombre de Piltdown o las rotulas de elefante extinto que se hicieron relacionar con el Hombre- Mono de Java (Criswell 1973: 85). Un testimonio claro de esto se presenta en la introducción a la edición por el centenario del origen de las especies (Thompson en Darwin 1956: XXI, XXII), donde se confirma que:

    Un efecto de larga duración, y lamentable, del éxito del origen fue la adición de los biólogos al razonamiento superficial que no puede ser verificado […] el éxito del darwinismo fue acompañado por una decadencia en la integridad científica. Esta situación de hombres de ciencia que acuden en defensa de una doctrina que no puede definir científicamente y mucho menos demostrar con rigor científico, en un esfuerzo por mantener la honra de ésta ante el público mediante suprimir la crítica y echar a un lado las dificultades, es anormal e indeseable en la ciencia.

    Para algunos científicos tal debate carece de importancia o es sólo una manifestación insignificante del actual medievalismo mental de muchos como para presentarle atención. Sin embargo en mi apreciación no debería serlo en el campo de lo filosófico y antropológico pues en sí mismo envuelve dos problemas que le competen a estas posturas del pensamiento: el tiempo y la ética; o como para no provocar fraccionamientos diría mejor que el tiempo aquí se entiende como una sustancia ética: de alguna manera es nuestro punto de vista sobre el origen de la vida el que influye en toda nuestra actitud hacia ésta y el porvenir. Por eso comprendo aunque no acepte sus conclusiones las frecuentes y rayadas críticas moralista que creacionistas como Henry Morris y Martin Clark, cristianos protestantes, hacen en su libro The Bible Has The Answer (en Shapiro 1987: 238):

    La evolución no es sólo antibiblica y anticristiana, sino absolutamente acientífica e imposible. Pero ha servido y de forma eficaz, de base pseudocientífica para el ateísmo, el agnosticismo, el socialismo, el fascismo y otras muchas filosofías falsas y peligrosas del siglo pasado.

    O como réplica Scout M. Huse (1996: 22) al hacer una disertación errada y típica de una confusión de correlación y causa, ya que de sus premisas no se desprende sus conclusiones sobre el valor moral de los orígenes:

    Pero, ¿por qué debemos estudiar los orígenes? ¿Vale la pena dedicar tiempo y energía a este tema? Hay muchas razones por los cuales es importante comprender correctamente los orígenes, y sí, es un estudio que vale la pena realizar. Todos necesitamos poseer sentido de identidad, propósito y metas personales. Pero esto es imposible si no conocemos nuestro origen. Lo que la persona crea respecto a su origen determinará su estilo de vida y afectará su destino final.

    Las soluciones a los masivos problemas sociales del ser humano dependen de su comprensión correcta acerca de sus orígenes. Si la filosofía evolucionista es correcta, entonces la vida carece de propósito. Por otro lado, si fuimos creados por Dios, nuestra vida tiene significado, dirección, propósito. De esta manera, la declaración respecto a los orígenes es el fundamento de las demás convicciones, acciones y creencias. Por tanto, el tema de los orígenes es vital, e ignorarlo, un gran riesgo.

    Con estas declaraciones anteriores es fácil captar como desde el bando creacionista se hace del evolucionismo una de las fuentes intelectuales, ergo morales, que han provocado todos los males que están haciendo que nuestra sociedad caiga en decadencia moral, pues según esta postura al negar la creación Divina en un tiempo relativamente reciente, se niega también los preceptos bíblicos. Y yo les preguntaría, ¿y por qué había inmoralidad mucho siglos antes del darwinismo? Pregunta que no responderían. Sin embargo eso es lo que la gente piensa y cree, y como tal, en tanto sea un enunciado que forme parte de la realidad de quienes así lo aceptan y por lo tanto entra a ser parte de una vivencia compete, en su estudio, a cualquier estudioso de las ciencias sociales. Antes de continuar con este asunto, cabe en este instante preguntarse, ¿qué contribuyó a la formación de estas teorías? La pregunta es importante, pues cada una de estas propuestas no dejan de ser, como veremos, hijas de su tiempo.

    Los orígenes de los que postulan orígenes

    Los supuestos partidarios de Moisés

    El Creacionismo que dice ser científico tiene, paradójicamente, su fundamento en un texto del Medio Oriente sin fines científicos que data aproximadamente del año 1600 a.d.e., y cuyos restos más antiguos se han encontrado en Qumram que datan del siglo II a.d.e. Su paternidad es atribuida a Moisés y como él mismo manifiesta hubo fuentes escritas en las que basó para su composición (ver Números 21:14). El libro del Génesis es importante para el pueblo Judío no solo porque afirma que el Universo tiene principio, sino también porque tiene su foco de interés en los principales temas de la revelación de Dios mediante reales actos históricos. Da inicio a sus páginas una de las frases más famosas “En el principio creó Dios los cielos y la tierra” (Génesis1:1). Para un creyente no literalista es un artículo de fe, y para un creacionista es eso y una verdad científica. Para un científico –digamos un físico moderno– el relato desde el comienzo solo presenta problemas . El primer capítulo de la obra de Moisés, sostiene que Dios creó todo a partir de la nada , y después de hacer este planeta, paulatinamente por intervención de su poder manifestado en el habla fue haciendo cada una de las especies . Todo esto en el lapso de 6 días. Así de una manera sistemática podría decirse que el Génesis enumera diez grandes etapas en este orden:

    1) Un principio (Gen 1:1);
    2) Una tierra primitiva en oscuridad, envuelta en gases y agua (V.2);
    3) Luz (V.3-4);
    4) Una expansión o “atmósfera” (V.6-8);
    5) Grandes áreas de tierra seca (V.9-10);
    6) Plantas en todos sus géneros (V.11-13);
    7) El sol , la luna y las estrellas discernibles desde la expansión y el comienzo de las estaciones y de los días de 24 horas (V.14-19);
    8) Monstruos marinos y seres que vuelan (V.20-23);
    9) Bestias salvajes, mamíferas (V.24-25);
    10) El hombre y la mujer o Adam (V.26-27).

    Es interesante notar como la secuencia de formación de la vida que recoge Génesis que va de las aguas a los organismos más complejos es muy precisa y se diferencia así de muchos relatos que antes y posteriormente se podían encontrar cerca del contexto cultural del autor. Tradicionalmente en el mundo cristiano que se ha impuesto el dudoso deber de explicar las Escrituras Hebreas ha habido cinco posturas para interpretar el relato de la creación desde el punto de vista del naturalismo. Aquí lo presento simplificados (La Enciclopedia de la Biblia 1963: 316) pero enunciando el sistema interpretativo, la  característica y una consideración si es necesaria

    1. Mutismo: Las Santas Escrituras copian las cosmogonías orientales purificándolas del politeísmo de los pueblos vecinos. El relato no presenta elementos míticos comparables a otras tradiciones y choca con otras tradiciones, en especial por despojar a los elementos naturales del carácter de divinidad.

    2. Literalismo: Los días son de veinticuatro horas; se hizo el mundo tal como está escrito. No hay prueba de ello en las ciencias naturales.

    3. Concordismo: La palabra día ha de aplicarse a periodos cosmogónicos extensos. El autor al no ser geólogo no ve en la palabra día un periodo. El Shabat es igualmente llamado día y sin embargo no indica un periodo geológico.

    4. Visionismo: Dios reveló a Adán o al escritor la creación en seis visiones presentadas como “días”. No se atiende a lo literal y acude a lo maravilloso sin que ello sea razón suficiente.

    5. Histórico-artístico: Es una narración que presenta diferentes niveles de lectura como pedagógicos, populares y mnemotécnicos. El relato se preocupa en exponer la visón del mundo y doctrinal del autor.

    Los creacionistas son, la mayoría de las veces, seguidores del tipo literalista y concordista de interpretación. Basándose en este relato hebreo y despojado de toda su tradición es que los creacionistas pretenden derribar la teoría evolutiva, e intentan tomarla como una verdad literal y válida científicamente que puede ocasionar el derrumbamiento de todo el “error de Darwin”. Modernamente el creacionismo está representado por figuras como el Ingeniero Civil Henry M. Morris o Duane Gish, este último bioquímico doctorado en Berkeley. Prácticamente en ellos y sus interpretaciones bíblicas expuestas en sus obras (Gish 1979; Morris 1974) se han organizado los fundamentos del creacionismo si bien hay muchas otras formas de entender el creacionismo, las cuales no detallaré aquí, como el llamado Diseño Inteligente. Sus postulados principales son (Citado en Shapiro 1987: 240):

    1) La Biblia es la palabra de Dios escrita, y, puesto que la creemos inspirada desde el principio hasta el final, todas sus afirmaciones son histórica y científicamente ciertas. Para los estudios de la naturaleza, esto significa que el relato del Génesis es una presentación objetiva de simples verdades históricas.
    2) Todos los tipos básicos de seres vivos, incluido el hombre, son el resultado de actos creativos directos de Dios durante la semana de la Creación, tal como se describe en el Génesis. Cualesquiera cambios biológicos que se hayan producido desde la creación han sido solo cambios menores en los tipos originalmente creados.

    Como vemos nada de ciencia tiene eso. A esto podemos agregar algunas de las ideas con pretensiones científicas y más famosas que los autores creacionistas intentan difundir en sus escritos y que he recogido de los libros creacionistas aquí citados; algunas de ellas son:

    a) El registro fósil suministra una evidencia clara de la creación específica de la vida, y de una ausencia total de transmutación de unos grupos a otros por evolución. (Duane T. Gish; Henry M. Morris; Bolton Davidheiser; David Rodabaugh)

    b) Se rechazó el diluvialismo no debido a la emergencia de nuevos datos, sino a la supresión selectiva de parte de ellos, y a la reinterpretación según un gradualismo filosófico apriorístico. El gradualismo geológico es pues una premisa filosófica y no una conclusión científica. (George Grinnell)

    c) Se niega toda veracidad a los análisis, métodos y conclusiones que han servido para datar los fechados radioactivos que sirven para datar el origen de la tierra y se les rechaza por apriorísticos (Harold S. Slusher geofisico, Robert L. Whitelaw)

    d) La termodinámica contradice a la evolución (R.G. Elmendorf).

    e) El campo magnético de la tierra disminuye exponencialmente y esto demuestra que esta es de menos edad de la que pretenden los evolucionistas (Duane T. Gish).

    En otras fuentes se pueden encontrar argumentos bastante simpáticos y peregrinos –generalmente acompañado de dibujos- que usan los creacionistas para afirmar que la evolución es un fraude. Un ejemplo de ello lo podemos leer en el libro ¿Llegó a existir el hombre por evolución, o por creación? publicado por la Watchtower, (1967), editorial que pertenece a los Testigos de Jehová y que dicho sea de paso nunca presenta a los autores responsables de dichos escritos, ni aun cuando se trata de libros doctrinales alegando que el honor de la publicación es para Dios y no para los hombres (cito aquí de varias páginas):

    – Si las ovejas echaron cuernos por evolución porque les ayudaban a sobrevivir, ¿por qué hay muchas variedades de ovejas sin cuernos que sobreviven con el mismo buen éxito sin ellos? (pg. 19)
    – La vagoneta no se mueve por sí misma a menos que actúe sobre ella una fuerza externa. (pg. 25)
    – Una pelota no se recoge a sí misma del suelo. (pg. 25)
    – ¿Es una fórmula matemática jamás el resultado de una coordinación casual de moléculas de tiza en un pizarrón? (pg. 38)
    – ¿Mejora un accidente al automóvil o lo transforma en un tipo superior? Las mutaciones se comparan con accidentes en la maquinaria genética, y “las buenas son tan raras que podemos considerarlas todas malas” (pg. 64)
    – Todas las razas descendieron del primer hombre y la primera mujer. Algunas lograron más alto grado de desarrollo que otras, edificando sobre el conocimiento acumulado. Algunas progresaron por algún tiempo, pero después volvieron atrás. Otras al fin se extinguieron. (pg. 113)

    Estos y otros comentarios demuestran claramente que no saben lo que están comentando y que poco o nada hicieron por comprender el evolucionismo. Como sea, el creacionismo cuenta en 15 países con cerca de 95 grupos activos, los más representativos son el Institute for Creation Research y el Creation –Scence Research Center fundadas en 1963, que exigen a sus miembros un título superior en algún campo científico. Para habla hispana se cuenta con la Coordinadora Creacionista con su sede principal en España.

    Subámonos al Beagle

    Darwin escribió en un momento en el que el mundo intelectual empezaba a inclinarse por considerar el cambio revolucionario que significaba filosóficamente admitir la creencia en la evolución en lugar de una creación especial. La teoría de la evolución que plantea que los seres vivos no permanecen invariables de generación en generación sino que gradualmente modifican sus caracteres hasta que llegan a ser significativamente distintos de sus antecesores primitivos, fue pensada por mucha gente antes de Darwin, incluso religiosos. Hombres como Blumenbach, Linneo, Kant, Lamark o Voltaire, prefiguraron al autor que haría notorio el esfuerzo científico conjunto de varias generaciones. ¿Cuál fue el acto genial de Darwin? Darwin dio su aporte en lo que respecta el mecanismo del cual se valió la evolución: La selección natural por la supervivencia del más apto. El Darwinismo, es un caso especial, en la que una teoría de ciencia natural procede en gran parte del trabajo anterior en ciencias sociales y más específicamente en las posturas de T.R. Malthus (1766-1834)10 y de Spencer. La creación del Darwinismo se sitúa dentro de la historia del pensamiento como derivada de una etapa específica del desarrollo social .
    Al tocar este punto ya se encaminaba la discusión a otro aspecto ¿Cómo había que valorar esta supervivencia moral o biológicamente? Para el mundo europeo cristiano de entonces negar la historia bíblica de la creación era romper el panorama regente de pensamiento. Afirmar que los más fuertes y agresivos sobrevivían a la dificultad contradecía la tercera bienaventuranza. Se pensó que “más evolucionado” incluía la idea de superior, de más alto en una escala de valores aún en un nivel ético; con toda seguridad (Shapiro 1987: 237):

    La idea darviniana de que el hombre no fue creado directamente por Dios, sino que evolucionó a partir de organismos inferiores, socavó los sistemas éticos erigidos sobre la especial y directa vinculación del ser humano con Dios

    Desde entonces esta teoría ha llegado a ser una de las nociones primordiales que dan una visión general que una persona se forma del mundo en que vive. Esto es confirmado por S.A. Burnett en el prólogo al libro Un siglo después de Darwin (1982: 11) al declarar:

    El Darwinismo, constituye una revolución importante en el pensamiento humano que trasciende de toda cuestión científica particular. Nos ha permitido delatar nuestro concepto del pasado, desde la creencia en una creación efectuada hace pocos millares de años, hasta una actitud en la que es posible dudar de si la noción misma de comienzo tiene sentido.

    Darwin, al referirse a su niñez en su autobiografía decía: “… En muchos aspectos había sido un niño travieso… Me gustaba mucho inventar falsedades deliberadas y lo hacía siempre para provocar”. Aunque fue demostrada su teoría, sin duda alguna los objetivos de provocar no desaparecieron en edad adulta: Darwin contribuyo a dar un golpe a los dogmas establecidos y bajó al humano de su pedestal. Si desde el Renacimiento la historia no era concebida como un drama divino, con la Era de las revoluciones el teatro humano se quedaba sin público. No era para menos que los religiosos se asustaran: Marx rondando y haciendo tambalear el mundo económico, cerca estaría Nitzsche arremetiendo contra Cristo y para colmo un naturalista decía que la creación no era creación; con esto la diversidad de los orígenes de la moral y de las costumbres no serían consideradas como consecuencia del pecado y la moral podía irse lejos, a morar en el pasado. Pero nada de esto ocurrió para el bienestar de las almas de los afligidos religiosos, al contrario años después, las morales seguirían pesando sobre la obra de Darwin, especialmente en E.E.U.U. Ejemplos hay muchos. No muy lejos de la apreciación de los «científicos” creacionistas, una espectadora indignada por la serie televisiva Cosmos presentada por el famoso Carl Sagan, que enseñaba la evolución opinó de una manera muy parecida (Sagan y Druyan 1993: 455):

    «Enseñamos a nuestros hijos que descienden de los monos, y luego nos sorprendemos que actúen en consecuencia. Desechemos una norma absoluta de moralidad, convirtamos todo comportamiento en algo relativo, y el resto será el caos moral»

    Nada que decir. Ahora bien para proseguir con una crítica reflexiva es conveniente tomar en consideración dos tendencias “actuales” desde las cuales se puede apreciar el dilema aquí propuesto, las dos, en lo que a mí respecta, las considero como posiciones extremistas. Al final brevemente expondré la solución que planteo.

    Pensar en creer y creer que se puede pensar

    Vivimos en la era de la ciencia y de la tecnología, una época donde han surgido grandes teorías que en otro tiempo serian hasta herejías para los científicos más convencionales; la cosmología quántica, la teoría de las supercuerdas, los agujeros negros y los de gusano, la teoría de la Inteligencia Artificial, los fractales y la teoría del caos, la genética, la redes neuronales, el Big Bang, el concepto de los sistemas autoreflejados, la teoría de la unificación de fuerzas, entre otras que ciertamente no han desplazado a los rosarios, a los talismanes a la reencarnación, a la numerología y la quiromancia, a los horóscopos y las hadas, sino que incluso les ha servido algunos para una mutua comprensión.

    Todo esto ha dejado su influencia en la historia contemporánea, a tal punto que ciencia e historia se han imbricado irreversiblemente. No es sólo que muchos seres sobrevivan hoy gracias a los descubrimientos científicos, ni siquiera que la humanidad toda haya sido beneficiaria de los mismos, sino que cada ser humano piensa y actúa en un mundo influido por el concepto común de ‘ciencia’ con la que, incluso, se verifica la versatilidad y utilidad de toda clase de productos, como detergentes, cremas, televisores o jabones. Ante esa confianza en la ciencia, las más antagónicas doctrinas económicas, sociales, filosóficas o religiosas, en su intento de conseguir prosélitos pretenden estar basados en ella mientras se acusa a sus adversarios de poseer una mentalidad mítica al defender meras ideologías desprovistas de ese instrumento legitimizador. Esta actitud se aproxima a una idolatría de la ciencia, lo que comúnmente se denomina cientificismo; es decir, creer que ésta posee la solución a todo y que nada quedará fuera de su saber . En muchos, esta posición ha provocado problemas espirituales, ¿no ha triunfado la ciencia sobre la religión?, ¿no ha demostrado los biólogos que la aparición de la humanidad sobre la tierra puede explicarse por causas naturales?

    En el otro extremo existe una posición religiosa infantilmente anticientífica, que pretende, sin conocimientos y sin la disposición o la aptitud para adquirirlos, arremeter contra teorías científicas con el argumento de la “autoridad bíblica” (caso del creacionismo) sin una correcta apreciación de lo que es una teoría científica y con el agravante de añadir confusión al identificar una interpretación –la de ellos que se supone es la verdadera- de la Escritura con la Escritura misma. Existe para estas dos actitudes un claro común denominador: Ignorancia.

    Para ser más claros y para ubicarme de nuevo en el tema. Pecan los creacionistas al hacer decir a la Biblia lo que ella no ha dicho y pecan los evolucionistas al fiarse de esta explicación. Es decir, no es verdad que la Biblia enseñe que el mundo tiene tan solo unos 6000 a 7000 años de antigüedad. Las fechas que se llegaron a dar como la de los rabinos que propusieron el 3700 A de C. o la del Arzobispo James Ussher en el 4004 A de C., son solo propuestas y en el primer caso corresponde a comentarios culturales y espirituales de otra índole; en ningún versículo se encuentra eso expuesto de una manera explícita como para alegar un solo tipo de explicación. Por ejemplo, es falso también afirmar que los días de la semana de creación correspondan a días de 24 horas. La palabra hebrea para día es yom y guarda diversos significados dentro de la cosmogonía hebrea. Como también es falso afirmar que la Biblia legitima la explotación de los recursos naturales a través de una enseñanza de la opisición Humanidad – Naturaleza como elementos separados y antagónicos entre sí, por el contrario ofrece una visión como fuerzas y valores complementarios al proponer que el ser está inmerso en el mundo o mejor, no se trata ya de la humanidad y la naturaleza separados sino la humanidad en la naturaleza, integrados, una ruptura de las dicotomías que han hecho equivocar el camino de una ética ecológica y de lo que en los últimos años se ha llamado una teología ecológica .

    El Génesis no gana credibilidad de más o de menos si se afirma que es científico. Tampoco consiste en realizar una investigación con el fin de confirmar si una narración armoniza con los hechos conocidos y forzarla de modo que encaje con una armazón teórica. Han sido los creacionistas los que han puesto al Génesis dentro de un parámetro que no le corresponde, que es ajeno a él, no porque lo contradiga o lo niegue, simplemente porque es radicalmente distinto. El problema entonces no sería preguntarse en este caso si el Génesis es simplemente otro mito sobre la creación o está en armonía con los descubrimientos científicos, sino si su propósito es legarnos conocimientos geológicos o impartir enseñanzas espirituales. Es más, el relato sólo se limita a presentar las cosas que llegaron a ser y no el cómo llegaron a ser de manera minuciosa y detallada. De hecho frente a otras cosmogonías antiguas, la Torá en su relato sencillo, franco y tierno, se salva al presentar un relato sin muchos elementos, doctrinas o creencias. Si fuéramos a juzgar relatos de la creación de otras culturas bajo los parámetros que los darwinistas y creacionistas proponen ya sea para acusarlo o ponderarlo, a muchos, si no la mayoría, les iría peor. La Torá se remite a informa progresivamente sobre los acontecimientos importantes, describe lo que fue formado, el orden en que sé dio y el espacio de tiempo empleado en el que cada uno apareció originalmente de acuerdo a la cosmovisión hebrea, no es más. Pretender encontrar o derivar datos científicos es un desatino. Los israelitas del siglo XVI a.e.c, no necesitaban ni aun podía llegar a concebir la evolución biológica, tenía que tener miles de nociones previas en biología para captar la idea darviniana; a ellos, como buen pueblo semítico, les interesaba saber sobre su prodigioso origen y sus vínculos con el Creador. De igual manera para un grupo de científicos del siglo XIX sería casi inútil una respuesta como la que se da en el libro de Moisés, amén de plantearle una pregunta incorrecta al texto incorrecto. Queda claro que muchas veces se han establecido prejuicios a una creencia por culpa de interpretaciones teológicas y no se obtiene la información a través de un examen del texto. Los creacionistas deberían de recordar lo dicho por De Quincey, que afirmaba que la Escritura no instruía a los hombres en la ciencia, pues estas constituyen un vasto mecanismo para desarrollar la inteligencia. Dios no hace por la humanidad lo que ella misma es capaz de realizar y construir por sí misma.

    Además cabe agregar que no todas las voces religiosas se expresaron de manera negativa de la evolución, simplemente los científicos en su pugna con lo religioso atendieron a las más bullosas y las que finalmente menos comprendieron la obra de Darwin; ejemplo de ello es el rabino Abraham Isaac Kook que vivió a principios del siglo XX y que manifestó en su libro Orot ha-Qodesh (Luces de Santidad) (1961: 537) que:

    La teoría de la evolución concuerda mucho más con los secretos de la Kabaláh que cualquier otra teoría. La evolución sigue un camino de ascensión y así proporciona al mundo una base de optimismo ¿Cómo puede uno desesperarse viendo que todo evoluciona y asciende? Cuando entramos en la naturaleza interna de la evolución, descubrimos la divinidad iluminada en perfecta claridad.

    Ciertamente con esta declaración no podemos afirmar que comprendiera o que siguiera todos los postulados darvinianos, como decir que por ello negara la acción de un Creador, ya que contrario a esta, que mantiene que la evolución es un proceso sin guía ni objetivo, el Rab Kook afirma que la evolución tiene el profundo objetivo de revelar la voluntad divina. Lo que el Rab Kook desprende de la comparación entre Kabaláh y evolución tiene ciertamente ideas éticas, teleológicas y metafísicas que nada tiene que ver con el plano científico, pero establecer dicha relación ya es un paso que se da para que lo apartado se encuentre.

    De nuevo pecan los creacionistas al negar la evidencia a favor de la evolución basados en sus gustos y los científicos al tomar de igual manera posturas cerradas ante problemas de índole espiritual y religioso. Por desgracia para el creacionismo al no presentar una teoría consistente tiene que recurrir, necesariamente, a estrategias que salen del campo de la ciencia, basándose y aprovechándose únicamente de las deficiencias obvias y lógicas que toda teoría presenta. La falta radica en una excesiva confianza en la oposición realidad–verdad como una garantía científica en la que deben sustentarse todo tipo de convicciones. Si bien es cierto que se ha atacado o transformado el darwinismo, ello no significa que tenga que negarse el principio biológico de la evolución. Ciertamente Darwin se equivocó pero eso solo prueba que la ciencia avanza despacio, no necesariamentede que sea un total error, como lo declara David Quammen (2004: 20):

    Concretamente, tenía razón sobre la evolución. No en cuanto a todo. Darwin era un pensador infatigable, por lo que propuso un sinnúmero de nociones teóricas durante toda su vida productiva, de las cuales varias eran erróneas e ilusorias. Estaba equivocado en cuanto a lo que causa las variaciones dentro de una especie. De manera más notable, su teoría sobre la herencia –a la que llamó pangénesis- resultó totalmente errónea; por suerte para Darwin, la exactitud de su mejor y más famosa idea resultó independiente de aquella en particular. La evolución por selección natural representó a Darwin ampliamente, esto es, la observación científica y el pensamiento cuidadoso en su máxima expresión.

    No es lanzando acusaciones dogmáticas como se gana o se mantiene firme un debate sino sobre una evaluación objetiva de los estudios hechos, de lo contrario lo único que se logrará es evadir una cuestión importante. De igual modo dentro de la ciencia es imposible negar o afirmar procesos sobrenaturales. Por principio la investigación científica es atea en el sentido de que prescinde de Dios como factor explicativo, no en que este en contra de Dios. Por tal razón, carece de sentido afirmar que las teorías científicas han demostrado que Dios no existe. El ateísmo como cualquier otra doctrina, no deja de ser una visión cerrada del mundo, es tan parcial y vulnerable como todo tipo de creencia al dejarse llenar de prejuicios en el momento de realizar una investigación. Manifiesta es esta idea en la creencia popular de que el físico, el biólogo o el antropólogo tienden a ser ateos; nada más apartado de la verdad, los hay cristianos, musulmanes, judíos, budistas, hinduistas y son reconocidos en las dos áreas.

    Si bien esto último no es lo usual, se debe a que en el medio académico hay mucho en juego y el teísmo no encuentra buena reputación en este medio; detrás de esto están los premios resplandecientes en forma de fama y publicidad, que contribuyen a que el que hacer científico se active por ambiciones individuales y por eso se halle expuesto a la influencia de todo tipo de creencias preconcebidas. Un auténtico ser de ciencia y espiritualidad descubre con humildad que los hechos aunque sean amargos tienen preferencias sobre los gustos y las esperanzas personales sin afirmar necesariamente que esta últimas deban ser revaluadas o destruidas. Todas nuestras formas de dar explicación al universo se centran en nuestras perpetuas dudas e incertidumbres que algún día se les denominó metafísica. La filosofía, la religión, la ciencia y la literatura de todas las épocas son el espejo de la imagen cambiante de nuestra mentalidad, es decir, de nuestro lenguaje, que se acopla constantemente al mundo y lo delimita.

    El trasfondo que vitaliza la discusión aquí expuesta es el problema del tiempo y sus miles de vínculos culturales a los que esta concepción conlleva. Todo intento de explicación se apropia de la época. Por lo tanto no puede afirmarse que algo sea falso y otro verdadero, simplemente son otras formas -dentro de muchas posibilidades – del pensamiento humano. Puedo afirmar que algo unía a Moisés y a Darwin: los dos plantearon soluciones a partir de los conocimientos y saberes que eran posibles desde sus propias cosmovisiones culturales (y en el caso de Darwin desde luego científicas); es decir, aportaron a sus grupos sociales de procedencia y de interés una respuesta «verdadera» de acuerdo a sus imágenes del mundo; no en vano uno dio una ley ética y otro una ley natural. A mi criterio, tanto ciencia como religión tienen que ir por sus propios caminos, pero con una mutua y permanente crítica cada vez más intrépida y con una conciencia que advierta que todo esfuerzo por valioso que sea es insuficiente y siempre se requiere más para explorar y para contener el universo con el lenguaje. Así, sí alguien quiere ser creyente y científico a la vez podrá sin problemas unir dos criterios aparentemente opuestos con sólo descubrir los valores éticos con los cuales actuar frente a sí mismo y frente a los demás -incluyendo la naturaleza- para ser capaz de contrastarlos con las múltiples y relativas formas del pensamiento.

    BIBLIOGRAFIA

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    TRIGGER, Bruce G. Historia del pensamiento arqueológico. Editorial critica, Barcelona.

  • CUANDO LA INFAMIA TOMA FORMA DE LIBRO

    Palabras entre el odio y la esperanza III

    Por
    Shaúl Ben Abraham Avinu

    Cuando la infamia toma forma de libro

     

    De acuerdo a una idea popular surgida entre cristianos y arraigada en el Islam – religión en la que varios pasajes de su libro sagrado, el Corán, así lo asegura- al pueblo de Israel es conocido como el Pueblo del Libro o el Am haSefer. Título adecuado si se alude con ello al Tanaj y por extensión hace referencia al amor, que en general, se profesa por los libros. No en vano, como lo muestra la historia, las primeras empresas industriales judías fueron imprentas, que con siglos de anterioridad fueron precedidas por las casas de traducción y de confección de los mismos que estuvieron en manos judías.

    Tal es el gusto por los libros que hasta se han redactado hagadot (narraciones legendarias con fines educativos) que hacen del cielo una biblioteca cuyo administrador es nada más ni nada menos que el Ángel Metratón, el de los setenta nombres, el Príncipe del Rostro, que además de fungir como Escriba del Cielo se encarga de guardarlos en celestiales anaqueles luego de adelgazarlos mágicamente para qué no ocupen tanto espacio. Fantasía ilustrativa que sin duda alguna le sirvió a Jorge Luis Borges –quizás a través de su estimado mentor judío, Rafael Cansinos Assens – para imaginar que el Paraíso es una biblioteca.

    No obstante y a pesar de lo anterior, no puede afirmarse que los judíos seamos librolatras, es decir adoradores de libros por ser libros en sí mismos. De hecho ni siquiera a la Toráh se le atribuye culto alguno salvo una reverencia muy especial por ser la “Carta” que nuestro Padre Celestial nos escribió, pero que corre el riesgo de volverse letra muerta si no aceptamos a su Autor y hacemos lo que ahí está escrito y lo vivimos conforme al espíritu de su Sagrada Tradición.

    Hay un engaño sociocultural muy extendido que pondera al libro casi en su sustancia misma olvidando que lo importante en ellos no es el volumen en sí sino las ideas que estos pueden o no llegar a contener. Y ésta aseveración no carece de pruebas: los libros han sido sin duda alguna uno de los elementos culturales más atractivos e influyentes de la humanidad durante siglos: han servido para trasmitir ideas, para exponer filosofías, para dejar testimonios, para expresar la belleza y en general para dejar constancia del conocimiento.

    Como sea, esa ausencia de total confianza hacia el libro por el libro mismo no nace de una adversidad infundada, tiene un prontuario bien arraigado en la historia del judaísmo que se remonta hacia todas las ideas antisemitas o judeofóbicas que una vez desarrolladas oralmente en la cultura popular quedan fijas cuando se imprimen y pasan a morar en un bello objeto que bien podría haber servido para la paz y la conciliación y sin embrago fue empleado para el odio aniquilador.

    En este breve escrito me he propuesto hacer un listado infame en orden cronológico de algunas de estas “joyas” del rencor y la mediocridad, en la que se puede encontrar los siguientes tomos que aquí mencionaré y que ilustran, a mi modo de ver, como la supuesta racionalidad humana pierde los estribos cuando intenta defender el fanatismo ontológico del odio concentrado.

    Empecemos por un libro famosísimo, el Nuevo Testamento, esa supuesta segunda parte de la “Biblia” hebrea que para edulcorarlo con palabras hebreas diversas sectas “judaizantes” lo han llamado Keter, Brit jadashá o Brit jadash, Tzofén Maljutí y demás títulos que no hacen sino empañar a un más lo que ya es en sí mismo turbio. ¿Y por qué inicio por ésta “Sagrada Escritura”? Por una sencilla razón: gracias al Nuevo Testamento fue que se comenzaron a proliferar cientos sino miles de panfletos y libros contra los judíos a lo largo de los siglos subsiguientes a su redacción. Con anterioridad a él se contaba con citas y fragmentos tendenciosos en el mundo griego y romano, pero no se contaba con doctrinas elaboradas con el único fin de dar fin al pueblo de Israel que es como se hace teológicamente en el Nuevo Testamento.

    ¿Cómo no incluirlo si muchos libros judeofóbicos aún citan sus pasajes para legitimar la matanza de judíos? ¿Cómo no incluirlo cuando ahí se acuña la expresión “Sinagoga de Satanás” para deslegitimar nuestros centros de encuentro comunitario? ¿Se necesitan más ejemplos? Daré un par de ejemplos más.

    En uno de sus libros canónicos, el evangelio de Juan (8:43), se atribuyen las siguientes palabras al fundador de su fe: “Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. Él ha sido homicida desde el principio y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla, pues es mentiroso y padre de mentira”. Y por el versículo 47 del mismo capítulo se sabe que se está refiriendo a judíos, no de arameos, romanos, o babilonios. Más adelante en las llamadas “Cartas Paulinas”, Pablo, el apóstol entrometido, asegura en 1 Tesalonicenses 2:14: “Vosotros, hermanos, vinisteis a ser imitadores de las iglesias de Dios en Cristo Jesús que están en Judea, pues habéis padecido de los de vuestra propia nación las mismas cosas que ellas padecieron de los judíos. Estos mataron al Señor Jesús y a sus propios profetas, y a nosotros nos expulsaron; no agradan a Dios y se oponen a todos los hombres” En esos pasajes ya se cifran gran parte de las acusaciones que durante siglos se nos imputaran hasta la sangre, hasta la masacre, el progrom y la persecución. ¿Quién puede defender éste libro de no ser judeofóbico hasta la médula?

    A partir del Nuevo Testamento se generarían en el mundo cristiano una gran cantidad de literatura judeofóbica entre las que se destaca el Dialogo con Trifón de Justino “Mártir”, en el que Trifon parece una referencia a Rabí Tarfón, y en donde se expone sin más que las desgracias que sufrieron los judíos las merecían por ser el resultado del castigo divino al no haber aceptado al supuesto Mesías que proclamaban, siendo la base conceptual y práctica de la posterior teología del reemplazo, ese terrible ideario que se arraigó cultural e ideológicamente en la cristiandad y que repercutió sin duda alguna en la gestación de la judeofobia a nivel mundial y que sigue rondando como supuesto argumento aun hoy en día en las mal llamadas “redes sociales”.

    Luego el mal de esta ignorancia se reproduciría como un virus y entre el año 200 y el siglo IV pulularon varios libros nefastos que coincidían en llevar el título general de Adversus Judaeos; así pues Tertuliano, Hipólito de Roma, Cipriano, Novatio, Diodoro de Tarso, Jacob de Seruah, Maximinio Ceáreo de Artes y el último vocero de la patrística occidental, Isidoro de Sevilla, escribieron sus respectivos tomos en el que de manera repetida, taimada y bellaca, sus sagradas plumas exponían su odio fundado en su amor cristiano.

    Luego vendría el largo tiempo de las Bulas Papales de estirpe judeofóbica: Etsi non displiceat de 1205 a cargo de Inocencio III; In generali concilio de 1218, de Honorio III, dónde se exigía una vestimenta diferente a los judíos; Si Vera Sunt, de 1239, de Gregorio IX, que hostiga a la quema de libros judíos; Vineam Soret, de 1278, por Nicolás III en el que se ordena que se le predique a los judíos; Sancta mater ecclesia, de 1584, por Gregorio XIII, en la que se exige que en Shabat 100 hombres y 50 mujeres escucharan sermones en la iglesia; Cum nimis absurdum, de 1555 por Pablo IV, en el que se limita actividades y prohibía el contacto con cristianos; Hebraerum gens, de 1569 por Pío V, dónde se acusa a los judíos de hacer magia y otros males, además de ordenar su expulsión de los dominios papales; Vices eius nos, de 1577, por Gregorio XIII, dónde pide que no hayan más delegaciones judías en Roma.

    Despues vendrían textos redactados por fuera de la iglesia, pero que seguían de cerca su doctrina esencial sobre el judaísmo, pero esta vez basados en leyendas populares y en los cuentos europeos de la época y no en la teología enfermiza. Así pues aparecen libros como Pugio Dei (La daga de Dios) de Raymond Martini, el mayor polemista, que atacó en época de Jaime I de Aragón al Talmud; Sobre los judíos y sus mentiras, de Martín Lutero (1543), libro que afirma, entre otras linduras que prefiguran a Hitler, que los judíos “son el Anticristo. Es más difícil convertirlos a ellos que al mismo Satán”; El Judío de Malta, de Cristopher Marlowe (1589), libro notorio ya que después de 3 siglos desde la expulsión hecha en 1290 por el rey Eduardo I en Inglaterra hasta su admisión hecha en 1240 se hizo burla de los judíos, siendo un ejemplo de lo que Daniel Pereknik denomina judeofobia de tipo permanente.

    El mundo de los grandes intelectuales no fue ajeno a este ideario de prejuicio. Francisco de Quevedo, por ejemplo, en 1633 escribiría Execración por la fé católica contra la blasfema obstinación de los judío que hablan portugués y en Madríd fijaron carteles sacrílegos y heréticos, aconsejando el remedio que ataje lo que, sucediendo, en este mundo con todos los tormentos aún no se puede empezar a castigar, libro de largo título en el que tan insigne literato solicita, en medio de un odio visceral, un ataque directo a todo los elementos que él consideraba judíos como por ejemplo, “su oro por su escoria”, “su plata hediondez”, “su caudal peste”; justificándose en que, según él, “los judíos hacen lo que satanás le hizo a Cristo” y que además de malos, son “cada día peores”, y con todo eso Quevedo tiene tiempo para preocuparse y solicitar que no lo plagien, y de paso ofende a Luis de Góngora por su nariz judaica. ¡Y un genio de la literartura según dicen! Yo desde que supe que escribió semejante barbaridad no lo leo aunque me paguen, así como tampoco me compraría un automóvil Ford ni escucho a Wagner por más que lo recomiende Daniel Baremboim.

    Luego aparecen libros que pretenden ser especializados en temas judaicos y se atribuyen supuestos descubrimientos a partir de dudosas investigaciones. Endecktes Judemthum (El judaísmo desenmascarado) de 1699, es un ejemplo de ello, libro en el que Johannes Eisenmenger asegura que estudió 20 años en una Yeshivá para aprender el Talmud y odiarlo; libro que será copiado, imitado y reeditado muchas veces y cuyas citas fraguadas y pesimamente traducidas se emplearón con fines claramente acusatorios por los judeófobos. Otro libro de éste estilo es L’Esprit du Judaisme (1770) de Paul D’Hollbach, obra en que se sostiene que el judaísmo es malo por naturaleza y presenta a Moisés como trasmisor de misantropía y parasitismo y al “Dios judío” como un sanguinario que promueve el genocidio, a los patriarcas como lascivos y mentirosos y a los profetas como fanáticos, al mesianismo como una locura colectiva y los judíos en general como un problema vil.

    Cuando políticamente los judíos comienzan a encontrar una relativa aceptación en el mundo europeo y cristiano en el que vivían los libros escritos por antisemitas de profesión van a presentar a todo el judaísmo como una amenaza colectiva. Así aparecen obras como Nuestra Masa, de K.A Sesse (1815), un drama popular que ataca a la emancipación judía de Alemania. Die Jdenfrage (1843) de Bruno Bauer, obra en la que se ataca al “espíritu nacional judío” y entre otras cosas explica que el sufrimiento es causa de su exclusivismo, que al rechazar al cristianismo se negaron al progreso y al universalismo y que –según su palabras- son una religión estéril y que pronto desaparecerá. Los judíos, reyes de la época, de Alphonse Toussenel (1845), una obra en dos volúmenes, inspiró a la judeofobia rural conservadora que eventualmente devino en un movimiento de corte político; aquí el término judío es sinónimo de banquero y usurero, y por ellos aprueba las persecuciones. Hay que aclarar que también odiaba a los protestantes, pero nunca dijo que había que perseguirlos.

    Después, y a medida que el mundo se iba empequeñeciendo gracias a los viajes y la dinámica mercantil aparecerán libros de corte conspirativo. Uno memorable por su autor fue La judería en la música (1850) de Richard Wagner, obra en la que segura que el odio y el reproche al judío es instintivo. Menos mal, como diría siglos después el ya mencionado Daniel Baremboim Wagner fue mejor músico que judeofóbo. Después aparecerían libros como La conspiración Judía contra España, de Robles Degano, dónde acusa a los judíos de cosmopolitas, demócratas y librepensadores. Journal d’un poéte (1856) de Alfred Vigny, libro en el que acusa a los judíos de ser superinteligentes, y de recibir premios en el estudio y de este modo usurpar a los franceses de dichas oportunidades. Lo que me recuerda esa extraña lógica de “si él no fuera el primero, yo lo seria”. Luego vendrían libros como El judío Talmúdico (1871) de Autust Rohling, profesor de la Universidad alemana de Praga, libro que es un refrito del texto de Johannes Eisenmenger, anteriormente mencionado, pero que cabe anotar influyó mucho a un tal Franz Holubek para organizar ataques judeofóbicos en Viena. Lo interesante es que en su época se demostró que Rohling no era ningún experto y que era incapaz de traducir una porción del Talmud. Lo triste es que este hecho no se recuerda pero los sofismas de su libro sí. Y así pasa con muchos otros que dicen citar al Talmud y no saben ni diferenciar entre un seder o masejet.

    Por esos mismo años, hacia finales del siglo XIX, reaparecen temas de vieja estirpe antisemita expuesto en libros como Le mystere du sang chez les juifs de tous les temps de H. Desportes (1859), obra que pretendía demostrar los libelos de sangre, esa acusación medieval que afirma que los judíos bebemos sangre en Pesaj, como algo real y surge –que casualidad- en una época en que éste tema era revivido por toda Europa. El Talmud in der Theorie und Praxis de Konstantin C. Pawlikowski (1866), que copia las mismas supuestas citas de los libros predecesores. El discurso del Rabino de Hermann Goedsche (1869) una obra alemana primera entre los títulos conspirativos que contribuirían a la gestación del texto más famoso y pernicioso: Los Protocolos de los Sabios de Sión, espeluznante libro que trataré luego de manera independiente. El judío, el judaísmo y la judaización de los pueblos cristianos (1869) de Gougenot de Mousseaux, obra francesa que sigue la misma línea argumental de los anteriores. La Venida de los Judíos, (1881) de Fray Ángel Tineo de Heredia, un alegato contra la llegada de Judíos a España. Hace del término “liberal” equivalente al de judío y opuesto a la tradición, justifica los progromos de Rusia a los que considera una actividad contra-revolucionaria. Y no me puedo olvidar de La victoria del judaísmo sobre el Germanismo considerada desde un punto de vista no-religioso de Wilhelm Marr (1879), libro del autor que acuñó el término antisemitismo y en el que advertía del peligro que representaban los judíos en Alemania y como su asimilación a la cultura local constituía un peligro más patente que su religiosidad, para lo cual exponía y diseñaba el modo como los alemanes deberían desearse de ellos sin que se apelara a la religión.

    Se destacan además, en esta lista de la infamia literaria, libros como La Prueba (1883) de Emilia pardo Bazán, un alegato racista contra los judíos. La Sinagoga y la Iglesia. Los judíos, su doctrina, asesinatos, tradiciones y demás crímenes del Francés M.L. Rupert, obra publicada en fascículos en la revista La Cruz de España; obra en la que defiende la reimplantación de la inquisición y ataca a los católicos sin interés por la judeofobia y los considerándolos laxos y prácticamente traicioneros a la causa cristiana. Las Columnas del César (1890) de Ignatius Donnelly, una novela donde relata como los judíos se toman el poder de los E.E.U.U para vengar los padecimientos sufridos durante siglos. España Judía (1891) de Pelegrín Casabó y Pagés, un católico ultraconservador que pedía que volviera la inquisición. Como acotación interesante Caro Baroja dijo al respecto del autor que es un “oscurísimo y poco hábil escritor”.

    Finalizando el siglo XIX, aparecerían títulos que una vez más emplearían el sofisma de la riqueza judía para justificar su odio; así libros como La Bolsa de Julián Martel (1891), en el que se acusa a los judíos de causar la crisis financiera y de la clausura de la Bolsa de comercio; cabe anotar que el texto fue de lectura obligatoria en las escuelas, a pesar de los pocos judíos que había en Argentina en esos años. La última Posición del Pueblo Ario contra el Judaísmo (1892), de Hermann Ahlwardt, autor que decidió volverse judeófobo más por negocio que por una real convicción.

    El siglo XX trajo a su vez, y gracias al interés por la evolución y temas naturalistas, nuevos conceptos y términos que podrían aplicarse con fines judeófobos, en especial apelando a sofismas economicistas y al esencialismo maligno adjudicado a los judíos en particular y en general. Ejemplo de ello es El Paso de la Gran Raza de Madison Grant (1916), donde se acusa a los judíos de volver mestiza a la población judía, como si todos y cada uno de los judíos obligaran a la gente a cruzarse entre sí. Se puede mencionar también El Kahal y Oro (1935) dos obras de Hugo Wast, un seudónimo de Martínez Zuviria, director de la Biblioteca Nacional, un germanófilo nacionalista que después fue ministro de educación en Argentina. Pasando por varios años del siglo XX, y omitiendo a muchos libros populares de judeofobia, paso a mencionar el Plan Andinia (1971) una patraña difundida por el profesor de Economía de la Universidad de Buenos Aires, Walter Bereraggi Allende, dónde afirma el complot de un rabino de Nueva York para desmembrar la Patagonia de Argentina y así crear otro Estado judío (hay una versión de este plan en Costa Rica, el Plan Sefardia, que se supone es un estado Socialista e Indigenista promovido por el Sionismo mundial).

    Podría añadir más títulos y lo voy a hacer aunque no tenga mucho sentido, salvo el de ayudar a evidenciar como la ignorancia, el odio y el fanatismo pueden desquiciar personas que tristemente no emplearon su inteligencia para mejores cosas. Sigo pues con el listado de la infamia: El libro del Kahal, de Jacob Branfman, otra obra, para variar, conspirativa. Partes de este libro fueron incluidas en el libro En el Cementerio Judío de Praga de Biarritz de Goedsche, dónde se refiere a una reunión secreta y nocturna durante la fiesta de los Tabernáculos en las que delegados de las Doce Tribus de Israel planean una vez por siglo la toma del planeta. En 2010 algo de esta narrativa fue aprovechada por el escritor Italiano Umberto Eco en su libro El cementerio de Praga. Y viene ahora La conquista del mundo por los judíos de “Milinger”, alias Osman-Bey, en esta obra acusa a la Aliance Israélite Universelle de ser una Institución antigua de los Judíos, si bien todo demuestra que fue fundada en Francia en 1860, y los acusa como contrarios a todo tipo de nacionalismo. Quince años después el libro contaba con 7 ediciones. Judaísmo sin adornos, de Trofim Kychko (1963), publicado por la academia Ucraniana de Ciencia: es una diatriba contra el Sionismo. Desenmascarando el mito del Holocausto (1964) del francés Paul Rassinier, es una recopilación de escritos en los que básicamente asegura que el genocidio fue propaganda stalinista. ¡Cuidado, Sionismo! de Iury Ivanov (1969), la prensa soviética la consideró como una obra seria y fundamental sobre el tema.

    Uf, respiremos porque esto sigue ya que en el siglo XX, como dice el tango “Cambalache”: “Todo es igual nada es mejor lo mismo un burro que un gran profesor”. Así pues continuo con Mi Patria Palestina. El sionismo, enemigo del pueblo (Alemania, 1975) de Ahmed Hussein, en resumen y diciendo lo mismo pero con otro lenguaje: el sionismo promueve la judeofobia para que se vayan a Israel. La Inflación Argentina (1975) del ya mencionado Walter Bereraggi Allende, en cuya tapa aparece crucificada argentina con una estrella de David por un judío estereotipado. La Guerra de Hitler, de David Irving (1977) un neonazi que aseguraba que Hitler nunca supo que los judíos estaban siendo asesinados en Europa. Sobre el uso de sangre cristiana por sectas judías con propósitos religiosas (1876) de H. Lutostansky, que tuvo varias ediciones (Rusia) y que por cuyo título ya sabrán que revive. La cuestión judía (1873) de Dostoiesky, obra cuya acusación es típica: los judíos un gran problema internacional. (Nota: con Dostoiesky a pesar de su judeofobia no puedo prometer lo mismo que con Ford, Wagner y Quebedo).

    Y sigue, ¿hasta dónde se preguntarán? Hasta que se me acaben las referencias. Francia Judía de Edouard Drumunt (1886), donde se pretendía demostrar que Francia estaba dominada por los judíos, este libro alcanzó en poco tiempo centenares de ediciones. Su autor fue el fundador de la llamada Liga Antisemita en 1889. Al día de hoy los que dominan son otros y nadie les dice nada. Los Fundamentos del siglo XIX de Huston Chamberlain (1899), fue quien propuso la tesis ario-semita, según la cual los arios a través del rey persa Ciro cometieron un error al salvar a los judíos permitiendo de esta manera prolongara su estirpe y provocando así la maldición al mundo cristiano. El Auto-odio judío de Theodor Lessing, (1930) quien convertido al cristianismo ofreció sus servicios a los nazis en Austria. En esta obra defiende la tesis de una culpa metafísica del judío. Para que vean que no todos los judíos somos inteligentes, que es un mito. Argentina judía de Horacio Calderón, obra en la que menciona a los pocos judíos que estaban por entonces en cargos públicos y sobre esa ínfima base numérica asegura que ellos son los que dominan el país. El Talmud desenmascarado, de J. Pranatis, libresco que se publicó mucho en Rusia y tiene sus versiones españolas con nombres de otros autores. La que tengo yo la uso como matamoscas. La Matzá de Sión (1983) cuyo autor Mustafá Tlas fue ministro de defensa de Siria en 2001, libro en el que vuelve al libelo de sangre y que el delegado sirio recomendó a la comisión de Derechos Humano de la ONU, esa institución internacional que se encarga de enredarlo todo. Negando el Holocausto, de Deborah Lipstadt (1993), obra fundamental para entender el Negacionismo del Holocausto y que abrirá el camino para que textos semejantes pululen para contaminarlo todo.

    ¿Cuántos libros mencioné? Ni se ni me interesa, ya con escribir sobre ellos me basta, ya con mencionar sus molestos nombres me es suficiente. Por lo tanto “Day”. Todos basura, papel perdido y tinta mal gastada, pruebas directas de que un libro no es bueno por ser libro, y lo digo yo que tengo mi biblioteca repartida en tres casas: en la mía, en la de mis suegros, en la de mis padres y en el apartamento de una tía. Libros pangermanistas, ultranacionalista, comunistas, contra el Talmud, contra el judío estereotípico, contra el dinero “judío”, contra todo lo que sea judío en fin. Pero eso sí todas contra esa falsa imagen que tienen del judío, o mejor dicho con la imagen que se han formado deformando al judío real, que en últimas es al que han matado, perseguido, torturado, vilipendiado. El gran común denominador de todas esas obras (palabra que les queda grande a ese amasijo de hojas) es que en todas existe una plena ignorancia del judaísmo en todos sus sentidos, pues se basan en una nula experiencia con las fuentes y las personas.

    ¿Creen que todas esas ideas acumuladas en semejantes adefesios no penetró, no se instaló, no se asentó en miles de mentes incautas que buscaban justificar sus derrotas y sus fracasos culpando a alguien más en lugar de corregir sus propios caminos? ¿Creen que eso no ha influenciado psicológica y culturalmente a un odio contra el Estado de Israel? Pues claro, les fregó la inteligencia, les decapitó el cerebro. Como afirma un dicho jasídico muy popular: “la piedra que tira un tonto no la levantan cien sabios”. Y lo peor es que miles de piedras han lanzado los tontos y no hay sabios suficientes para intentar alzarlas. Sin embargo espero estar equivocado.

  • Resp. 5917 – ¿Qué puedo hacer para reparar el mundo?

    Porque el mundo está realmente mal. Mi propio país, uno de los más afortunados de todos cuantos existen actualmente en la Tierra, sufre una crisis económica gravísima que está llevando a individuos y familias a situaciones de desigualdad, pobreza y sufrimiento que hace una década (cuando nos creíamos dioses) eran impensables.

    No tengo trabajo y dependo de mi familia, solo puedo orar al Hashem por las almas de todos sus hijos; pero no sé qué puedo darle a cambio para que escuche mi plegaria.
    David C. 24 años. Estudiante. Ontígola, España.

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  • Hacer que las máscaras sean espejo de la cara

    Estudiamos a menudo acerca de nuestros diferentes YOes: Esencial, Auténtico y Vivido.
    Resulta muy importante para sustentar teóricamente nuestra actividad en CABALATERAPIA, y en general, por el sentido trascendente de ser constructores de SHALOM.

    Sin embargo, el valor fundamental no se encuentra en filosofar, en navegar y bucear por océanos de profundos conocimientos ancestrales, modernos y metafísicos; sino, en desarrollar una vida plena en este mundo, lo que a la postre brinda cosecha fructífera en el mundo venidero.

    Repito, lo esencial no está en especular copiosamente, sino en llevar una vida de construcción de SHALOM constante, por medio de acciones de bondad Y justicia.

    Si para conseguirlo mejor precisamos comprender nuestra complejidad multidimensional, entonces ¡qué bueno que contemos con este material de estudio!
    Si nos resulta irrelevante y superfluo, puesto que construimos SHALOM sin tanto discernimiento, ¡qué bueno que así sea!

    La meta es: construir shalom por medio de acciones de bondad Y justicia.

    Pero, el pensamiento se vuela, con dudas, temores, fantasías, creencias, excusas, lo que fuera que nos desplace de este momento y lugar.
    Nos quedamos anclados al pasado, con sentimientos de culpa, con impotencia por haber hecho o dejado de hacer, como si un anciano débil y achacoso estuviera trepado a nuestro cuello y nos impidiera respirar, hablar con claridad, girar la cabeza para ver a otra parte.
    O estamos pendientes del irreal futuro, llenos de miedo, de ficciones de  impotencia en lo que aún no tiene realidad. Como si un niñito atropellado nos estuviera gritando y saltando sobre nuestra cabeza, sin darnos paz, sin dejarnos un momento para detenernos y decidir con sabiduría y compromiso.
    En esos escapes al pasado o al futuro, malgastamos el presente. Nos vamos ahuecando, pero no para llenarnos de satisfacción y éxitos, sino de vacío, soledad, tristeza, mentiras al solitario, falsedad, materialismo sin sentido, pobreza, etc.

    Perdemos el tiempo y por más que después corramos, ya está perdido.
    No vivimos el presente, no mejoramos las condiciones para mañana. Simplemente pasamos, derrochamos ese capital que es el tiempo, destinamos energía no retornable en conflictos estériles, construimos nada y destruimos mucho.

    A veces nos quedamos reflexionando (haciendo de cuenta que lo hacemos), tratando de descubrir quién somos, cómo ser un vivo reflejo de esa NESHAMÁ que somos.
    Y en verdad, nuestra identidad es lo que estamos haciendo ahora, con los retazos del pasado en la memoria, con las perspectivas del futuro, pero es esto que estamos haciendo.

    Construimos quien somos. No nos encontramos a través de filosofía, ni la fe, ni rezar, ni encerrarnos en soledad para hacer de cuenta que meditamos cosas trascendentes. Si alguna de estas cosas te sirve para calmarte y darte energías para vivir a pleno el aquí y ahora, ¡qué bueno! Pero en realidad, la identidad la estamos construyendo con las decisiones que tomamos, lo que hacemos y dejamos de hacer.

    Entonces, dediquémonos a construir con acciones de bondad Y justicia.
    Aprendamos, estudiemos, desaprendamos, entrenémonos para no estar siempre reaccionando a través de las herramientas del EGO.
    Construyamos SHALOM.

    Si hemos construido SHALOM, con más o menos filosofía,
    al final del camino,
    cuando necesariamente solo quede la NESHAMÁ (espíritu, Yo Esencial) y la memoria fiel del cúmulo de vivencias de nuestro pasaje terrenal,
    comprobaremos, que nuestros Yoes máscaras fueron espejos de nuestro Yo cara.
    Es decir, si logramos sintonizar nuestra conducta con el Yo Esencial,
    por medio de acciones de bondad Y justicia,
    el resultado siempre será dichoso, bendito, luminoso.

    ¿Quedan dudas?

  • José revela un gran secreto

    Iosef ahora se llamaba Tzafenat Paneaj (el revelador de lo oculto) y era el hombre más poderoso de Egipto, ¿de todo el Oriente Próximo?

    Había sido vendido como esclavo, condición que padeció durante un año, luego paso doce años en prisión y más tarde nueve como político y regente del imperio más fuerte de su época.
    Conocía de altibajo, alturas inaccesibles para la mayoría de nosotros así como abismos espantosos que muy pocos recorremos de manera habitual.

    Su aspecto exterior siempre escondió su verdadera identidad, ¿cómo en casi todos nosotros?
    Pero, en su caso está explicitado con las siguientes palabras:  «Iosef [José] reconoció a sus hermanos, pero ellos no le reconocieron a él.» (Bereshit / Génesis 42:8).
    ¡Sus propios hermanos, los que compartían su raíz, no pudieron darse cuenta ante quien se encontraban!

    Las máscaras que usaba Iosef cubrían de tal manera su esencia que difícilmente se podía vislumbrar algo de ella, sin embargo, allá en lo profunda seguía viva y atenta: «el faraón se quitó el anillo de su mano y lo puso en la mano de Iosef [José]. Le vistió con vestiduras de lino fino y puso un collar de oro en su cuello. Luego lo hizo subir en su segundo carro, y proclamaban delante de él: ‘¡Doblad la rodilla!’ Así lo puso a cargo de toda la tierra de Egipto…» (Bereshit / Génesis 41:42-43).

    Llegó por fin el momento de la revelación, de quitarse las máscaras y dejar salir a la vista si identidad esencial. Las condiciones para que esto ocurriera se alcanzaron, entonces: «Iosef [José] dijo a sus hermanos: -Acercaos a mí, por favor. Ellos se acercaron, y él les dijo: -Yo soy Iosef [José] vuestro hermano, el que vendisteis para Egipto. Ahora pues, no os entristezcáis ni os pese el haberme vendido acá, porque para preservación de vida me ha enviado Elokim delante de vosotros.» (Bereshit / Génesis 45:4-5).

    En este episodio de mostrar su identidad, hay algunos puntos curiosos. Te mencionaré algunos pocos.
    Estaban solos, pero igualmente les pidió a sus hermanos que se acercaran.
    Les manifestó su identidad, pero añadió un par de datos que resultaban innecesarios, aunque él encontró oportunos ponerlos sobre la mesa: que era el hermano de ellos y que ellos le habían vendido hacía tiempo como esclavo.
    Luego les asegura que no hay rencor ni necesidad de sentimientos negativos, porque todo esto era un plan de Dios para dar vida.

    Podría ofrecerte ahora respuestas a estas cuestiones llamativas, pero antes te explicaré qué representa esta historia verídica pero con un correlato metafísico.

    Iosef, como hijo de Israel, como hermano de sus hermanos, como el oculto, está representando nuestro Yo Esencial, la NESHAMÁ o espíritu de cada persona.

    Su descenso al pozo y las peripecias en Egipto, representan nuestra llegada al mundo y la vida terrenal con sus experiencias oscuras y luminosas, con sus éxitos y fracasos, con sus errores y reparaciones, con sus crecimientos y estancos, etc.

    Sus máscaras son nuestras máscaras, el Yo Vivido en sus múltiples facetas.

    El encuentro y presentación sincera ante sus hermanos, es el momento cuando nos despojamos de la servidumbre hacia el EGO. Esto puede ser al morir, o cuando doblegamos momentáneamente al EGO durante el transcurso de nuestras vidas, o cuando logramos cierta armonía que permite que las máscaras del Yo Vivido representen al Yo Esencial en lugar de ocultarlo y travestirlo.

    Los tres elementos curiosos que señalé del encuentro representan cada uno:
    -Que se acercaran los hermanos: porque aquellos que siguen bajo el dominio del EGO tienden a espantarse y/o no comprender a los que pueden conciliar su Yo Vivido con su Yo Esencial. Que no permitan que domine el miedo, ni que de la impotencia se disparen las respuestas automáticas del EGO. Por el contrario, que se aproximen, que dejen de lado la pretensión de poder y asuman su verdadero poder.
    -Que era su hermano: que ellos reconozcan en sí mismos que también son esa identidad luminosa, libre de pecados, carente de maldad, siempre radiante y benéfica. Si Iosef pudo destacar con bondad y justicia, con construcción de shalom a pesar de tantas adversidad (por la impotencia y por el exceso de poder), ¿cómo no harían de poder ellos?
    -Que ellos lo vendieron: no se olvidó del pasado y de las cosas truculentas, no es negando la realidad, no es mintiendo, ni haciendo como que perdonara pero no es así. Por el contrario, es con un verdadero proceso de TESHUVÁ, en el cual se tiene por un momento presente el mal hecho, para proceder a repararlo y después no volver a caer en él. Esa mala experiencia ocurrió, ellos ya lo habían asumido y en cierta forma enmendado, eso lo quiere destacar Iosef. La TESHUVÁ es la poderosa arma en el arsenal de la construcción del SHALOM, no la fe hueca, los rituales vacíos, el pobre pensamiento falsamente positivo, las palabras lindas pero sin acciones concretas.
    -Que es un plan de Dios: tal cual, nuestra vida terrenal es parte de un plan que Dios tiene para brindar placer meritorio a nuestra NESHAMÁ y no meramente el placer de la vergüenza que se obtiene gratis, por gracias, sin esfuerzo ni trabajo. Estamos en el mundo para sobreponernos a nuestras debilidades, sea obteniendo poder sobre ellas o admitiéndolas y viviendo con sentido a pesar de ellas. Estamos aquí para recolectar lo que sembramos con nuestra actividad, y no para sufrir o al azar.

    Tenemos muchísimo más para aprende de estas secciones de la Torá, pero por hoy es suficiente.

    Si conoces nuestras enseñanzas acerca del EGO, de la NESHAMÁ, de lo que compone la CABALA-TERAPIA, seguramente habrás podido disfrutar de este texto que te regalo ahora.
    Si no tienes presente nuestras humildes enseñanzas y te produce curiosidad, tienes aquí mismo miles de artículos gratuitos para tu beneficio y bendición.

    Será un placer leer tus comentarios al respecto de este post, en la zona de comentarios aquí debajo.

    (Texto escrito en mérito y honor a mi apreciado padre, Pesah ben Yehuda Arie Z”L, en fecha de su partida de este mundo).

  • Ser y estar siendo

    A partir de una charla con un amigo surge este post.

    Nuestra NESHAMÁ, lo que denominamos Yo Esencial o espíritu, no está materialmente en nuestro interior,
    aunque a veces lo señalemos como la LUZ interna o la pequeña voz dentro de nuestro ser.
    No se ubica en ninguna parte del cuerpo.
    Ninguna zona cerebral es su asiento.

    Ante esta afirmación surgen algunas interrogantes.

    1. ¿Dónde está?
    2. ¿Cómo con nuestros actos podemos volver a ella, si no ocupa lugar físico?
    3. Si es la esencia de nuestro ser, pero no está en mí, ¿yo soy realmente yo?
    4. ¿Quién somos en realidad?
    5. ¿Somos la información que aprendemos?
    6. ¿Somos lo que construimos con los años?
    7. ¿Somos lo que Dios impuso que fuéramos?

    Vayamos respondiendo con sencillez y sintéticamente a estas cuestiones. Será difícil de comprender, lo admitimos antes de presentarlas.

    La NESHAMÁ es una entidad espiritual, proviene directamente de Dios.
    No ocupa espacio, por tanto no sufre alteraciones, ni es afectada o depende del tiempo “material”.
    Está en un lugar que no es lugar, en un tiempo que no tiene tiempo.
    Si no lo puedes entender, te confieso que a mí también me cuesta. Está bien que así sea, porque todo lo que conocemos y sabemos depende de nuestros sentidos, somos esclavos de nuestro cuerpo, dependemos necesariamente del tiempo y del espacio. No tenemos noción de existencia fuera del tiempo y espacio. Hasta cuando imaginamos mitos, historias de ciencia ficción, delirios, estamos atrapados entre esas dos coordenadas. Dios, y por tanto nuestra Neshamá, no habitan nuestra realidad ni son afectados por nuestras limitaciones.
    Existen en una realidad diferente a la nuestra, que es incomprensible, aunque quizás pudiéramos tener destellos momentáneos de claridad al respecto.
    ¿Te sigue costando entenderlo?
    Lee esto: http://es.wikipedia.org/wiki/Flatland,_romance_of_many_dimensions, quizás te dé alguna idea y ayude a dar un marco a lo que no puede ser enmarcado.

    Entonces, ¿dónde está la Neshamá?
    Sabemos donde NO está.
    No está en nuestro cuerpo, en ninguna parte.
    Pero, tampoco está fuera de nuestro cuerpo, en alguna parte del cosmos.
    Se encuentre en “otro mundo”, aquel que está fuera del tiempo y del espacio. El mundo del espíritu.

    Por su propia “naturaleza”, este mundo no puede ser medido, diagramado, pesado, contado, etc.
    No está dentro del ámbito de la ciencia.
    No tenemos instrumentos para atraparlo o aprehenderlo.
    No hay experiencia terrenal que sea similar.
    Es por completo diferente a todo lo que conocemos o conoceremos.
    Solamente nos queda aceptar la creencia como lo que es: una creencia.
    Contamos con los testimonios de los millones de testigos presenciales en la Revelación en Sinaí, con los legados de los profetas verdaderos, con los relatos de la gente que ha tenido experiencias después de minutos de muerte clínica, y me parece que no hay mucho más que podamos presentar.

    Nuestra Neshamá es la identidad que nos ha otorgado directamente el Creador.
    No tenemos parte en su existencia, como tampoco nuestros padres ni otro ser vivo o elemento físico.
    Proviene del Eterno, permanece en el Eterno, retorna al Eterno.
    No cambia con nuestras acciones, no existe nada material que la afecte, ni para bien no para mal.
    Es, sencillamente es.
    Podríamos decir que es el ideal sobre el cual basarnos para diseñar nuestra vida en este mundo, la meta para alcanzar, la imagen para descubrir en el espejo de nuestra existencia. Como si fuera el plano elaborado por el experto arquitecto, el cual deben seguir con precisión los obreros para que finalmente la obra tridimensional plasme con belleza el esbozo del creador.
    ¿Se entiende?

    Lo que hacemos, los nombres que usamos, los títulos que nos acompañan, nuestras acciones, lo que recordamos, las actitudes, posesiones, vínculos sociales, etc., forman esas máscaras que arman al que denominamos Yo Vivido. Éste es por completo terrenal, lo construimos en el mejor de los casos; en los menos buenos asumimos aquello que los demás nos imponen o mandatan. Somos como personajes armados con bloques de Lego.
    Nuestros actos pueden estar en sintonía con el Yo Esencial, y por tanto estaríamos viviendo de acuerdo a esa imagen ideal, que es nuestra identidad real.
    Cuando la máscara
    coincide en algún aspecto con esa esencia pura e inmodificable que es el Yo Esencial , estamos en un instante de armonía, en shalom interno.
    Pero, si hay conflicto entre máscaras y Yo Esencial, cosa que es lo más frecuente, entonces estamos en colisión interna. Imagina que estás contratado para un arquitecto que diseño un plano que tienes que interpretar y realizar, pero estás armando otro modelo diferente y que no encaja, entonces estamos en una vida aparente, en impotencia, a merced del EGO.

    Con esto podemos suponer que yo soy algo que no soy yo.
    Porque hago cosas que forman mi Yo Vivido, el cual es mi YO terrenal, el que conozco (en la medida de lo posible), el que los demás conocen, el que veo en el espejo, etc.
    Pero al mismo tiempo hay otro Yo, que es genuino, que es eterno, que es el que debo llegar a conocer y vivir como lo que él plantea.

    ¿Suena desquiciado?
    Sinceramente, sí. O tal vez demasiado metafísico.

    Veamos un poquito más, quizás pueda explicarlo mejor.
    Yo soy esto que estoy siendo (o sea, Yo Vivido).
    L
    o genial seria que lo que estoy siendo coincida con lo que soy (o sea, Yo Esencial), para ser completamente.
    En unidad, en shalom, en plenitud.

    ¿Y cómo entender aquello de la Neshamá que somos pero que está fuera de nuestro cuerpo?
    Usemos una metáfora para tratar de contar lo incontable.
    Supongamos que somos una computadora que venimos al mundo con nuestro sistema operativo funcional y un disco duro apenas ocupado por las experiencias intrauterinas.
    Ese disco duro, el cerebro, se irá llenando con información con nuestros aprendizajes, estudio, etc. Esa información será procesada, mezclada, cotejada, arreglada, etc. para que aparezcan fragmentos de ella en nuestro monitor, que sería lo que tenemos en la conciencia en cada instante dado.
    Además tenemos una conexión permanente a una poderosa internet, llena de todo el conocimiento del universo. Como casi infinita Wikipedia universal que está a nuestro alcance, es lo que podemos llamar el «otro mundo».
    ¿Dónde está? No lo sé, aquí, allá y en ninguna parte. No tengo idea de su ubicación y realmente no me preocupa en lo más mínimo. Solo sé que del otro lado hay una terminal que recoge la información que transmitimos y la inserta en esa Wikipedia, pero también recoge algo de información de allí y nos la transmite a nosotros, donde la recibimos en alguna área del cerebro (probablemente, no tengo conocimiento exacto del asunto, ni conozco si alguien lo tiene).  La terminal del otro lado, es la Neshamá.
    Cuando morimos, la terminal de este lado deja de funcionar, ya no hay más transmisión, se cortó la conexión; pero, la terminal del otro lado no se inmuta, no sufre cambios. De manera similar aquella información que enviamos para allá, que se encuentre almacenada debidamente y a disposición de quien esté autorizado a revisarla.

    De aquí aprendemos una importante enseñanza.
    Si nuestra vida terrenal es una constante actuación de i
    nstintos y/o de automatismos anclados por el entrenamiento social, entonces somos animales robotizados, títeres con apariencia de poder y libre albedrío. Tal como otros animales, al sonar la campana nos chorrearemos de saliva esperando la comida. No hay trascendencia, no hay deleite, ni libertad, ni elección, ni poder, ni siembra para cosechar favorablemente en la vida posterior a esta vida.
    Somos lo que estamos siendo, máscaras, Yo Vivido disfuncional, fuera de sincronía con el Yo Esencial.

    Teniendo en cuenta esto, es fácil reconocer qué son las celditas mentales que menciono frecuentemente en varios artículos de mi autoría.
    ¿Te animas a decirlo?

    La persona tiene que ser con ella misma objetiva y honrada para detectar sus errores y fallas. ¡Nada simple! Tarea llena de obstáculos y contratiempos, por lo general motivados por el EGO, propio o ajeno.
    Un buen proceso de CABALATERAPIA puede ser de gran ayuda, aunque no ejerza efectos mágicos ni resuelva todos los conflictos.

    Estamos limitados en nuestro control, por ello debemos aprender a no querer controlar lo que no podemos controlar. Aprender que nuestra NESHAMÁ no nos manipula, de hecho quizás ni tenga influencia directa en nuestra vida cotidiana. Ella no viene a nosotros, pero nosotros podemos ir hacia ella, en sentido figurado. ¿Cómo? Asemejándonos a ella, para llegar a ser aquello que es la mejor imagen de uno mismo. ¿Cómo? Conociendo nuestra raíz espiritual, judía o noájida, para vivir de acuerdo al patrón de mandamientos que nos corresponde: 613 para los judíos, 7 para los gentiles. Desplegando a cada instante conductas y actitudes de construcción de Shalom, bondad Y justicia.

    ¿Somos la información que aprendemos? ¿Somos lo que construimos con los años?  ¿Somos lo que Dios impuso que fuéramos?
    Todo esto, y más.
    Una cosa no contradice la otra.
    La cuestión es construir shalom, desde dentro hacia fuera.
    Desde la elaboración de una identidad integrada, saludable, a tono con nuestra espiritualidad.